Crisis Política
La fractura del PSOE de Ceuta: de la tregua interna al enfrentamiento abierto entre Triano y el grupo parlamentario
La salida de Juan Gutiérrez, la reconstrucción del partido tras la Gestora y el ascenso de Pérez Triano a la Secretaría General y a la Delegación del Gobierno explican una crisis interna que ha terminado aflorando con toda su crudeza tras la crisis por la invasión de finales de julio
La crisis que atraviesa el PSOE de Ceuta no es fruto de un desencuentro puntual ni comenzó con la llegada masiva de inmigrantes de finales de julio. Sus raíces se encuentran en el proceso de reconstrucción del partido iniciado tras la salida de Juan Gutiérrez y la posterior etapa de Gestora. Lo que entonces se presentó como una operación para recuperar la unidad interna ha terminado desembocando en una pugna abierta por el control político del socialismo ceutí.
El origen de la actual situación hay que situarlo en el proceso previo al Congreso Extraordinario en el que debía decidirse la nueva dirección del partido. Por un lado se encontraba Pablo Núñez y, por otro, el grupo que acabaría articulándose alrededor de Miguel Ángel Pérez Triano. Antes del Congreso se produjeron movimientos destinados a evitar una confrontación abierta y alcanzar un acuerdo que permitiera presentar hacia el exterior la imagen de un PSOE unido.
En aquellas conversaciones desempeñaron un papel relevante personas del entorno de Triano y se alcanzó lo que internamente fue definido como un «pacto de no agresión» con la entonces delegada del Gobierno, Cristina Pérez, y con el portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en la Asamblea, Sebastián Guerrero.
El objetivo era sencillo: cerrar las heridas de la etapa anterior y transmitir a la sociedad ceutí la imagen de un partido renovado, cohesionado y preparado para recuperar protagonismo político. La operación funcionó. La candidatura encabezada por Pérez Triano fue la única que llegó al Congreso y obtuvo el respaldo de la dirección federal del PSOE, entonces bajo el control de Pedro Sánchez y Santos Cerdán.
Pero aquella unidad empezaría a resentirse a los pocos meses siguientes.
Un secretario general con poco control sobre la Asamblea
La nueva Ejecutiva no supuso la desaparición completa de las estructuras y personas vinculadas a la etapa de Juan Gutiérrez. Algunos de aquellos dirigentes continuaron formando parte de los órganos del partido, mientras que el Grupo Parlamentario Socialista mantenía su propia dinámica y una composición en la que el nuevo secretario general no disponía de un control absoluto.
Ese fue uno de los principales problemas de Triano desde el comienzo. La Secretaría General le proporcionaba el liderazgo orgánico, pero el grupo parlamentario constituía un espacio de poder propio en la Asamblea.
La situación se hizo todavía más evidente después de la ruptura de varios diputados socialistas con el grupo y su paso al grupo de no adscritos, desde donde posteriormente apoyaron iniciativas del Gobierno de Juan Vivas. El PSOE perdió representación y capacidad parlamentaria, pero el núcleo que permaneció dentro del Grupo Socialista conservó una cuota de autonomía frente a la dirección del partido.
Triano necesitaba, por tanto, construir su propia estructura de influencia dentro de la política municipal.
Y, según las fuentes internas consultadas para esta reconstrucción, esa estrategia pasó por situar a personas de su confianza (familiares y leales) en distintos órganos y consejos de administración de las sociedades municipales, además de reforzar su presencia en la estructura política del grupo.
Uno de los episodios que más tensiones generó fue el nombramiento de una asesora política para el Grupo Socialista. La elección recayó en la hija de Clemente Cerdeira, vinculada a la representación consular honoraria de Italia en Ceuta. La decisión fue interpretada dentro del partido como una muestra más de la voluntad de Triano de construir una estructura propia de confianza.
Algo similar ocurrió, según las mismas fuentes, en los consejos de administración de las sociedades municipales, donde se produjeron sustituciones de representantes anteriores por personas próximas y familiares a la nueva dirección.
La llegada a la Delegación cambia el equilibrio
El siguiente movimiento modificó todavía más el equilibrio interno.
Tras la salida de Cristina Pérez de la Delegación del Gobierno, Pérez Triano fue designado delegado del Gobierno en Ceuta. De esta forma, el secretario general del PSOE pasaba a controlar simultáneamente la organización del partido y la principal representación institucional del Gobierno de España en la ciudad.
La acumulación de ambos cargos reforzó notablemente su posición.
Sebastián Guerrero habría intentado mantener determinadas personas de confianza dentro de la estructura socialista municipal, entre ellas a la ex delegada Cristina Pérez, a la que pretendía incorporar como asesora del grupo parlamentario. Sin embargo, aquella propuesta no salió adelante y finalmente el puesto fue ocupado por la persona designada desde el entorno de Triano, la hija de Cerdeira, que como añadido apenas aparecía para desempeñar su labor por la que era remunerada, según se indica desde las fuentes internas socialistas.
A partir de ahí, la relación entre la dirección del partido y el portavoz parlamentario comenzó a deteriorarse de manera progresiva.
Guerrero y su entorno comenzaron a percibir que el grupo parlamentario estaba perdiendo espacio frente a una estructura orgánica cada vez más controlada desde la Secretaría General. Las quejas se extendieron también al funcionamiento cotidiano de la oposición.
Preguntas, interpelaciones y asuntos que debían ser preparados para los plenos de control llegaban, según denuncian fuentes socialistas, con escaso margen de tiempo. Los representantes socialistas en distintos consejos de administración tampoco habrían mantenido la presencia y coordinación que el grupo parlamentario esperaba de ellos. De hecho, apenas acudían a los consejos.
El resultado fue una percepción acumulativa de aislamiento del portavoz y de los diputados que permanecían en el Grupo Socialista.
Triano se proyecta como candidato
Mientras aumentaban las diferencias internas, Pérez Triano comenzó a proyectarse como el candidato del PSOE a la Presidencia de la Ciudad Autónoma en las próximas elecciones locales.
La operación tenía lógica desde el punto de vista orgánico: un secretario general con el respaldo de Ferraz, convertido además en delegado del Gobierno, podía presentarse como la alternativa del socialismo ceutí al Gobierno de Juan Vivas.
Pero esa estrategia exigía controlar también el espacio parlamentario y presentar al partido como una organización cohesionada.
La crisis migratoria de los días 30 y 31 de julio alteró completamente el escenario.
El 30 y 31 de julio hacen saltar las costuras
La llegada masiva de inmigrantes a Ceuta, es decir, la invasión, colocó a Pérez Triano en el centro de la mayor crisis institucional y social que ha vivido la ciudad en los últimos años.
Su doble condición de delegado del Gobierno y secretario general del PSOE convirtió automáticamente cualquier actuación, explicación o decisión de la Delegación en un asunto con repercusión directa sobre el partido.
Y ahí comenzaron a aparecer las primeras grietas que hasta entonces habían permanecido contenidas.
Las críticas de una parte del socialismo ceutí dejaron de dirigirse únicamente contra la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez y comenzaron a apuntar también contra su representante en Ceuta.
Los diputados socialistas que permanecen en la Asamblea se encontraron ante una situación especialmente incómoda: tenían que defender las posiciones de un Gobierno socialista al que consideraban responsable de una gestión insuficiente de la crisis y, al mismo tiempo, ejercer la oposición frente al Gobierno de Juan Vivas.
El conflicto dejó de ser únicamente orgánico. Pasó a ser político. Y, además, personal.
El golpe del Grupo Socialista
Ante esta situación realmente compleja, se produjo el movimiento que terminó haciendo pública la ruptura.
Los miembros del Grupo Parlamentario Socialista decidieron recuperar para sí la representación en los consejos de administración de las sociedades municipales que hasta entonces estaba en manos de personas designadas desde el entorno de la Secretaría General, miembros relacionados familiarmente y/o próximos a Triano que ni aparecían por los consejos.
El mensaje era inequívoco: el grupo parlamentario quería recuperar capacidad de decisión y ejercer directamente su labor de oposición sin depender de la estructura orgánica del partido.
La misma dinámica afectó a la asesora política del grupo, que fue cesada, quien tampoco se mostraba especialmente laboriosa en sus funciones porque, según estas fuentes internas, no aparecía.
La decisión abrió definitivamente una brecha que hasta entonces se había intentado mantener bajo control.
La justificación formal de algunos de estos cambios se relacionó con la asistencia y el desempeño de los puestos, mientras que dentro del partido se interpretó también como una respuesta política al control que Triano había ido acumulando sobre las estructuras municipales.
Un PSOE dividido ante las elecciones
La consecuencia es que el PSOE de Ceuta afronta ahora las próximas elecciones locales con un problema que va mucho más allá de la elección de un candidato.
Pérez Triano dispone del respaldo de la dirección federal y de la condición de secretario general. También es delegado del Gobierno. Pero esa posición institucional no se ha traducido en un control indiscutido del partido ni, mucho menos, en una plena sintonía con el Grupo Socialista de la Asamblea.
El problema para el PSOE es que la fractura se produce a menos nueve meses de las elecciones. Y lo hace cuando su candidato debe afrontar el desgaste producido por la gestión de una crisis que ha situado a Ceuta en el epicentro de la disputa política nacional.
Triano tendrá que explicar no solo la actuación del Gobierno al que representa, sino también su propia gestión como delegado del Gobierno. Y deberá hacerlo mientras intenta recomponer un partido en el que la dirección orgánica y la representación parlamentaria han dejado de caminar en la misma dirección.
La antigua tregua que permitió reconstruir el PSOE después de la etapa de Juan Gutiérrez ha terminado.
Lo que comenzó como un acuerdo para evitar una guerra interna se ha convertido, con el paso del tiempo, en una disputa por el control del partido, de su representación institucional y de su futuro candidato.
Ahora queda por saber si el PSOE será capaz de recomponer esa fractura antes de las elecciones o si llegará a la cita electoral con dos socialismos enfrentados: uno alrededor de la Secretaría General, leal a Pedro Sánchez y otro alrededor de quienes conservan el espacio parlamentario argumentando a Ceuta frente al interés del partido.

La crisis que atraviesa el PSOE de Ceuta no es fruto de un desencuentro puntual ni comenzó con la llegada masiva de inmigrantes de finales de julio. Sus raíces se encuentran en el proceso de reconstrucción del partido iniciado tras la salida de Juan Gutiérrez y la posterior etapa de Gestora. Lo que entonces se presentó como una operación para recuperar la unidad interna ha terminado desembocando en una pugna abierta por el control político del socialismo ceutí.
El origen de la actual situación hay que situarlo en el proceso previo al Congreso Extraordinario en el que debía decidirse la nueva dirección del partido. Por un lado se encontraba Pablo Núñez y, por otro, el grupo que acabaría articulándose alrededor de Miguel Ángel Pérez Triano. Antes del Congreso se produjeron movimientos destinados a evitar una confrontación abierta y alcanzar un acuerdo que permitiera presentar hacia el exterior la imagen de un PSOE unido.
En aquellas conversaciones desempeñaron un papel relevante personas del entorno de Triano y se alcanzó lo que internamente fue definido como un «pacto de no agresión» con la entonces delegada del Gobierno, Cristina Pérez, y con el portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en la Asamblea, Sebastián Guerrero.
El objetivo era sencillo: cerrar las heridas de la etapa anterior y transmitir a la sociedad ceutí la imagen de un partido renovado, cohesionado y preparado para recuperar protagonismo político. La operación funcionó. La candidatura encabezada por Pérez Triano fue la única que llegó al Congreso y obtuvo el respaldo de la dirección federal del PSOE, entonces bajo el control de Pedro Sánchez y Santos Cerdán.
Pero aquella unidad empezaría a resentirse a los pocos meses siguientes.
Un secretario general con poco control sobre la Asamblea
La nueva Ejecutiva no supuso la desaparición completa de las estructuras y personas vinculadas a la etapa de Juan Gutiérrez. Algunos de aquellos dirigentes continuaron formando parte de los órganos del partido, mientras que el Grupo Parlamentario Socialista mantenía su propia dinámica y una composición en la que el nuevo secretario general no disponía de un control absoluto.
Ese fue uno de los principales problemas de Triano desde el comienzo. La Secretaría General le proporcionaba el liderazgo orgánico, pero el grupo parlamentario constituía un espacio de poder propio en la Asamblea.
La situación se hizo todavía más evidente después de la ruptura de varios diputados socialistas con el grupo y su paso al grupo de no adscritos, desde donde posteriormente apoyaron iniciativas del Gobierno de Juan Vivas. El PSOE perdió representación y capacidad parlamentaria, pero el núcleo que permaneció dentro del Grupo Socialista conservó una cuota de autonomía frente a la dirección del partido.
Triano necesitaba, por tanto, construir su propia estructura de influencia dentro de la política municipal.
Y, según las fuentes internas consultadas para esta reconstrucción, esa estrategia pasó por situar a personas de su confianza (familiares y leales) en distintos órganos y consejos de administración de las sociedades municipales, además de reforzar su presencia en la estructura política del grupo.
Uno de los episodios que más tensiones generó fue el nombramiento de una asesora política para el Grupo Socialista. La elección recayó en la hija de Clemente Cerdeira, vinculada a la representación consular honoraria de Italia en Ceuta. La decisión fue interpretada dentro del partido como una muestra más de la voluntad de Triano de construir una estructura propia de confianza.
Algo similar ocurrió, según las mismas fuentes, en los consejos de administración de las sociedades municipales, donde se produjeron sustituciones de representantes anteriores por personas próximas y familiares a la nueva dirección.
La llegada a la Delegación cambia el equilibrio
El siguiente movimiento modificó todavía más el equilibrio interno.
Tras la salida de Cristina Pérez de la Delegación del Gobierno, Pérez Triano fue designado delegado del Gobierno en Ceuta. De esta forma, el secretario general del PSOE pasaba a controlar simultáneamente la organización del partido y la principal representación institucional del Gobierno de España en la ciudad.
La acumulación de ambos cargos reforzó notablemente su posición.
Sebastián Guerrero habría intentado mantener determinadas personas de confianza dentro de la estructura socialista municipal, entre ellas a la ex delegada Cristina Pérez, a la que pretendía incorporar como asesora del grupo parlamentario. Sin embargo, aquella propuesta no salió adelante y finalmente el puesto fue ocupado por la persona designada desde el entorno de Triano, la hija de Cerdeira, que como añadido apenas aparecía para desempeñar su labor por la que era remunerada, según se indica desde las fuentes internas socialistas.
A partir de ahí, la relación entre la dirección del partido y el portavoz parlamentario comenzó a deteriorarse de manera progresiva.
Guerrero y su entorno comenzaron a percibir que el grupo parlamentario estaba perdiendo espacio frente a una estructura orgánica cada vez más controlada desde la Secretaría General. Las quejas se extendieron también al funcionamiento cotidiano de la oposición.
Preguntas, interpelaciones y asuntos que debían ser preparados para los plenos de control llegaban, según denuncian fuentes socialistas, con escaso margen de tiempo. Los representantes socialistas en distintos consejos de administración tampoco habrían mantenido la presencia y coordinación que el grupo parlamentario esperaba de ellos. De hecho, apenas acudían a los consejos.
El resultado fue una percepción acumulativa de aislamiento del portavoz y de los diputados que permanecían en el Grupo Socialista.
Triano se proyecta como candidato
Mientras aumentaban las diferencias internas, Pérez Triano comenzó a proyectarse como el candidato del PSOE a la Presidencia de la Ciudad Autónoma en las próximas elecciones locales.
La operación tenía lógica desde el punto de vista orgánico: un secretario general con el respaldo de Ferraz, convertido además en delegado del Gobierno, podía presentarse como la alternativa del socialismo ceutí al Gobierno de Juan Vivas.
Pero esa estrategia exigía controlar también el espacio parlamentario y presentar al partido como una organización cohesionada.
La crisis migratoria de los días 30 y 31 de julio alteró completamente el escenario.
El 30 y 31 de julio hacen saltar las costuras
La llegada masiva de inmigrantes a Ceuta, es decir, la invasión, colocó a Pérez Triano en el centro de la mayor crisis institucional y social que ha vivido la ciudad en los últimos años.
Su doble condición de delegado del Gobierno y secretario general del PSOE convirtió automáticamente cualquier actuación, explicación o decisión de la Delegación en un asunto con repercusión directa sobre el partido.
Y ahí comenzaron a aparecer las primeras grietas que hasta entonces habían permanecido contenidas.
Las críticas de una parte del socialismo ceutí dejaron de dirigirse únicamente contra la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez y comenzaron a apuntar también contra su representante en Ceuta.
Los diputados socialistas que permanecen en la Asamblea se encontraron ante una situación especialmente incómoda: tenían que defender las posiciones de un Gobierno socialista al que consideraban responsable de una gestión insuficiente de la crisis y, al mismo tiempo, ejercer la oposición frente al Gobierno de Juan Vivas.
El conflicto dejó de ser únicamente orgánico. Pasó a ser político. Y, además, personal.
El golpe del Grupo Socialista
Ante esta situación realmente compleja, se produjo el movimiento que terminó haciendo pública la ruptura.
Los miembros del Grupo Parlamentario Socialista decidieron recuperar para sí la representación en los consejos de administración de las sociedades municipales que hasta entonces estaba en manos de personas designadas desde el entorno de la Secretaría General, miembros relacionados familiarmente y/o próximos a Triano que ni aparecían por los consejos.
El mensaje era inequívoco: el grupo parlamentario quería recuperar capacidad de decisión y ejercer directamente su labor de oposición sin depender de la estructura orgánica del partido.
La misma dinámica afectó a la asesora política del grupo, que fue cesada, quien tampoco se mostraba especialmente laboriosa en sus funciones porque, según estas fuentes internas, no aparecía.
La decisión abrió definitivamente una brecha que hasta entonces se había intentado mantener bajo control.
La justificación formal de algunos de estos cambios se relacionó con la asistencia y el desempeño de los puestos, mientras que dentro del partido se interpretó también como una respuesta política al control que Triano había ido acumulando sobre las estructuras municipales.
Un PSOE dividido ante las elecciones
La consecuencia es que el PSOE de Ceuta afronta ahora las próximas elecciones locales con un problema que va mucho más allá de la elección de un candidato.
Pérez Triano dispone del respaldo de la dirección federal y de la condición de secretario general. También es delegado del Gobierno. Pero esa posición institucional no se ha traducido en un control indiscutido del partido ni, mucho menos, en una plena sintonía con el Grupo Socialista de la Asamblea.
El problema para el PSOE es que la fractura se produce a menos nueve meses de las elecciones. Y lo hace cuando su candidato debe afrontar el desgaste producido por la gestión de una crisis que ha situado a Ceuta en el epicentro de la disputa política nacional.
Triano tendrá que explicar no solo la actuación del Gobierno al que representa, sino también su propia gestión como delegado del Gobierno. Y deberá hacerlo mientras intenta recomponer un partido en el que la dirección orgánica y la representación parlamentaria han dejado de caminar en la misma dirección.
La antigua tregua que permitió reconstruir el PSOE después de la etapa de Juan Gutiérrez ha terminado.
Lo que comenzó como un acuerdo para evitar una guerra interna se ha convertido, con el paso del tiempo, en una disputa por el control del partido, de su representación institucional y de su futuro candidato.
Ahora queda por saber si el PSOE será capaz de recomponer esa fractura antes de las elecciones o si llegará a la cita electoral con dos socialismos enfrentados: uno alrededor de la Secretaría General, leal a Pedro Sánchez y otro alrededor de quienes conservan el espacio parlamentario argumentando a Ceuta frente al interés del partido.




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