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Actualizada Miércoles, 19 de Agosto de 2026 a las 11:16:07 horas

Ceuta Ahora
Miércoles, 19 de Agosto de 2026
Editorial

La tragedia no puede convertirse en el argumentario de Ceuta Ya!

La crisis la sufrió y la sufre Ceuta entera. Ni el centro ni las barriadas pertenecen a ningún partido

Ceuta acaba de atravesar una crisis de extraordinaria gravedad. Una ciudad desbordada, servicios públicos bajo enorme presión, fuerzas de seguridad trabajando al límite y miles de familias viviendo jornadas de miedo e incertidumbre.

 

Y, sin embargo, mientras Ceuta intenta recuperar la normalidad, Ceuta Ya! y una parte de su entorno político y asociativo parecen más preocupados por convertir la tragedia en un nuevo enfrentamiento entre el centro y las barriadas.

 

El esquema resulta demasiado reconocible: los privilegiados frente a los abandonados, el centro frente a la periferia y, ahora, “los de la banderita” frente a quienes pretenden atribuirse el monopolio de la solidaridad.

 

Las declaraciones de Otman Bersabe y Abdellah Abdellah Mustafá encajan de tal manera en ese discurso que parece que el argumentario hubiera salido directamente del despacho del líder de Ceuta Ya! y de su formación política para ser posteriormente repetido por determinados activistas y entidades de su órbita.

 

Es una impresión política, naturalmente. Pero cuesta ignorar la coincidencia del mensaje.

 

Y resulta todavía más llamativo observar hacia dónde se dirigen las críticas.

 

Mucho Gobierno de Ceuta y muy poco Gobierno de España

 

El blanco vuelve a ser el Gobierno de la Ciudad.

 

Se cuestiona su actuación, se responsabiliza al Ejecutivo local y se aprovecha la crisis para ajustar cuentas con quienes gobiernan Ceuta.

 

Pero ¿y el Gobierno de la Nación?

 

Curiosamente, aparece muchísimo menos en ese argumentario.

 

Y estamos hablando de una crisis migratoria y fronteriza.

 

El control de las fronteras, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, Extranjería y buena parte de las decisiones sobre inmigración corresponden al Estado. Sin embargo, determinados discursos parecen empeñados en convertir una crisis de alcance nacional en otro capítulo de oposición contra el Gobierno de la Ciudad.

 

La pregunta es inevitable: ¿por qué tanta contundencia contra el Ejecutivo ceutí y tanta discreción cuando toca exigir responsabilidades al Gobierno de España?

 

 

La caricatura de que el centro huyó

Especialmente ofensivo resulta el intento de presentar a los habitantes del centro como unos privilegiados que aquel jueves hicieron las maletas y abandonaron Ceuta mientras las barriadas permanecían afrontando la situación.

 

Si Bersabe y Abdellah quieren sostener semejante generalización, deberían demostrarla.

 

¿Se marcharon personas? Evidentemente. ¿Hubo miedo y familias que decidieron salir de Ceuta? Por supuesto.

 

Pero insinuar que “los del centro” huyeron es convertir una anécdota o determinados casos particulares en una acusación contra miles de ciudadanos.

 

Comerciantes, trabajadores y familias del centro permanecieron en Ceuta exactamente igual que miles de vecinos de las barriadas.

 

Y algunos colocaron una bandera española en sus balcones.

 

¿Dónde está el problema?

 

Hablar despectivamente de “los de la banderita” resulta todavía más absurdo en una ciudad como Ceuta. La bandera española no pertenece al centro, ni a una determinada clase social ni a un partido.

 

También es la bandera de los españoles del Príncipe, Hadú, Sidi Embarek o Benzú.

 

 

Las barriadas no pertenecen a Ceuta Ya!

Conviene recordar otra evidencia: Ceuta Ya! no tiene la propiedad política de las barriadas.

 

Tampoco sus entidades afines ni determinados activistas pueden hablar como si representaran automáticamente a todos sus vecinos.

 

Las barriadas están formadas por ciudadanos con opiniones completamente diferentes. Convertirlas en una masa electoral homogénea y enfrentarlas permanentemente al centro no es defenderlas. Es utilizarlas.

 

Y resulta particularmente cuestionable aprovechar ahora la solidaridad demostrada por numerosos vecinos durante la crisis para construir una supuesta superioridad moral frente al resto de Ceuta.

 

La solidaridad pertenece a quienes ayudaron, no a ningún partido.

 

Ayudar no significa fomentar que se queden.

 

También hay que separar dos cuestiones que algunos pretenden mezclar.

 

Dar agua, comida, ropa o asistencia a una persona que acaba de llegar exhausta es humanidad elemental.

 

Pero una cosa es prestar asistencia inmediata y otra contribuir a que se consolide la permanencia en Ceuta de quienes, conforme a la legislación y a sus circunstancias individuales, deban regresar a Marruecos.

 

Ceuta no puede convertirse en una gigantesca sala de espera.

 

Quienes tengan derecho a protección deben recibirla. Los menores deben ser tratados conforme establece la legislación. Y quienes legalmente deban retornar tendrán que hacerlo con las garantías correspondientes.

 

Defender eso no significa carecer de humanidad.

 

Significa comprender que una ciudad de veinte kilómetros cuadrados no puede asumir indefinidamente las consecuencias de una entrada masiva.

 

 

Una tragedia convertida en oportunidad política

Lo más preocupante es comprobar cómo prácticamente cualquier acontecimiento termina adaptándose al mismo relato.

 

Centro contra barriadas.

 

Privilegiados contra abandonados.

 

“Los de la banderita” contra los supuestamente solidarios.

 

Gobierno de la Ciudad como responsable político mientras el Gobierno de España pasa discretamente a un segundo plano.

 

Y unas voces procedentes del activismo y determinadas entidades repitiendo un discurso tan coincidente con el de Ceuta Ya! que, por momentos, cuesta distinguir dónde termina el partido y dónde empiezan sus altavoces.

 

Otman Bersabe y Abdellah Abdellah Mustafá tienen derecho a defender las ideas que quieran. Pero intervenir públicamente también implica aceptar que los ciudadanos cuestionen sus afirmaciones, sus generalizaciones y sus silencios.

 

Porque tan significativo puede ser aquello que se dice como aquello que cuidadosamente se evita decir.

 

Ceuta necesita exigir responsabilidades a todas las administraciones, empezando por aquellas que tienen competencias directas sobre fronteras e inmigración. Necesita soluciones y necesita recuperar la normalidad.

 

Lo que no necesita es que nadie convierta el sufrimiento de estos días en combustible para la próxima campaña política.

 

La crisis la sufrió Ceuta entera. Ni el centro ni las barriadas pertenecen a ningún partido. Y una tragedia de esta magnitud merece algo bastante mejor que convertirse en el argumentario político de Ceuta Ya! y de quienes parecen dispuestos a repetirlo.

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