Crisis en Ceuta
Chandiramani reclama «la verdad» sobre la crisis de Ceuta y advierte: «No podemos vaciar una piscina a cacitos»
La vicepresidenta segunda de la Ciudad denuncia que Ceuta sigue «colapsada», reclama reforzar físicamente la frontera y más presencia de Guardia Civil, Policía y militares
La crisis de Ceuta llegó este viernes al Foro La Toja con toda su dimensión política, fronteriza y geopolítica. Y lo hizo de la mano de la vicepresidenta segunda de la Ciudad, Kissy Chandiramani, que protagonizó una de las intervenciones más contundentes de la mesa dedicada a analizar la crisis de Ceuta y el futuro de las relaciones hispano-marroquíes.
Chandiramani aprovechó su intervención para reclamar públicamente «la verdad» sobre lo ocurrido durante la entrada masiva de finales de julio y advertir de que la ciudad continúa en una situación límite. «La ciudad está colapsada. Los servicios públicos no dan abasto y seguimos necesitando ayuda», afirmó ante los asistentes al Foro.
La vicepresidenta recordó que Ceuta llevaba días advirtiendo de que podía producirse una situación extraordinaria en la frontera. Según explicó, entre el 27 y el 29 de julio se realizaron llamadas en varias ocasiones al presidente del Gobierno y también se trasladó la preocupación a responsables del Ministerio de Migraciones y del Ministerio de Infancia.
Uno de los aspectos que más enfatizó Chandiramani fue la falta de información sobre el número de personas que todavía permanecen en la ciudad. «No conocemos cuántas personas inmigrantes quedan en la ciudad. A mí, como española y ceutí, me sorprende que en una ciudad de 19 kilómetros cuadrados no se sepa esto aún», señaló.
La dirigente ceutí cuestionó además que, transcurridas semanas desde la crisis, no se haya culminado ningún expediente de retorno ordinario y que las expulsiones efectuadas hasta ahora hayan estado vinculadas a procedimientos judiciales por la comisión de delitos. Frente a esta situación, defendió que el proceso de retorno debe abordarse de manera eficaz y no mediante una sucesión interminable de expedientes individuales.
Fue entonces cuando lanzó una de las frases más contundentes de su intervención: «No podemos vaciar una piscina a cacitos». Con esa expresión criticó que la respuesta a la crisis se limite a aplicar la Ley de Extranjería caso por caso y reclamó un plan global que permita resolver la situación generada en la ciudad.
Chandiramani reclamó igualmente reforzar físicamente la frontera y aumentar la presencia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y de las Fuerzas Armadas. «Todavía no se ha puesto ni un ladrillo para blindar la frontera. No hemos visto ni una grúa ni una obra ni nada», afirmó, reclamando más efectivos de Guardia Civil, Policía y militares.
La vicepresidenta rechazó, al mismo tiempo, que la preocupación de los ceutíes pueda interpretarse como una mezcla entre inmigración e inseguridad. Defendió que los ciudadanos de Ceuta también tienen derecho a recuperar sus espacios y su normalidad. «Queremos recuperar nuestros espacios. No podemos salir a partir de las seis de la tarde y nos tiene el alma en vilo», manifestó.
«Un ataque híbrido y una invasión»
Chandiramani fue todavía más lejos al definir lo ocurrido como «un ataque híbrido y una invasión» y reclamar que la respuesta del Estado tenga en cuenta la dimensión estratégica de la ciudad. «Necesitamos los ceutíes, con el corazón en la mano, que se nos diga la verdad, qué pasó, porque no puede volver a suceder», sostuvo.
También valoró positivamente que la cuestión haya adquirido una dimensión europea y recordó las palabras de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sobre la defensa del territorio europeo. Según explicó, ese posicionamiento le permitió recuperar parte de la sensación de seguridad que, a su juicio, se había perdido durante la crisis.
Su conclusión elevó todavía más el alcance de su mensaje: «En Ceuta se juega mucho más que un territorio de 19 kilómetros cuadrados». Y cerró advirtiendo de que lo ocurrido no puede contemplarse como un episodio aislado: «Empieza por Ceuta, pero no sabemos dónde va a llegar».
Una crisis que trasciende la inmigración
El resto de participantes en la mesa coincidieron en situar la crisis en un plano que va mucho más allá de la gestión migratoria.
El exsecretario de Estado de Asuntos Exteriores Bernardino León calificó la situación de «particularmente grave y difícil» y sostuvo que no puede analizarse únicamente como una crisis migratoria. A su juicio, se trata también de una crisis «política», «de confianza», «social», «humanitaria», de «seguridad» y de carácter «geopolítico». León consideró, además, que «deberían cambiar muchas cosas» en la relación entre España y Marruecos, que definió como una relación «muy dañada».
Por su parte, el exsecretario de Estado Ildefonso Castro centró su intervención en la actuación preventiva del Gobierno. Según sostuvo, «había información y se negó a tomar medidas preventivas», y defendió que una entrada masiva y violenta de decenas de miles de personas a través de una frontera debe ser considerada un problema de seguridad nacional, y no exclusivamente migratorio.
El periodista especializado en el Magreb Ignacio Cembrero incorporó al debate la dimensión marroquí y afirmó que existió una «participación activa» de Marruecos en esta crisis migratoria, introduciendo así en la mesa el papel del país vecino en el desarrollo de los acontecimientos.
La mesa, moderada por Belén Becerril, directora de Política Exterior, terminó situando la crisis de Ceuta en un terreno mucho más amplio que el de la inmigración: seguridad fronteriza, relaciones con Marruecos, respuesta europea, prevención y capacidad del Estado para proteger una frontera exterior de la Unión Europea.
Pero fue la intervención de Chandiramani la que dejó el mensaje más directo desde Ceuta: la ciudad reclama saber qué ocurrió, exige una respuesta estructural y reclama que la frontera deje de ser tratada como un problema exclusivamente migratorio.

La crisis de Ceuta llegó este viernes al Foro La Toja con toda su dimensión política, fronteriza y geopolítica. Y lo hizo de la mano de la vicepresidenta segunda de la Ciudad, Kissy Chandiramani, que protagonizó una de las intervenciones más contundentes de la mesa dedicada a analizar la crisis de Ceuta y el futuro de las relaciones hispano-marroquíes.
Chandiramani aprovechó su intervención para reclamar públicamente «la verdad» sobre lo ocurrido durante la entrada masiva de finales de julio y advertir de que la ciudad continúa en una situación límite. «La ciudad está colapsada. Los servicios públicos no dan abasto y seguimos necesitando ayuda», afirmó ante los asistentes al Foro.
La vicepresidenta recordó que Ceuta llevaba días advirtiendo de que podía producirse una situación extraordinaria en la frontera. Según explicó, entre el 27 y el 29 de julio se realizaron llamadas en varias ocasiones al presidente del Gobierno y también se trasladó la preocupación a responsables del Ministerio de Migraciones y del Ministerio de Infancia.
Uno de los aspectos que más enfatizó Chandiramani fue la falta de información sobre el número de personas que todavía permanecen en la ciudad. «No conocemos cuántas personas inmigrantes quedan en la ciudad. A mí, como española y ceutí, me sorprende que en una ciudad de 19 kilómetros cuadrados no se sepa esto aún», señaló.
La dirigente ceutí cuestionó además que, transcurridas semanas desde la crisis, no se haya culminado ningún expediente de retorno ordinario y que las expulsiones efectuadas hasta ahora hayan estado vinculadas a procedimientos judiciales por la comisión de delitos. Frente a esta situación, defendió que el proceso de retorno debe abordarse de manera eficaz y no mediante una sucesión interminable de expedientes individuales.
Fue entonces cuando lanzó una de las frases más contundentes de su intervención: «No podemos vaciar una piscina a cacitos». Con esa expresión criticó que la respuesta a la crisis se limite a aplicar la Ley de Extranjería caso por caso y reclamó un plan global que permita resolver la situación generada en la ciudad.
Chandiramani reclamó igualmente reforzar físicamente la frontera y aumentar la presencia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y de las Fuerzas Armadas. «Todavía no se ha puesto ni un ladrillo para blindar la frontera. No hemos visto ni una grúa ni una obra ni nada», afirmó, reclamando más efectivos de Guardia Civil, Policía y militares.
La vicepresidenta rechazó, al mismo tiempo, que la preocupación de los ceutíes pueda interpretarse como una mezcla entre inmigración e inseguridad. Defendió que los ciudadanos de Ceuta también tienen derecho a recuperar sus espacios y su normalidad. «Queremos recuperar nuestros espacios. No podemos salir a partir de las seis de la tarde y nos tiene el alma en vilo», manifestó.
«Un ataque híbrido y una invasión»
Chandiramani fue todavía más lejos al definir lo ocurrido como «un ataque híbrido y una invasión» y reclamar que la respuesta del Estado tenga en cuenta la dimensión estratégica de la ciudad. «Necesitamos los ceutíes, con el corazón en la mano, que se nos diga la verdad, qué pasó, porque no puede volver a suceder», sostuvo.
También valoró positivamente que la cuestión haya adquirido una dimensión europea y recordó las palabras de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sobre la defensa del territorio europeo. Según explicó, ese posicionamiento le permitió recuperar parte de la sensación de seguridad que, a su juicio, se había perdido durante la crisis.
Su conclusión elevó todavía más el alcance de su mensaje: «En Ceuta se juega mucho más que un territorio de 19 kilómetros cuadrados». Y cerró advirtiendo de que lo ocurrido no puede contemplarse como un episodio aislado: «Empieza por Ceuta, pero no sabemos dónde va a llegar».
Una crisis que trasciende la inmigración
El resto de participantes en la mesa coincidieron en situar la crisis en un plano que va mucho más allá de la gestión migratoria.
El exsecretario de Estado de Asuntos Exteriores Bernardino León calificó la situación de «particularmente grave y difícil» y sostuvo que no puede analizarse únicamente como una crisis migratoria. A su juicio, se trata también de una crisis «política», «de confianza», «social», «humanitaria», de «seguridad» y de carácter «geopolítico». León consideró, además, que «deberían cambiar muchas cosas» en la relación entre España y Marruecos, que definió como una relación «muy dañada».
Por su parte, el exsecretario de Estado Ildefonso Castro centró su intervención en la actuación preventiva del Gobierno. Según sostuvo, «había información y se negó a tomar medidas preventivas», y defendió que una entrada masiva y violenta de decenas de miles de personas a través de una frontera debe ser considerada un problema de seguridad nacional, y no exclusivamente migratorio.
El periodista especializado en el Magreb Ignacio Cembrero incorporó al debate la dimensión marroquí y afirmó que existió una «participación activa» de Marruecos en esta crisis migratoria, introduciendo así en la mesa el papel del país vecino en el desarrollo de los acontecimientos.
La mesa, moderada por Belén Becerril, directora de Política Exterior, terminó situando la crisis de Ceuta en un terreno mucho más amplio que el de la inmigración: seguridad fronteriza, relaciones con Marruecos, respuesta europea, prevención y capacidad del Estado para proteger una frontera exterior de la Unión Europea.
Pero fue la intervención de Chandiramani la que dejó el mensaje más directo desde Ceuta: la ciudad reclama saber qué ocurrió, exige una respuesta estructural y reclama que la frontera deje de ser tratada como un problema exclusivamente migratorio.






















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