Crisis en Ceuta
Las narcolanchas abren una nueva ruta de negocio: inmigrantes de Ceuta a la Península
Las conexiones entre Marruecos, Ceuta y el Campo de Gibraltar permiten una operativa rápida mediante embarcaciones de alta velocidad que operan con manga ancha desde que Marlaska eliiminó el OCON Sur
El narcotráfico ha encontrado un nuevo nicho de mercado en el Estrecho: el traslado clandestino de inmigrantes desde Ceuta hasta las costas del sur de la Península. Las mismas estructuras que durante décadas han tejido una compleja red logística para el transporte de hachís parecen haber encontrado en la crisis migratoria una nueva oportunidad para ampliar su actividad y rentabilizar sus medios.
La escena grabada este jueves en la bahía norte de Ceuta resume gráficamente una realidad que ridiculiza, una vez más a España, cuyo Gobierno deja capada las capacidades policiales. Un vídeo publicado por Ceuta Ahora y rápidamente difundido en redes sociales muestra cómo dos embarcaciones de alta velocidad, conocidas popularmente como Phantom, se aproximan a las calas ceutíes. En apenas unos instantes, más de una veintena de inmigrantes suben a bordo antes de que las lanchas emprendan la marcha a gran velocidad rumbo a la Península, aprovechando además la intensa bruma de Levante. Con estas imágenes, Jupol comentó: "Somos un meme".
No se trata, según distintas fuentes conocedoras de los movimientos que se producen en el Estrecho, de un fenómeno aislado. Estas operaciones se habrían venido produciendo prácticamente desde los primeros días de la llegada masiva de inmigrantes a Ceuta, convirtiendo la excepcional presión migratoria sufrida por la ciudad desde finales de julio en una oportunidad de negocio para organizaciones con capacidad marítima, contactos internacionales y experiencia contrastada en eludir los controles policiales.
Un triángulo criminal entre Marruecos, Ceuta y el Campo de Gibraltar
Detrás de esta nueva modalidad aparece un entramado que reproduce la estructura tradicional del narcotráfico en el Estrecho, confirman fuentes policiales: un eje situado en Marruecos, conexiones operativas en Ceuta y una extensa red de apoyos y logística en el Campo de Gibraltar y otros puntos del litoral andaluz.
Las embarcaciones rápidas, tradicionalmente utilizadas para el transporte de droga, cuentan con una capacidad de desplazamiento y una velocidad que las convierte también en un medio idóneo para realizar trayectos clandestinos de personas en apenas unos minutos. El negocio cambia de mercancía, pero mantiene buena parte de la infraestructura: contactos, embarcaciones, puntos de salida, vigilancias, comunicaciones y rutas de llegada.
La diferencia es que ahora las organizaciones criminales parecen haber detectado un mercado añadido en la desesperación de quienes buscan abandonar Ceuta y alcanzar clandestinamente la Península o favorecer movimientos planificados de otras organizaciones con un alto mayor peligro para la seguridad nacional y eurpoea.
La desaparición del OCON-Sur
El crecimiento y la evolución de estas estructuras vuelve está íntimamente ligada a la desaparición del OCON-Sur, la unidad especializada de la Guardia Civil creada para combatir las organizaciones del narcotráfico en el Campo de Gibraltar y cuya supresión fue decidida por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.
La eliminación de aquella estructura especializada fue duramente cuestionada por asociaciones profesionales y sectores vinculados a la lucha contra el narcotráfico, que consideraban que suponía perder una herramienta específicamente diseñada para combatir organizaciones complejas y transnacionales.
Desde entonces, el narcotráfico ha continuado adaptándose a las nuevas circunstancias, ampliando sus capacidades y diversificando sus métodos. La irrupción del tráfico de inmigrantes mediante embarcaciones de alta velocidad supone ahora un nuevo desafío para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad a las que desde su propio Ministerio ha capado..
Porque las organizaciones criminales del Estrecho no entienden de compartimentos estancos. Allí donde existe una infraestructura capaz de mover droga, existen también medios para transportar personas, mercancías o cualquier actividad que genere beneficios. La experiencia logística acumulada durante años se convierte así en un activo reutilizable para nuevos negocios ilegales. Pero nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se encuentran limitados por los límites que les impone en sus capacidades el Ministerio del Gobierno de Pedro Sánchez.
Ceuta, atrapada en el centro de la ruta
Ceuta vuelve a aparecer como uno de los vértices de una geografía criminal especialmente compleja. Su proximidad con Marruecos y la corta distancia marítima que la separa de la Península convierten sus costas en un punto estratégico para quienes buscan explotar cualquier vía de negocio clandestino.
La reciente crisis migratoria ha multiplicado esa vulnerabilidad. Miles de personas concentradas en un territorio reducido, la saturación de los recursos de acogida y la necesidad de muchos inmigrantes de continuar su camino hacia Europa constituyen un escenario susceptible de ser aprovechado por organizaciones criminales.
El riesgo ya no se limita, por tanto, a la llegada masiva de personas desde Marruecos. A esa presión se suma ahora la posibilidad de que las redes dedicadas históricamente al narcotráfico hayan incorporado el transporte clandestino de inmigrantes a sus operaciones.
Un negocio que se mueve a toda velocidad, entre la niebla y las calas del Estrecho, utilizando embarcaciones concebidas para burlar la vigilancia marítima y estructuras criminales que conocen perfectamente el terreno.
La cuestión que vuelve a plantearse es si la respuesta del Estado dispone hoy de los medios especializados necesarios para enfrentarse a organizaciones que evolucionan con rapidez y que han demostrado una extraordinaria capacidad para convertir cada nueva crisis en una oportunidad de negocio pero que afecta a la seguridad de los españoles.

El narcotráfico ha encontrado un nuevo nicho de mercado en el Estrecho: el traslado clandestino de inmigrantes desde Ceuta hasta las costas del sur de la Península. Las mismas estructuras que durante décadas han tejido una compleja red logística para el transporte de hachís parecen haber encontrado en la crisis migratoria una nueva oportunidad para ampliar su actividad y rentabilizar sus medios.
La escena grabada este jueves en la bahía norte de Ceuta resume gráficamente una realidad que ridiculiza, una vez más a España, cuyo Gobierno deja capada las capacidades policiales. Un vídeo publicado por Ceuta Ahora y rápidamente difundido en redes sociales muestra cómo dos embarcaciones de alta velocidad, conocidas popularmente como Phantom, se aproximan a las calas ceutíes. En apenas unos instantes, más de una veintena de inmigrantes suben a bordo antes de que las lanchas emprendan la marcha a gran velocidad rumbo a la Península, aprovechando además la intensa bruma de Levante. Con estas imágenes, Jupol comentó: "Somos un meme".
No se trata, según distintas fuentes conocedoras de los movimientos que se producen en el Estrecho, de un fenómeno aislado. Estas operaciones se habrían venido produciendo prácticamente desde los primeros días de la llegada masiva de inmigrantes a Ceuta, convirtiendo la excepcional presión migratoria sufrida por la ciudad desde finales de julio en una oportunidad de negocio para organizaciones con capacidad marítima, contactos internacionales y experiencia contrastada en eludir los controles policiales.
Un triángulo criminal entre Marruecos, Ceuta y el Campo de Gibraltar
Detrás de esta nueva modalidad aparece un entramado que reproduce la estructura tradicional del narcotráfico en el Estrecho, confirman fuentes policiales: un eje situado en Marruecos, conexiones operativas en Ceuta y una extensa red de apoyos y logística en el Campo de Gibraltar y otros puntos del litoral andaluz.
Las embarcaciones rápidas, tradicionalmente utilizadas para el transporte de droga, cuentan con una capacidad de desplazamiento y una velocidad que las convierte también en un medio idóneo para realizar trayectos clandestinos de personas en apenas unos minutos. El negocio cambia de mercancía, pero mantiene buena parte de la infraestructura: contactos, embarcaciones, puntos de salida, vigilancias, comunicaciones y rutas de llegada.
La diferencia es que ahora las organizaciones criminales parecen haber detectado un mercado añadido en la desesperación de quienes buscan abandonar Ceuta y alcanzar clandestinamente la Península o favorecer movimientos planificados de otras organizaciones con un alto mayor peligro para la seguridad nacional y eurpoea.
La desaparición del OCON-Sur
El crecimiento y la evolución de estas estructuras vuelve está íntimamente ligada a la desaparición del OCON-Sur, la unidad especializada de la Guardia Civil creada para combatir las organizaciones del narcotráfico en el Campo de Gibraltar y cuya supresión fue decidida por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.
La eliminación de aquella estructura especializada fue duramente cuestionada por asociaciones profesionales y sectores vinculados a la lucha contra el narcotráfico, que consideraban que suponía perder una herramienta específicamente diseñada para combatir organizaciones complejas y transnacionales.
Desde entonces, el narcotráfico ha continuado adaptándose a las nuevas circunstancias, ampliando sus capacidades y diversificando sus métodos. La irrupción del tráfico de inmigrantes mediante embarcaciones de alta velocidad supone ahora un nuevo desafío para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad a las que desde su propio Ministerio ha capado..
Porque las organizaciones criminales del Estrecho no entienden de compartimentos estancos. Allí donde existe una infraestructura capaz de mover droga, existen también medios para transportar personas, mercancías o cualquier actividad que genere beneficios. La experiencia logística acumulada durante años se convierte así en un activo reutilizable para nuevos negocios ilegales. Pero nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se encuentran limitados por los límites que les impone en sus capacidades el Ministerio del Gobierno de Pedro Sánchez.
Ceuta, atrapada en el centro de la ruta
Ceuta vuelve a aparecer como uno de los vértices de una geografía criminal especialmente compleja. Su proximidad con Marruecos y la corta distancia marítima que la separa de la Península convierten sus costas en un punto estratégico para quienes buscan explotar cualquier vía de negocio clandestino.
La reciente crisis migratoria ha multiplicado esa vulnerabilidad. Miles de personas concentradas en un territorio reducido, la saturación de los recursos de acogida y la necesidad de muchos inmigrantes de continuar su camino hacia Europa constituyen un escenario susceptible de ser aprovechado por organizaciones criminales.
El riesgo ya no se limita, por tanto, a la llegada masiva de personas desde Marruecos. A esa presión se suma ahora la posibilidad de que las redes dedicadas históricamente al narcotráfico hayan incorporado el transporte clandestino de inmigrantes a sus operaciones.
Un negocio que se mueve a toda velocidad, entre la niebla y las calas del Estrecho, utilizando embarcaciones concebidas para burlar la vigilancia marítima y estructuras criminales que conocen perfectamente el terreno.
La cuestión que vuelve a plantearse es si la respuesta del Estado dispone hoy de los medios especializados necesarios para enfrentarse a organizaciones que evolucionan con rapidez y que han demostrado una extraordinaria capacidad para convertir cada nueva crisis en una oportunidad de negocio pero que afecta a la seguridad de los españoles.




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