Jueves, 13 de Agosto de 2026

Actualizada Jueves, 13 de Agosto de 2026 a las 11:34:21 horas

Juan Manuel Parrado Sobrino Juan Manuel Parrado Sobrino
Jueves, 13 de Agosto de 2026

Ceuta, zona cero... ¿Y ahora qué?

Las personas que hemos nacido, crecido y  vivido en Ceuta nos hemos pasado toda nuestra vida intentando que conozcan esta maravillosa ciudad. Hace cuatro años escribí un artículo llamado “¿Y a mí qué se me ha perdido en Ceuta?”, en el que intenté ensalzar las desconocidas maravillas de esta ciudad y cómo, cualquier ceutí que haya recibido alguna vez a alguien de la península en su primera visita a la ciudad conoce perfectamente el ritual para que al final, el visitante quede prendado y suelte el famoso: «Yo no me imaginaba que Ceuta fuera así».

 

            Hemos gastado tiempo, dinero y esfuerzo en cambiar nuestra imagen, en explicar que Ceuta merece ser conocida por mucho más que una frontera, que hay una ciudad detrás de las imágenes de las vallas y que merece la pena venir a conocerla. Hemos intentado convencer al resto de España de que cruzar el Estrecho no es solamente cambiar de orilla, sino descubrir una ciudad que probablemente no se parece demasiado a la que muchos habían imaginado.

 

            De un plumazo. Así ha sido ha sido borrada toda la imagen, toda la promoción y estrategia turística de Ceuta. De un plumazo. Todos los viajes a FITUR, todas las ideas originales para atraer visitantes, ingentes fondos públicos invertidos, esfuerzos, invitaciones y gestiones de amigos, familiares, conocidos para que vengan a conocer esta maravillosa ciudad… Todo se ha ido por el desagüe en 24 horas.

 

            Y no, no se trata de una fatalidad del destino, de un virus o de un meteorito que nos haya maldecido. Se trata de mala gestión pública, de pésima gestión política, de inexistente peso internacional y de ingenuas relaciones internacionales. Hemos sido maldecidos por una debilidad manifiesta del Gobierno de España, debilidad que Marruecos ha percibido con claridad meridiana y que, como suele ocurrir, no ha desaprovechado.

 

            Ceuta se ha convertido en cuestión de horas en el epicentro de la actualidad informativa. El Papa, la presidenta de la Comisión Europea, presidentes y primeros ministros, políticos de todo signo, periodistas y noticiarios nacionales e internacionales, tertulianos, influencers, empresarios y hasta personas que probablemente no sabrían colocar Ceuta en un mapa hace dos semanas tienen algo que decir sobre nosotros. ¡Si hasta Trump ha dicho “Ceuta” con un acento más o menos aceptable!

 

            Ahora, de repente, salen expertos bien informados hasta de debajo de las piedras. Los periodistas llegan a Ceuta frotándose las manos y tras varios días creen que conocen perfectamente nuestra idiosincrasia para analizarnos en tertulias televisivas. Decenas de eruditos con la IA de cabecera nos explican nuestra historia para justificar o polemizar sobre nuestra españolidad.

 

            Por su parte, las redes sociales han decidido hacer lo que mejor saben hacer cuando aparece una realidad compleja: simplificarla hasta que deje de parecerse a la realidad. De repente, Ceuta es racista. O no lo es. Se exagera. No se exagera. Hay una crisis humanitaria. Hay una crisis de seguridad. O es una crisis migratoria. Hay que ser solidarios. O hay que defender la frontera. Da igual que sea para darnos apoyo, para criticar la falta de solidaridad, para ganar visualizaciones con polémicas artificiales, para captar seguidores con proclamas patrióticas, para desinformar en redes como agentes y trolls promarroquíes o simplemente para darle zascas al oponente político.

 

            Es un circo muy entretenido que millones de personas contemplan desde sus sofás. Y, entre unas cosas y otras, parece que los 83.000 ceutíes tenemos la obligación de esperar pacientemente a que el resto del mundo decida cuál es exactamente el relato que nos corresponde y qué hacer con la gestión de la zona cero.

 

            Conozco perfectamente las virtudes y las miserias de esta ciudad, y precisamente por eso me molesta que quienes no la conocen pretendan explicárnosla, porque sí, ahora mismo hay millones de personas que creen conocernos y opinan y juzgan lo que se hace aquí. Juzgan incluso las quejas de los ceutíes sobre lo que estamos padeciendo en nuestra ciudad. 

 

            Dentro del desconocimiento, hay mucha gente de la península que me ha preguntado en estos días si los de Ceuta estamos pensando en marcharnos. Yo siempre les respondo lo mismo: Ceuta es incluso más España que la misma España. Ni en Madrid, ni en Valladolid, ni en Málaga te encuentras el sentimiento de patria que tenemos los ceutíes. Puede que haya mucha gente de fuera, normalmente funcionaria, que llega a la ciudad, trabaja, y con el tiempo se marcha. Sin embargo los caballas sabemos qué es esta tierra, es una tierra en la que llevamos muchas décadas escuchando la misma cantinela despectiva de “esto con el tiempo será de Marruecos”, una ciudad que sufrió en 2021 una invasión de diez mil personas, una tierra que sintió zozobra cuando invadieron el islote del Perejil, una ciudad cuya seguridad fue puesta en entredicho en los setenta tras la Marcha Verde, y una tierra que que sufrió hace 300 años el asedio más largo de la historia conocida de la humanidad, 33 años sitiados. Pero esa es la Ceuta que resiste hoy, los ceutíes sabemos de qué va todo esto. Esa es la respuesta que doy a todas esas personas.

 

            Por mi parte, como ceutí, tengo claras varias cosas sobre lo que Ceuta necesita. De hecho, los ceutíes somos los únicos que de verdad tenemos derecho a decir cuáles son las cosas que Ceuta necesita.

 

            En primer lugar diré que los ceutíes hoy, más que nunca, necesitamos que el Jefe del Estado, el rey Felipe VI, venga a la ciudad, y que el gobierno de España lo autorice. Es una cuestión moral,  necesitamos tener el apoyo directo de la máxima representación de nuestro país y que ese apoyo sea visible, palpable, y sin cortapisas.

 

            En segundo lugar, los ceutíes necesitamos que desde el Gobierno se defienda a España sin tapujos y se empiecen a llamar a las cosas por su nombre. Esto no es sólo una crisis migratoria, es, sobre todo, una crisis humanitaria y territorial alentada y consentida por Marruecos. Y no, no es un problema sólo de Ceuta, es también un problema de credibilidad para toda España y también para Europa.

 

            En tercer lugar, Ceuta está desbordada y necesita que se garantice nuestra seguridad y también los servicios básicos de la ciudad. Esto no se soluciona con declaraciones populistas o bienintencionadas, ni prometiendo millones de euros. Esto se soluciona identificando y controlando a todos los ilegales que han entrado, habilitando espacios y alojamientos provisionales para evitar la invasión de toda la ciudad, facilitando alimentos y la mínima atención humanitaria para evitar reyertas, robos, allanamientos y saqueos a los ceutíes buscando comida o alojamiento.

 

            En Ceuta tenemos la sensación de desbordamiento también de la Administración, no por falta de recursos, que el Estado los tiene, sino por una pésima gestión de los mismos y por una nula organización efectiva de toda la maquinaria del Estado. Los policías o el ejército, vagan por las calles sin directrices claras y, sobre todo, sin capacidad real para dar una respuesta a esta situación.  

 

            En cuarto lugar, Ceuta necesita que se devuelvan, de manera urgente, a todos los que irrumpieron en territorio español de manera ilegal. Para ello, se debe poner en marcha la maquinaria legislativa y de coordinación europea y diplomática con ese único objetivo.

 

No hay excusas, no hay debates posibles. La Unión Europea está manifestando una posición mayoritaria sobre la protección de nuestras fronteras y sobre el sentido de las políticas migratorias, y España no puede ni debe quedarse al margen de esa posición mayoritaria. En Ceuta esto lo sufrimos en primera persona, lo vemos cada día y no es comprensible que esa coordinación no esté ya funcionando. 

 

            En quinto lugar, Ceuta necesita que empiece a cambiar la relación con Marruecos. Marruecos es un país vecino que no ejerce la buena vecindad, es un país autoritario y hostil con los intereses de España. A los ceutíes no nos sirven de nada las alabanzas a Marruecos por parte de quien debería defendernos. De nada sirve el miedo a un supuesto control migratorio de Marruecos si no lo ejerce, si en cualquier momento lo usa en su propio beneficio. Marruecos lleva muchos años recibiendo una lluvia millonaria de fondos europeos para, encima reírse de España. Hasta que los diplomáticos españoles dejen de venderse por un cous-cous y una tetera decorada, hasta que España no entienda que tiene la fuerza de la Unión Europea, y hasta que el Gobierno no endurezca su relación con Marruecos, nada va a cambiar.

 

            En sexto lugar, Ceuta necesitará recomponerse, volver a la normalidad. Llegado el momento tendremos que valorar nuestro impacto en términos económicos, en términos de credibilidad, de imagen turística, de pérdida de inversiones y de defensa efectiva de la ciudad. Y tras valorarlo, habrá que solicitar que se garanticen esas necesidades y la restitución de todas las pérdidas sufridas por miles de negocios.

 

            Y por último, Ceuta no necesita reafirmar su españolidad, ni necesitamos que nadie venga a confirmarnos que somos españoles. En Ceuta lo sabemos desde que España es España, no es un tema sujeto a debate. Lo que Ceuta necesita es que se nos trate como españoles, que se nos garanticen nuestros derechos como españoles y no sentirnos solos ni desamparados cuando nos agreden de esta manera.

 

            Hasta hace sólo quince días, Ceuta tenía planes de futuro. Hoy sólo tenemos incertidumbre y mucha rabia. Cuando todo esto pase, que pasará, entre todos tendremos que decidir cuál es nuestro camino y definir cómo conseguirlo. Si después de esto no tomamos las riendas, no habremos aprendido nada.

 

La opinión de Ceuta Ahora se refleja únicamente en sus editoriales. La libertad de expresión, la libertad en general, es una máxima de filosofía de este medio que puede compartir o no las opiniones de sus articulistas

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