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Ceuta no se rinde: de aquí no se va ningún ceutí

La resistencia de Ceuta no nació en julio ni depende de una crisis concreta. Es histórica. Forma parte de la identidad de una ciudad que, a lo largo de los siglos, ha tenido que defender su posición, su continuidad y su pertenencia a España frente a amenazas, presiones y episodios que han puesto a prueba la determinación de sus habitantes. Ceuta conoce demasiado bien lo que significa vivir en una frontera donde la tranquilidad nunca puede darse por garantizada y donde la firmeza no es una consigna, sino una necesidad aprendida con el paso de las generaciones.

 

Aquí están enterrados padres, abuelos y antepasados de miles de ceutíes. Aquí se levantaron sus casas, se ganaron la vida sus familias y se construyó una forma de entender la pertenencia que no se improvisa ni se abandona al primer contratiempo. Aquí están también las esperanzas de quienes quieren que sus hijos crezcan en una ciudad segura, española y con futuro. España es el norte de Ceuta, su horizonte y su referencia irrenunciable. No por una declaración circunstancial, sino por una historia compartida, por la voluntad de sus ciudadanos y por una convicción que ha sobrevivido a los cambios políticos y a las dificultades de cada época.

 

Por eso resulta tan difícil de aceptar que, cuando la ciudad necesita la respuesta más firme y eficaz del Estado, tenga que convivir durante meses con la incertidumbre, la lentitud administrativa y la sensación de que la gravedad de lo ocurrido no ha recibido una solución proporcional. Ceuta no puede permitirse un Gobierno que confunda la resistencia de sus ciudadanos con la capacidad ilimitada de soportar sus errores. Ni puede quedar a merced de una gestión que, a juicio de quienes reclaman responsabilidades, ha demostrado debilidad e insuficiencia ante una crisis que exigía anticipación, coordinación y determinación.

 

La incompetencia política, cuando sus consecuencias recaen sobre la seguridad y la vida cotidiana de una población, no es una cuestión abstracta. Se mide en los problemas que siguen sin resolverse, en la incertidumbre que se prolonga y en la confianza que se deteriora. Un Gobierno puede equivocarse; lo que no puede hacer es eludir indefinidamente las explicaciones, convertir la excepcionalidad en rutina y esperar que el tiempo termine resolviendo aquello que la acción política no ha sabido solucionar.

 

Quienes crean que el cansancio acabará debilitando la voluntad de los ceutíes desconocen la historia de esta ciudad. La resistencia de Ceuta no significa que sus habitantes deban resignarse, sino precisamente lo contrario: que no aceptan que otros decidan por agotamiento el futuro de su tierra. La ciudad ha demostrado que sabe mantenerse en pie incluso cuando las circunstancias son adversas. Lo que reclama ahora es que el Estado esté a la altura de esa determinación.

 

Ceuta no va a caer porque un Gobierno sea débil, porque su respuesta resulte insuficiente o porque alguien subestime la voluntad de sus ciudadanos. Los gobiernos son transitorios; la ciudad, su historia y el arraigo de sus habitantes permanecen. Y si el Ejecutivo no está a la altura de sus obligaciones, deberá responder políticamente por ello. Lo que no está en cuestión es la permanencia de Ceuta en España ni el derecho de los ceutíes a seguir viviendo en su tierra con seguridad, dignidad y esperanza.

 

De aquí no se va ningún ceutí. Esta ciudad no es una pieza que pueda desplazarse en un tablero político ni una población a la que se pueda empujar al abandono mediante la inacción. Es una parte irrenunciable de España, con generaciones enterradas en su suelo y otras tantas dispuestas a construir aquí su futuro. Se resolverá la crisis, se restablecerá la normalidad y quienes deban abandonar Ceuta lo harán conforme a la ley. Pero los ceutíes seguirán aquí. Porque su resistencia es histórica y su voluntad de permanecer no depende de quién ocupe hoy el Gobierno de la Nación y si este no sabe o no quiere hacerlo, que se cambie, o que se se vayan por incompetente y por traicionar a los españoles de Ceuta.

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