Antonio Palomar García
55 firmas por España
Anda VOX en estos días, buscando 55 firmas de diputados, que no es asunto menor, para pedir al Tribunal Supremo que se pronuncie acerca de la posible traición a la que el gobierno, empezando por Sánchez, pudieran sometiendo a España, lo que es, desde luego, cosa que superaría lo trascendente.
Mas, no parecen resultarle suficientes al PP los acontecimientos que se vienen sucediendo en Ceuta desde el 30 de julio, para consentir, esta vez sí, que sus diputados cedan sus rúbricas en una demanda que, de prosperar en favor de los demandantes, acabaría con los huesos de más de un traidor osteoporizandose por alguna celda de las del territorio nacional.
Sin embargo, el PP socio del PSOE en Europa y en Ceuta, no está por la labor, según me cuentan, sino de seguir en su papel de simple postureo. Lo hizo en otras ocasiones, y ahora vuelve por sus fueros. No pueden renunciar a tantísimo poder como manejan por Bruselas entre Von der Leyen y Ribera, y aquí en Ceuta, donde Vivas concedió puestos a los socialistas en la mesa del ayuntamiento y distintas responsabilidades en la Autoridad Portuaria, a cambio de poder seguir aprobando presupuestos, ordenanzas, y todo lo relacionado con la gobernanza ceutí. Y por la labor de que el PP pueda seguir presumiendo de otra ciudad bajo su -endeble- mando.
55 firmas vuelven a ser el termómetro de la dignidad, más que de un partido, de la propia España, y el PP no consiente. El Estado se tambalea y los de Génova dudan, cuando no reniegan, de poner algo -muy importante- de su parte para recuperar el rumbo de una Nación a la que le ha vuelto la espalda y se ha puesto en su contra su propio gobierno, porque el PP, como advertía, prefiere seguir siendo socio de presuntos felones en las instituciones que le hacen sentir poderoso, por más que sus decisiones, en Europa, continúen machacando entre otros el sector primario nacional, y manoseando sucia y vilmente la libertades de todos los europeos.
Las rúbricas populares, su necesidad, urge, como urgen tantos asuntos en este país de atención inmediata. Pero siguen sin aparecer. El PP no responde y, entre tanto, España se predispone a recibir el próximo golpe que no sabemos cuál será, por dónde llegará, quién lo soportará en su bolsillo o peor, en sus carnes o con sus vidas -experiencia nos sobra-.
Sin embargo, el PP no aparece, quiere que el ruido de las calles lo arregle todo, como si al PSOE que dio orden de sabotearlo todo, le importaran las masas exigiendo el retorno, al menos, a la normalidad.
Ceuta, de momento, sigue en pie y España, la España de la gente, con ella. Desde aquí y entre todos esos españoles, con multitud de ellos, si es que sirve de algo, pediría a la presidente de la FEMP, mi vecina, la alcaldesa jerezana Mª José García Pelayo, que llamó el próximo día 2 -Día de la Ciudadela Ceuta- a todos a los ayuntamientos y plazas de los pueblos para gritar por Ceuta, que es lo mismo que hacerlo por España, que exija al Partido Popular, a su presidente Feijóo, que se avenga a los múltiples motivos que Vox arguye, para que atienda una solicitud que puede reencaminar debidamente el devenir de los españoles y, por ende, el presente y el futuro de España.
Anda VOX en estos días, buscando 55 firmas de diputados, que no es asunto menor, para pedir al Tribunal Supremo que se pronuncie acerca de la posible traición a la que el gobierno, empezando por Sánchez, pudieran sometiendo a España, lo que es, desde luego, cosa que superaría lo trascendente.
Mas, no parecen resultarle suficientes al PP los acontecimientos que se vienen sucediendo en Ceuta desde el 30 de julio, para consentir, esta vez sí, que sus diputados cedan sus rúbricas en una demanda que, de prosperar en favor de los demandantes, acabaría con los huesos de más de un traidor osteoporizandose por alguna celda de las del territorio nacional.
Sin embargo, el PP socio del PSOE en Europa y en Ceuta, no está por la labor, según me cuentan, sino de seguir en su papel de simple postureo. Lo hizo en otras ocasiones, y ahora vuelve por sus fueros. No pueden renunciar a tantísimo poder como manejan por Bruselas entre Von der Leyen y Ribera, y aquí en Ceuta, donde Vivas concedió puestos a los socialistas en la mesa del ayuntamiento y distintas responsabilidades en la Autoridad Portuaria, a cambio de poder seguir aprobando presupuestos, ordenanzas, y todo lo relacionado con la gobernanza ceutí. Y por la labor de que el PP pueda seguir presumiendo de otra ciudad bajo su -endeble- mando.
55 firmas vuelven a ser el termómetro de la dignidad, más que de un partido, de la propia España, y el PP no consiente. El Estado se tambalea y los de Génova dudan, cuando no reniegan, de poner algo -muy importante- de su parte para recuperar el rumbo de una Nación a la que le ha vuelto la espalda y se ha puesto en su contra su propio gobierno, porque el PP, como advertía, prefiere seguir siendo socio de presuntos felones en las instituciones que le hacen sentir poderoso, por más que sus decisiones, en Europa, continúen machacando entre otros el sector primario nacional, y manoseando sucia y vilmente la libertades de todos los europeos.
Las rúbricas populares, su necesidad, urge, como urgen tantos asuntos en este país de atención inmediata. Pero siguen sin aparecer. El PP no responde y, entre tanto, España se predispone a recibir el próximo golpe que no sabemos cuál será, por dónde llegará, quién lo soportará en su bolsillo o peor, en sus carnes o con sus vidas -experiencia nos sobra-.
Sin embargo, el PP no aparece, quiere que el ruido de las calles lo arregle todo, como si al PSOE que dio orden de sabotearlo todo, le importaran las masas exigiendo el retorno, al menos, a la normalidad.
Ceuta, de momento, sigue en pie y España, la España de la gente, con ella. Desde aquí y entre todos esos españoles, con multitud de ellos, si es que sirve de algo, pediría a la presidente de la FEMP, mi vecina, la alcaldesa jerezana Mª José García Pelayo, que llamó el próximo día 2 -Día de la Ciudadela Ceuta- a todos a los ayuntamientos y plazas de los pueblos para gritar por Ceuta, que es lo mismo que hacerlo por España, que exija al Partido Popular, a su presidente Feijóo, que se avenga a los múltiples motivos que Vox arguye, para que atienda una solicitud que puede reencaminar debidamente el devenir de los españoles y, por ende, el presente y el futuro de España.
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