Juan Manuel Jiménez Muñoz
Un chiste muy chistoso
Treinta inmigrantes magrebíes armados con palos, cuchillos y piedras, han emboscado a cuatro soldados españoles en la ciudad de Ceuta. Nuestros soldados, heridos y con el vehículo militar destrozado, perseguidos por los atacantes, han tenido que huir a pie y llamar al teléfono 112 de Emergencias para que la Policía Nacional los socorriera.
A ver. Ya están pensando mis lectores que éste es mi primer chiste del día: conocen sobradamente el calibre de las bromas que gasto en Facebook. Pero lo voy a repetir.
Cuatro militares españoles salen huyendo de una emboscada perpetrada en Ceuta por treinta invasores. Al ratito, nuestros soldados llaman por teléfono al 112 para que la Policía Nacional acuda a socorrerlos.
P´habernos matao, lector. P´habernos matao. Yo es que me meo. Lo repetiré, que es muy gracioso.
Cuatro militares desarmados y sin órdenes expresas de defenderse son enviados al mayor polvorín de España. Una vez allí, mientras patrullan por Ceuta en uniforme, treinta invasores los emboscan, los agreden, les destrozan el vehículo militar y los persiguen a pie por las calles de la ciudad. Finalmente, los militares españoles piden socorro a la Policía para no ser linchados.
Me meo. Yo es que me meo. Es el mejor chiste que me han contado sobre la España de Sánchez.
¿Y qué hay detrás de todo esto? En mi opinión, Sánchez es un sociópata amoral. Pero no nos ceguemos: Sánchez es muy, muy, muy inteligente. Y muy calculador. Y un genio del tacticismo. Y muy voluntarioso. Y nada deja al azar. Y nadie le importa. Y carece de escrúpulos. En mi opinión, sabía por el CNI que 80.000 personas iban a entrar en Ceuta: y lo vio como una oportunidad. Su aparente desidia sobre Ceuta tras haber anunciado el primer día que “se había producido un ataque a la integridad territorial de España” (curiosamente uno de los poquísimos supuestos recogidos en la Constitución por el que podría declararse el Estado de Excepción o el Estado de Sitio) tiene un propósito oscuro: hacer que los ceutíes se cuezan en sus propios jugos, agotar al personal, calentar a los ceutíes hasta provocar un estallido social con violencia grave en las calles de Ceuta o tal vez de España. Esto, si sucede, también sería una causa suficiente, según nuestra Constitución, para declarar el Estado de Excepción o de Sitio. Y a su vez, amigo lector, ¿se te ocurre lo que también, según la Ley, llevaría aparejada semejante declaración? Efectivamente: el aplazamiento de las elecciones generales.
Al posible aplazamiento electoral por un Estado de Excepción o de Sitio súmale la Ley de Nietos (con dos millones y medio de nuevos votantes en Hispanoamérica), y súmale el sospechoso voto con DNI electrónico, y súmale el sospechoso voto por correo, y súmale las 800.000 regularizaciones de extranjeros habidas en estos ocho años que ya pueden votar, y súmale los continuados ataques a la Monarquía. Todo se conjuga en un Golpe de Estado a cámara lenta. ¿Cómo lo sé? Fácil: aconsejo encarecidamente a mis lectores que cojan un libro de Historia, o que entren en Google, o que indaguen en la inteligencia artificial sobre el siguiente asunto: ¿qué ocurrió en Alemania entre principios de enero y principios de marzo de 1933? Fueron sólo 52 días, lector. 52 días milimétricamente diseñados por Su Malignidad basándose en la legalidad vigente de la República de Weimar. 52 días que cambiaron Alemania y el mundo entero. Y sin disparar ni un tiro. Y sin saltarse la Ley. Lean, lean. Averigüen cómo se pasa de una democracia a una dictadura en tan sólo 52 días usando sólo la Ley. La ley en vigor. La Ley de una República social y democrática. Busquen, busquen. Que yo ya me cansé de escribir sin cobrar ni un euro.
Firmado:
Diplomado en hijoputas por la Universidad de Galapagar, kilómetro cero del desastre, el lugar donde todo comenzó.
Treinta inmigrantes magrebíes armados con palos, cuchillos y piedras, han emboscado a cuatro soldados españoles en la ciudad de Ceuta. Nuestros soldados, heridos y con el vehículo militar destrozado, perseguidos por los atacantes, han tenido que huir a pie y llamar al teléfono 112 de Emergencias para que la Policía Nacional los socorriera.
A ver. Ya están pensando mis lectores que éste es mi primer chiste del día: conocen sobradamente el calibre de las bromas que gasto en Facebook. Pero lo voy a repetir.
Cuatro militares españoles salen huyendo de una emboscada perpetrada en Ceuta por treinta invasores. Al ratito, nuestros soldados llaman por teléfono al 112 para que la Policía Nacional acuda a socorrerlos.
P´habernos matao, lector. P´habernos matao. Yo es que me meo. Lo repetiré, que es muy gracioso.
Cuatro militares desarmados y sin órdenes expresas de defenderse son enviados al mayor polvorín de España. Una vez allí, mientras patrullan por Ceuta en uniforme, treinta invasores los emboscan, los agreden, les destrozan el vehículo militar y los persiguen a pie por las calles de la ciudad. Finalmente, los militares españoles piden socorro a la Policía para no ser linchados.
Me meo. Yo es que me meo. Es el mejor chiste que me han contado sobre la España de Sánchez.
¿Y qué hay detrás de todo esto? En mi opinión, Sánchez es un sociópata amoral. Pero no nos ceguemos: Sánchez es muy, muy, muy inteligente. Y muy calculador. Y un genio del tacticismo. Y muy voluntarioso. Y nada deja al azar. Y nadie le importa. Y carece de escrúpulos. En mi opinión, sabía por el CNI que 80.000 personas iban a entrar en Ceuta: y lo vio como una oportunidad. Su aparente desidia sobre Ceuta tras haber anunciado el primer día que “se había producido un ataque a la integridad territorial de España” (curiosamente uno de los poquísimos supuestos recogidos en la Constitución por el que podría declararse el Estado de Excepción o el Estado de Sitio) tiene un propósito oscuro: hacer que los ceutíes se cuezan en sus propios jugos, agotar al personal, calentar a los ceutíes hasta provocar un estallido social con violencia grave en las calles de Ceuta o tal vez de España. Esto, si sucede, también sería una causa suficiente, según nuestra Constitución, para declarar el Estado de Excepción o de Sitio. Y a su vez, amigo lector, ¿se te ocurre lo que también, según la Ley, llevaría aparejada semejante declaración? Efectivamente: el aplazamiento de las elecciones generales.
Al posible aplazamiento electoral por un Estado de Excepción o de Sitio súmale la Ley de Nietos (con dos millones y medio de nuevos votantes en Hispanoamérica), y súmale el sospechoso voto con DNI electrónico, y súmale el sospechoso voto por correo, y súmale las 800.000 regularizaciones de extranjeros habidas en estos ocho años que ya pueden votar, y súmale los continuados ataques a la Monarquía. Todo se conjuga en un Golpe de Estado a cámara lenta. ¿Cómo lo sé? Fácil: aconsejo encarecidamente a mis lectores que cojan un libro de Historia, o que entren en Google, o que indaguen en la inteligencia artificial sobre el siguiente asunto: ¿qué ocurrió en Alemania entre principios de enero y principios de marzo de 1933? Fueron sólo 52 días, lector. 52 días milimétricamente diseñados por Su Malignidad basándose en la legalidad vigente de la República de Weimar. 52 días que cambiaron Alemania y el mundo entero. Y sin disparar ni un tiro. Y sin saltarse la Ley. Lean, lean. Averigüen cómo se pasa de una democracia a una dictadura en tan sólo 52 días usando sólo la Ley. La ley en vigor. La Ley de una República social y democrática. Busquen, busquen. Que yo ya me cansé de escribir sin cobrar ni un euro.
Firmado:
Diplomado en hijoputas por la Universidad de Galapagar, kilómetro cero del desastre, el lugar donde todo comenzó.
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