Deportes
El Ceuta juega por todos: fútbol para una ciudad que necesita volver a sonreír
La AD Ceuta debuta este sábado a las 17.00 horas ante el Andorra en la primera jornada de LaLiga Hypermotion, en un estreno marcado por la situación que atraviesa la ciudad y por el contundente mensaje de José Juan Romero: «Si por mí fuera, el Ceuta no jugaría»
La Liga Hypermotion comienza este fin de semana y la AD Ceuta vuelve a ponerse en marcha en Segunda División. Lo hará este sábado, 15 de agosto, a las 17.00 horas, en el campo del Andorra.
Pero esta vez el fútbol llega a Ceuta en unas circunstancias muy diferentes. La ciudad no está para fiestas. No está para celebraciones. Y el propio entrenador del conjunto caballa, José Juan Romero, ha puesto voz a lo que muchos ceutíes sienten.
Romero no ha querido esconderse detrás del fútbol. En la previa del estreno liguero ha reconocido que le produce incomodidad hablar de deporte mientras Ceuta continúa viviendo una situación excepcional. Ha llegado a afirmar que, si dependiera de él, el equipo no jugaría el partido ante el Andorra.
Es una declaración que trasciende el fútbol
Porque el Ceuta no es solamente un equipo. En una ciudad pequeña, con una identidad muy marcada y que atraviesa ahora uno de sus momentos más difíciles, la camiseta blanca representa mucho más que once jugadores, un entrenador y un resultado.
Representa a Ceuta.
Y por eso las palabras de Romero deberían escucharse más allá de los límites del Alfonso Murube. Son también un llamamiento al fútbol español para que mire hacia una ciudad que durante semanas ha reclamado atención, respuestas y soluciones.
El técnico ha sido especialmente claro al describir el impacto de la situación sobre la vida cotidiana de los ceutíes. Ha explicado que familiares y conocidos tienen miedo de salir, que la normalidad se ha roto y que incluso el propio proyecto deportivo del club se ha visto condicionado. Algunos jugadores regresaron durante la pretemporada para atender a sus familias y la situación también ha dificultado la llegada de futbolistas al equipo.
En esas circunstancias, hablar de fichajes, sistemas, resultados o aspiraciones deportivas puede parecer secundario.
Pero precisamente ahí aparece la importancia del Ceuta.
El equipo que puede devolver una sonrisa
El fútbol tiene algo que pocas cosas consiguen: puede unir a una población durante 90 minutos.
Puede hacer que una ciudad vuelva a mirar hacia el mismo lugar, que las familias se sienten juntas ante un partido, que los niños vuelvan a hablar de fútbol en las calles y que, durante un tiempo, el resultado de un equipo sea capaz de aliviar una realidad muy dura que vive la ciudad.
Eso es lo que puede representar ahora la AD Ceuta.
La ciudad necesita volver a recuperar pequeños espacios de normalidad. Y el Ceuta puede ser uno de ellos.
No porque el fútbol vaya a solucionar la crisis. No puede hacerlo. Tampoco puede sustituir las decisiones que deben adoptar las administraciones. Pero sí puede ofrecer algo que ahora mismo escasea: ilusión.
El equipo caballa afronta su segunda temporada consecutiva en la categoría de plata después de una primera campaña que confirmó que Ceuta puede competir entre los grandes del fútbol español. Ahora comienza otro camino, con dificultades deportivas y extradeportivas, pero también con una responsabilidad especial.
Porque cada partido del Ceuta será, de alguna manera, una ventana para que el resto de España mire hacia esta ciudad.
Romero pone el foco donde otros no lo han puesto
José Juan Romero ha entendido que este primer partido no es uno más. Y ha decidido decirlo.
Su mensaje no es contra el fútbol. Al contrario. Es una defensa de lo que el fútbol puede hacer cuando se convierte en altavoz de una realidad que no debe quedar ocultada, escondida o minimizada.
El entrenador ha cuestionado que se adopten decisiones para suspender partidos por circunstancias mucho menores mientras, a su juicio, no se ha planteado hacer lo mismo ante una situación extraordinaria como la que vive Ceuta.
Y esa reflexión debería llegar a LaLiga, a la Federación, a los clubes y a todos aquellos que forman parte del fútbol profesional español.
Porque el sábado habrá un partido. Habrá un balón. Habrá dos equipos. Habrá tres puntos en juego. Pero también habrá una ciudad pendiente de su equipo.
El Ceuta, una esperanza en medio del desconcierto
Los ceutíes llevan semanas viviendo entre preocupación, incertidumbre y una sensación de abandono que ha ido creciendo. En ese escenario, el Ceuta puede convertirse en el único elemento capaz de generar una alegría colectiva. Quizá sea un gol. Quizá una victoria. Quizá simplemente competir. Pero será algo que pertenezca a todos.
El Ceuta puede ser ahora ese caballo al que agarrarse para recuperar un poco de orgullo, ilusión y normalidad. No para olvidar lo que ocurre, sino para demostrar que la ciudad sigue viva, que continúa adelante y que también merece momentos de felicidad.
Romero ha dicho que «somos de Ceuta y somos el Ceuta». Es, probablemente, la mejor definición de lo que representa este equipo. Este sábado, a las cinco de la tarde, el Ceuta empezará su segunda aventura en la Liga Hypermotion.
Mientras los jugadores salten al terreno de juego en Andorra, detrás de ellos habrá una ciudad entera. Una ciudad que necesita respuestas. Pero también necesita, aunque solo sea durante 90 minutos, volver a sonreír.

La Liga Hypermotion comienza este fin de semana y la AD Ceuta vuelve a ponerse en marcha en Segunda División. Lo hará este sábado, 15 de agosto, a las 17.00 horas, en el campo del Andorra.
Pero esta vez el fútbol llega a Ceuta en unas circunstancias muy diferentes. La ciudad no está para fiestas. No está para celebraciones. Y el propio entrenador del conjunto caballa, José Juan Romero, ha puesto voz a lo que muchos ceutíes sienten.
Romero no ha querido esconderse detrás del fútbol. En la previa del estreno liguero ha reconocido que le produce incomodidad hablar de deporte mientras Ceuta continúa viviendo una situación excepcional. Ha llegado a afirmar que, si dependiera de él, el equipo no jugaría el partido ante el Andorra.
Es una declaración que trasciende el fútbol
Porque el Ceuta no es solamente un equipo. En una ciudad pequeña, con una identidad muy marcada y que atraviesa ahora uno de sus momentos más difíciles, la camiseta blanca representa mucho más que once jugadores, un entrenador y un resultado.
Representa a Ceuta.
Y por eso las palabras de Romero deberían escucharse más allá de los límites del Alfonso Murube. Son también un llamamiento al fútbol español para que mire hacia una ciudad que durante semanas ha reclamado atención, respuestas y soluciones.
El técnico ha sido especialmente claro al describir el impacto de la situación sobre la vida cotidiana de los ceutíes. Ha explicado que familiares y conocidos tienen miedo de salir, que la normalidad se ha roto y que incluso el propio proyecto deportivo del club se ha visto condicionado. Algunos jugadores regresaron durante la pretemporada para atender a sus familias y la situación también ha dificultado la llegada de futbolistas al equipo.
En esas circunstancias, hablar de fichajes, sistemas, resultados o aspiraciones deportivas puede parecer secundario.
Pero precisamente ahí aparece la importancia del Ceuta.
El equipo que puede devolver una sonrisa
El fútbol tiene algo que pocas cosas consiguen: puede unir a una población durante 90 minutos.
Puede hacer que una ciudad vuelva a mirar hacia el mismo lugar, que las familias se sienten juntas ante un partido, que los niños vuelvan a hablar de fútbol en las calles y que, durante un tiempo, el resultado de un equipo sea capaz de aliviar una realidad muy dura que vive la ciudad.
Eso es lo que puede representar ahora la AD Ceuta.
La ciudad necesita volver a recuperar pequeños espacios de normalidad. Y el Ceuta puede ser uno de ellos.
No porque el fútbol vaya a solucionar la crisis. No puede hacerlo. Tampoco puede sustituir las decisiones que deben adoptar las administraciones. Pero sí puede ofrecer algo que ahora mismo escasea: ilusión.
El equipo caballa afronta su segunda temporada consecutiva en la categoría de plata después de una primera campaña que confirmó que Ceuta puede competir entre los grandes del fútbol español. Ahora comienza otro camino, con dificultades deportivas y extradeportivas, pero también con una responsabilidad especial.
Porque cada partido del Ceuta será, de alguna manera, una ventana para que el resto de España mire hacia esta ciudad.
Romero pone el foco donde otros no lo han puesto
José Juan Romero ha entendido que este primer partido no es uno más. Y ha decidido decirlo.
Su mensaje no es contra el fútbol. Al contrario. Es una defensa de lo que el fútbol puede hacer cuando se convierte en altavoz de una realidad que no debe quedar ocultada, escondida o minimizada.
El entrenador ha cuestionado que se adopten decisiones para suspender partidos por circunstancias mucho menores mientras, a su juicio, no se ha planteado hacer lo mismo ante una situación extraordinaria como la que vive Ceuta.
Y esa reflexión debería llegar a LaLiga, a la Federación, a los clubes y a todos aquellos que forman parte del fútbol profesional español.
Porque el sábado habrá un partido. Habrá un balón. Habrá dos equipos. Habrá tres puntos en juego. Pero también habrá una ciudad pendiente de su equipo.
El Ceuta, una esperanza en medio del desconcierto
Los ceutíes llevan semanas viviendo entre preocupación, incertidumbre y una sensación de abandono que ha ido creciendo. En ese escenario, el Ceuta puede convertirse en el único elemento capaz de generar una alegría colectiva. Quizá sea un gol. Quizá una victoria. Quizá simplemente competir. Pero será algo que pertenezca a todos.
El Ceuta puede ser ahora ese caballo al que agarrarse para recuperar un poco de orgullo, ilusión y normalidad. No para olvidar lo que ocurre, sino para demostrar que la ciudad sigue viva, que continúa adelante y que también merece momentos de felicidad.
Romero ha dicho que «somos de Ceuta y somos el Ceuta». Es, probablemente, la mejor definición de lo que representa este equipo. Este sábado, a las cinco de la tarde, el Ceuta empezará su segunda aventura en la Liga Hypermotion.
Mientras los jugadores salten al terreno de juego en Andorra, detrás de ellos habrá una ciudad entera. Una ciudad que necesita respuestas. Pero también necesita, aunque solo sea durante 90 minutos, volver a sonreír.




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