Sábado, 15 de Agosto de 2026

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Ceuta Ahora
Sábado, 15 de Agosto de 2026
Editorial

El PSOE de Ceuta implosiona: ser socialista ante el abandono de Ceuta se convierte en una carga casi insoportable

La crisis abierta tras la entrada masiva de marroquíes ha roto la frágil unidad de los socialistas ceutíes y coloca a Pérez Triano ante un escenario político extremadamente difícil a nueve meses de las elecciones

Hay momentos en política en los que defender unas siglas deja de ser una cuestión de disciplina y comienza a convertirse en un problema de conciencia. En Ceuta, para una parte cada vez más visible del socialismo local, ese momento parece haber llegado.

 

Ser socialista en Ceuta no debe de ser hoy una tarea sencilla. Mucho menos proclamar, con orgullo y sin matices, aquello de "soy socialista, seguidor y leal compañero de Pedro Sánchez". Porque en tanto que desde Madrid se administran los tiempos políticos, los discursos y las estadísticas, en Ceuta hay ciudadanos que llevan semanas intentando comprender cómo es posible que su propio Gobierno haya sido incapaz de ofrecer una respuesta extraordinaria a una situación que, por extraordinaria, ha desbordado la vida cotidiana de la ciudad hasta grados insospechados.

 

El 30 y el 31 de julio no fueron dos días cualquiera. Fueron jornadas que dejaron una profunda sensación de vulnerabilidad. Miles de marroquíes, magrebíes y subsaharianos, adultos la mayoría y menores consiguieron entrar en territorio español y muchos de ellos, entre 8.000 y 11.000  permanecen todavía en la ciudad, deambulando por calles y barrios, oupando playas mientras los ceutíes contemplan una realidad que les provoca inquietud, incertidumbre y, en muchos casos, miedo.

 

Ante esto la respuesta del Gobierno de la Nación es percibida por buena parte de la sociedad ceutí como insuficiente, tardía y desconectada de la dimensión del problema. Ese es precisamente el drama que empieza a resquebrajar al PSOE de Ceuta.

 

Una cosa es defender una posición política y otra muy distinta intentar convencer a un ciudadano que ve cómo su ciudad atraviesa una situación excepcional de que todo está bajo control cuando, a sus ojos, no lo está porque ese supuesto cacareado control dicho por la troupe de ministros llegados, ni se le acerca.

 

 

Las contradicciones

El socialismo ceutí se encuentra atrapado en una contradicción difícil de resolver: sus militantes y dirigentes viven en la misma ciudad que el resto de los ceutíes. Caminan por las mismas calles. Ven las mismas imágenes. Escuchan las mismas quejas. Perciben la misma preocupación, incluso la padecen. Pero, al mismo tiempo, algunos ocupan puestos vinculados directamente a las estructuras del Gobierno de la Nación, y ahí se abre la grieta.

 

De un lado están quienes comienzan a sentir que el Gobierno socialista al que han defendido durante años ha dejado a Ceuta demasiado sola, plegados a las maniobras de Marruecos. Del otro, quienes todavía consideran que la lealtad orgánica exige cerrar filas, justificar las decisiones de Madrid y sostener el discurso oficial engañandose a sí mismos. Sin embargo, desde un punto de vista reflexivo-racional resulta extraordinariamente difícil mantener esa segunda posición cuando se vive en primera persona la angustia de una ciudad que reclama soluciones y que no llegan. Esa contradicción se volverá letal para el PSOE ceutí.

 

El votante puede perdonar un error. Puede incluso comprender una dificultad de gestión. Lo que no perdona es la sensación de abandono, de traición.

 

Y eso es lo que parece haberse instalado en casi toda la sociedad ceutí: la sensación de que, cuando Marruecos volvió a poner a prueba la frontera y la soberanía española, Madrid no estuvo a la altura de lo que Ceuta necesitaba. Y los ceuties ya enarbolan y gritan, como tantos millones de españoles allende el Estrecho, aquello de: "La Patria está en peligro", o "el pueblo salva al pueblo".

 

 

Disciplina de partido o lealtad a España

En cualquier partido político la lealtad es una virtud. Pero existe una lealtad superior: la que se debe a la ciudad en la que se vive y a los ciudadanos a los que se representa, en la Ciudad Autónoma y a España. Ese es el dilema al que se enfrentan ahora los socialistas ceutíes.

 

¿Qué se hace cuando la disciplina de partido entra en conflicto con la percepción que uno tiene de lo que está ocurriendo en su propia casa? ¿Qué se responde cuando un vecino pregunta por qué no se adoptan medidas extraordinarias ante una situación extraordinaria? ¿Qué se le dice a quien lleva semanas viendo a miles de personas en las calles y exige seguridad, control, retornos y una respuesta firme del Estado? ¿Se le explica que todo está funcionando? ¿O se admite que algo ha fallado?

 

La política puede sobrevivir a una mala explicación. Lo que resulta caqsi imposible es sobrevivir a una realidad que contradice permanentemente el discurso, el relato... el teatro.

 

Por eso, en Ceuta, decir hoy que se es socialista y que se mantiene una lealtad inquebrantable con Pedro Sánchez puede ser, para algunos ciudadanos, una provocación política. Para otros, directamente una afrenta.

 

Y desde luego no es que ser socialista sea incompatible con amar a Ceuta, sino precisamente porque muchos socialistas ceutíes empiezan a preguntarse si seguir defendiendo al Gobierno de Sánchez significa defender también unas decisiones que consideran perjudiciales para la ciudad en la que viven, en la que han nacido tambien sus padres y sus hijos.

 

Pero esto empieza a quebrarse desde dentro. El grupo socialista de la Asamblea ha empezado con movimientos que ya dejan entrever cosas. Se han producido movimientos alrededor de asesores y de representantes en sociedades públicas que habían sido colocados bajo el liderazgo de la dirección socialista encabezada por Miguel Ángel Pérez Triano. En una organización política cuando comienzan a cuestionarse las personas, los equilibrios y las cuotas de poder, normalmente es porque el problema de fondo es mucho mayor.

 

No es simplemente una disputa interna. Suele ser una disputa por el rumbo. ¿Qué quiere ser el PSOE después de esta crisis: el partido que defiende a Pedro Sánchez en Ceuta o el partido que defiende a los ceutíes ante Pedro Sánchez?. Desde luego la diferencia no es ni mucho menos menor. Es, probablemente, la diferencia entre sobrevivir políticamente o entrar en una larga travesía por el desierto de la que probablemente no se salga.

 

 

Pérez Triano, el delegado del Gobierno que pretende ser presidente de Ceuta

Y en el centro de ese terremoto aparece Miguel Ángel Pérez Triano. El delegado del Gobierno tiene ante sí una de las situaciones más complejas que ha afrontado un representante del Ejecutivo en Ceuta. Y el problema para él no es únicamente la gestión inmediata de la crisis. Es el calendario.

 

Si finalmente concurriese como candidato socialista a la Presidencia de la Ciudad en las próximas elecciones autonómicas, llegará a esa cita electoral con una mochila política imposible de superarr: la invasion marroqui, la posterior emergencia migratoria, el caos de gestión de la Administración General del Estado que representa él en Ceuta, con todos sus ministerios implicados, la percepción de abandono por parte de Madrid, la gestión de los retornos, la inseguridad, la incertidumbre que muchos ciudadanos experimentan y la propia fractura interna del PSOE.

 

Quedan aproximadamente nueve meses. Nueve meses, como un parto, pero que son una eternidad en política y, al mismo tiempo, apenas un suspiro cuando una sociedad acaba de vivir una experiencia tan brutalmente traumática.

 

 

Ceuta no olvida fácilmente quién estuvo cuando las cosas se pusieron difíciles, quién habló, quién calló, quién exigió y quién justificó.

 

 

La brecha socialista

El problema del PSOE de Ceuta es que la brecha no procede únicamente de sus adversarios. Ya está dentro de su sede. Aquellos socialistas que no comprenden cómo su partido puede pedirles que defiendan una gestión gubernamental que ellos mismos consideran insuficiente, inadecuada. Está en quienes sienten que Ceuta ha quedado relegada a un segundo plano que no parece haber importado.  Y ahí es donde se sitúa la verdadera amenaza para el socialismo ceutí. No será en VOX. No será en el PP. No en la oposición.

 

La amenaza es que sus propios militantes no reconocen al partido en el que militan. Cuando un partido pierde la capacidad de explicar a sus propios miembros por qué hace lo que hace, comienza a perder algo mucho más importante que votos: pierde identidad, pierde coherencia y credibilidad. Muy buena parte del socialismo ceutí ha despertado, a golpe de realidad sufrida, de la hipnosis desplegada por Pedro Sánchez y toda la cohorte de adláteres a su alrededor.

 

Ser socialista en Ceuta, tras la etapa de Felipe González, nunca ha sido sencillo, siempre salían a perder en las elecciones locales y Generales. Pero hoy puede haberse convertido en una carga especialmente pesada para quienes, además de socialistas, son ceutíes. Se han sentido, solos, como todos los caballas y, por ende, defender a quien considera responsable de esa soledad deja de ser un ejercicio de lealtad para dar paso a la conciencia revivida. El soclalismo ceutí, pese a la existencia de los muy 'cafeteros' idolatrantes del 'figura' en Moncloa, empieza a no reconocerse en estas siglas.

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