José Antonio Carbonell Buzzian
La frontera llevaba doce años avisando. Vivas llevaba 25 sin escuchar
Vivas gobierna Ceuta desde febrero de 2001. Un cuarto de siglo. En todo ese tiempo, la frontera con Marruecos ha dado motivos de sobra para tomársela en serio: 800 personas asaltaron la valla en enero de 2017, entre 6.000 y 8.000 entraron a nado o por la valla en mayo de 2021, y este verano de 2026 se ha vivido la mayor entrada masiva de la historia reciente. El problema no apareció el 30 de julio. Llevaba ahí toda una vida política.
El caso más claro es el espigón del Tarajal, uno de los puntos más vulnerables del perímetro. Está documentado que desde 2014, tras una tragedia en ese mismo punto, se sucedieron propuestas para ampliarlo. Una infraestructura pensada para adentrarse 30 metros en el mar quedó reducida a apenas unos pocos, hasta el punto de poder bordearla a pie con la marea baja. Doce años de estudios, reclamaciones y proyectos, y la ampliación sigue sin ejecutarse.
¿Y qué hizo Vivas con esos avisos? Sus viajes documentados a Bruselas a pedir refuerzo de la frontera y ayuda europea, los del 6 de agosto, el 27 de agosto y el 8 de septiembre de este año, se produjeron todos después de la entrada masiva del 30 y 31 de julio. No hay constancia de que antes de esa fecha Vivas hubiera llevado a las instituciones europeas una advertencia formal y sostenida sobre la vulnerabilidad de la frontera, pese a que él mismo reconoció el 11 de agosto que aquella jornada "quedó de manifiesto que la frontera era vulnerable", como si no lo supiera ya. La necesidad de reforzar el perímetro, dijo entonces, se abordaría "a medio plazo". Después de 25 años en el cargo.
Esto es lo que toca preguntarse, y aquí ya no hablo de un hecho puntual sino de una gestión completa. ¿Cómo puede ser vulnerabilidad sobrevenida algo que llevaba doce años identificado por escrito? ¿Por qué la respuesta institucional llega siempre después del susto y nunca antes? Y sobre todo: ¿por qué a los ceutíes, cada vez que estalla una crisis, se les olvida preguntarle a su presidente qué hizo con el aviso anterior?
No hace falta gritar en una manifestación para exigir responsabilidad. Basta con recordar. Y la memoria, en esta ciudad, parece durar menos que una legislatura.
Vivas gobierna Ceuta desde febrero de 2001. Un cuarto de siglo. En todo ese tiempo, la frontera con Marruecos ha dado motivos de sobra para tomársela en serio: 800 personas asaltaron la valla en enero de 2017, entre 6.000 y 8.000 entraron a nado o por la valla en mayo de 2021, y este verano de 2026 se ha vivido la mayor entrada masiva de la historia reciente. El problema no apareció el 30 de julio. Llevaba ahí toda una vida política.
El caso más claro es el espigón del Tarajal, uno de los puntos más vulnerables del perímetro. Está documentado que desde 2014, tras una tragedia en ese mismo punto, se sucedieron propuestas para ampliarlo. Una infraestructura pensada para adentrarse 30 metros en el mar quedó reducida a apenas unos pocos, hasta el punto de poder bordearla a pie con la marea baja. Doce años de estudios, reclamaciones y proyectos, y la ampliación sigue sin ejecutarse.
¿Y qué hizo Vivas con esos avisos? Sus viajes documentados a Bruselas a pedir refuerzo de la frontera y ayuda europea, los del 6 de agosto, el 27 de agosto y el 8 de septiembre de este año, se produjeron todos después de la entrada masiva del 30 y 31 de julio. No hay constancia de que antes de esa fecha Vivas hubiera llevado a las instituciones europeas una advertencia formal y sostenida sobre la vulnerabilidad de la frontera, pese a que él mismo reconoció el 11 de agosto que aquella jornada "quedó de manifiesto que la frontera era vulnerable", como si no lo supiera ya. La necesidad de reforzar el perímetro, dijo entonces, se abordaría "a medio plazo". Después de 25 años en el cargo.
Esto es lo que toca preguntarse, y aquí ya no hablo de un hecho puntual sino de una gestión completa. ¿Cómo puede ser vulnerabilidad sobrevenida algo que llevaba doce años identificado por escrito? ¿Por qué la respuesta institucional llega siempre después del susto y nunca antes? Y sobre todo: ¿por qué a los ceutíes, cada vez que estalla una crisis, se les olvida preguntarle a su presidente qué hizo con el aviso anterior?
No hace falta gritar en una manifestación para exigir responsabilidad. Basta con recordar. Y la memoria, en esta ciudad, parece durar menos que una legislatura.
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