Crisis en Ceuta
Marlaska vuelve a Ceuta 15 días después: más de 5.000 marroquíes siguen dentro y el Gobierno aún no tiene una salida para la crisis
El ministro del Interior regresa a una ciudad que continúa bajo despliegue militar y policial, con miles de personas llegadas durante la entrada masiva del 30 de julio todavía en sus calles y sin un dispositivo integral conocido para resolver su permanencia
Ceuta afronta este jueves una nueva visita del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quince días después de la entrada masiva que desbordó la frontera y alteró por completo la vida de la ciudad. Y lo hace con una realidad que apenas ha cambiado desde aquellos últimos días de julio: miles de personas continúan en territorio ceutí, las Fuerzas Armadas y los cuerpos policiales mantienen su presencia en las calles y el Gobierno de la Nación todavía no ha explicado con claridad cuál es el plan definitivo para resolver una crisis que ya se prolonga durante dos semanas.
Más de 5.000 marroquíes permanecerían todavía en Ceuta después de haber entrado durante la avalancha fronteriza y de no haber regresado a Marruecos. A ellos se suma una segunda bolsa estimada en torno a 2.500 extranjeros, fundamentalmente subsaharianos y magrebíes de nacionalidades distintas de la marroquí. Y existe además otro frente especialmente sensible: más de 2.000 menores que permanecen bajo responsabilidad de las administraciones españolas, junto a un número todavía no precisado de mujeres marroquíes cuya situación tampoco ha recibido una respuesta pública suficientemente concreta.
El problema, por tanto, ya no puede reducirse a la emergencia producida en la frontera. Se ha convertido en una crisis de permanencia, seguridad, asistencia y control territorial.
Dos semanas después, la solución no se plantea
La presencia de militares, policías nacionales y guardias civiles continúa siendo visible en distintos puntos de Ceuta. Patrullas recorren barrios y zonas especialmente sensibles en un dispositivo cuya principal consecuencia inmediata es la disuasión y el mantenimiento de una cierta sensación de control.
Patrullar no resuelve por sí solo qué hacer con miles de personas que siguen en la ciudad, ni determina quiénes son, de dónde proceden exactamente, cuáles son sus circunstancias o qué intención tienen quienes han decidido permanecer en Ceuta pese al paso de los días.
El Gobierno no explica qué mecanismos pretende utilizar para gestionar los retornos de quienes accedieron irregularmente desde Marruecos y qué procedimiento se aplicará a quienes no puedan ser devueltos de forma inmediata. Tampco aclara cómo se está coordinando, si se coordina, la actuación de Interior con el Ministerio de Migraciones, el Ministerio de Juventud e Infancia y la propia Ciudad Autónoma.
Hasta ahora, la respuesta no es integral frente a una crisis que afecta simultáneamente a la seguridad, la inmigración, la protección de menores, la sanidad y los servicios sociales.
Seguridad nacional
Hay, además, un muy serio asunto que permanece prácticamente silenciado: quiénes son exactamente las personas que continúan en Ceuta y qué nivel de riesgo puede representar una parte de ellas.
No existe base pública para afirmar que entre quienes permanecen en la ciudad haya agentes de los servicios de inteligencia marroquíes infiltrados o personas vinculadas al terrorismo yihadista. Pero tampoco parece razonable que, después de una entrada masiva de estas dimensiones, las autoridades españolas puedan permitirse ignorar cualquier hipótesis de riesgo.
La eventual presencia de personas vinculadas a servicios de inteligencia extranjeros, individuos que puedan intentar obtener información sobre instalaciones estratégicas o personas radicalizadas constituye precisamente uno de los escenarios que los servicios de seguridad tratan de investigar y descartar mediante información, identificación y seguimiento, no mediante especulaciones públicas.
Policía Nacional, Guardia Civil y los servicios de inteligencia españoles cuentan con unidades especializadas que trabajan precisamente sobre estas amenazas. También la inteligencia militar tiene entre sus cometidos la evaluación de riesgos para la seguridad y la defensa. El alcance de esas investigaciones, naturalmente, no puede hacerse público si afecta a operaciones en curso.
Pero la dimensión de lo ocurrido y dada las escasas respuestas efectivas ofrecidas en materia de operatividad y solucion, pondría en discusión si el Estado dispondría ya de una fotografía completa de quiénes han entrado, quiénes permanecen y qué riesgos pueden esconderse detrás de una situación de caos prolongado.
Y menores siguen creciendo en número
Mientras tanto, la presión sobre el sistema de protección de menores continúa siendo uno de los principales quebraderos de cabeza para Ceuta. La llegada masiva disparó las cifras hasta superar los 2.000 menores, multiplicando una situación que ya era extraordinaria antes del 30 de julio. De momento identificados algo más de 1.500 pero el recuento no ha terminado.
La Ciudad ha tenido que habilitar nuevos espacios y recurrir a dispositivos extraordinarios, mientras reclama al Gobierno central una respuesta estructural. El Ministerio de Juventud e Infancia ha anunciado mecanismos de derivación, pero el tiempo pasa, los días transcurren y los menores están asumidos tambien por vecinos como por ejemplo los del Príncipe.
A este escenario se añade la situación de las mujeres marroquíes llegadas durante la avalancha, cuya cifra todavía no ha sido cuantificada públicamente con precisión y cuya respuesta específica tampoco se ha explicado de forma suficiente.
Un agosto que nunca se olvidará
Para Ceuta, el verano terminó el 30 de julio. Desde entonces, la ciudad vive en una especie de estado de excepción de facto: calles patrulladas, instalaciones sometidas a vigilancia reforzada, recursos asistenciales tensionados, centros de menores desbordados y una población que sigue esperando una respuesta que vaya más allá de los comunicados y de las visitas institucionales.
La llegada de Marlaska hoy, que comparecerá en la Delegacion del Gobierno a las 12:00 de este mediodía, pone la diana sobre el Gobierno de España. El ministro tendrá que explicar qué ha cambiado en estos quince días y, sobre todo, qué va a cambiar a partir de ahora y qué piensa hacer el Estado con las miles que todavía siguen aquí.
La situación sanitaria, la crisis asistencial que el Ministerio no reconoce, y la emergencia suscitada, que puede provocar un escenario de riesgo para la Salud Publica en Ceuta es tambien un foco preocupante. Y todo ello, a poco menos de un mes del inicio del regreso escolar para miles de estudiantes ceutíes. La cuenta atrás sigue corriendo para que, sin que haya soluciónes reales, se una la actual y lamentable situacion en Ceuta, con las entradas de miles de niños y jóvenes en el comienzo de un nuevo curso escolar. Tic Tac para el Gobierno Sánchez.

Ceuta afronta este jueves una nueva visita del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quince días después de la entrada masiva que desbordó la frontera y alteró por completo la vida de la ciudad. Y lo hace con una realidad que apenas ha cambiado desde aquellos últimos días de julio: miles de personas continúan en territorio ceutí, las Fuerzas Armadas y los cuerpos policiales mantienen su presencia en las calles y el Gobierno de la Nación todavía no ha explicado con claridad cuál es el plan definitivo para resolver una crisis que ya se prolonga durante dos semanas.
Más de 5.000 marroquíes permanecerían todavía en Ceuta después de haber entrado durante la avalancha fronteriza y de no haber regresado a Marruecos. A ellos se suma una segunda bolsa estimada en torno a 2.500 extranjeros, fundamentalmente subsaharianos y magrebíes de nacionalidades distintas de la marroquí. Y existe además otro frente especialmente sensible: más de 2.000 menores que permanecen bajo responsabilidad de las administraciones españolas, junto a un número todavía no precisado de mujeres marroquíes cuya situación tampoco ha recibido una respuesta pública suficientemente concreta.
El problema, por tanto, ya no puede reducirse a la emergencia producida en la frontera. Se ha convertido en una crisis de permanencia, seguridad, asistencia y control territorial.
Dos semanas después, la solución no se plantea
La presencia de militares, policías nacionales y guardias civiles continúa siendo visible en distintos puntos de Ceuta. Patrullas recorren barrios y zonas especialmente sensibles en un dispositivo cuya principal consecuencia inmediata es la disuasión y el mantenimiento de una cierta sensación de control.
Patrullar no resuelve por sí solo qué hacer con miles de personas que siguen en la ciudad, ni determina quiénes son, de dónde proceden exactamente, cuáles son sus circunstancias o qué intención tienen quienes han decidido permanecer en Ceuta pese al paso de los días.
El Gobierno no explica qué mecanismos pretende utilizar para gestionar los retornos de quienes accedieron irregularmente desde Marruecos y qué procedimiento se aplicará a quienes no puedan ser devueltos de forma inmediata. Tampco aclara cómo se está coordinando, si se coordina, la actuación de Interior con el Ministerio de Migraciones, el Ministerio de Juventud e Infancia y la propia Ciudad Autónoma.
Hasta ahora, la respuesta no es integral frente a una crisis que afecta simultáneamente a la seguridad, la inmigración, la protección de menores, la sanidad y los servicios sociales.
Seguridad nacional
Hay, además, un muy serio asunto que permanece prácticamente silenciado: quiénes son exactamente las personas que continúan en Ceuta y qué nivel de riesgo puede representar una parte de ellas.
No existe base pública para afirmar que entre quienes permanecen en la ciudad haya agentes de los servicios de inteligencia marroquíes infiltrados o personas vinculadas al terrorismo yihadista. Pero tampoco parece razonable que, después de una entrada masiva de estas dimensiones, las autoridades españolas puedan permitirse ignorar cualquier hipótesis de riesgo.
La eventual presencia de personas vinculadas a servicios de inteligencia extranjeros, individuos que puedan intentar obtener información sobre instalaciones estratégicas o personas radicalizadas constituye precisamente uno de los escenarios que los servicios de seguridad tratan de investigar y descartar mediante información, identificación y seguimiento, no mediante especulaciones públicas.
Policía Nacional, Guardia Civil y los servicios de inteligencia españoles cuentan con unidades especializadas que trabajan precisamente sobre estas amenazas. También la inteligencia militar tiene entre sus cometidos la evaluación de riesgos para la seguridad y la defensa. El alcance de esas investigaciones, naturalmente, no puede hacerse público si afecta a operaciones en curso.
Pero la dimensión de lo ocurrido y dada las escasas respuestas efectivas ofrecidas en materia de operatividad y solucion, pondría en discusión si el Estado dispondría ya de una fotografía completa de quiénes han entrado, quiénes permanecen y qué riesgos pueden esconderse detrás de una situación de caos prolongado.
Y menores siguen creciendo en número
Mientras tanto, la presión sobre el sistema de protección de menores continúa siendo uno de los principales quebraderos de cabeza para Ceuta. La llegada masiva disparó las cifras hasta superar los 2.000 menores, multiplicando una situación que ya era extraordinaria antes del 30 de julio. De momento identificados algo más de 1.500 pero el recuento no ha terminado.
La Ciudad ha tenido que habilitar nuevos espacios y recurrir a dispositivos extraordinarios, mientras reclama al Gobierno central una respuesta estructural. El Ministerio de Juventud e Infancia ha anunciado mecanismos de derivación, pero el tiempo pasa, los días transcurren y los menores están asumidos tambien por vecinos como por ejemplo los del Príncipe.
A este escenario se añade la situación de las mujeres marroquíes llegadas durante la avalancha, cuya cifra todavía no ha sido cuantificada públicamente con precisión y cuya respuesta específica tampoco se ha explicado de forma suficiente.
Un agosto que nunca se olvidará
Para Ceuta, el verano terminó el 30 de julio. Desde entonces, la ciudad vive en una especie de estado de excepción de facto: calles patrulladas, instalaciones sometidas a vigilancia reforzada, recursos asistenciales tensionados, centros de menores desbordados y una población que sigue esperando una respuesta que vaya más allá de los comunicados y de las visitas institucionales.
La llegada de Marlaska hoy, que comparecerá en la Delegacion del Gobierno a las 12:00 de este mediodía, pone la diana sobre el Gobierno de España. El ministro tendrá que explicar qué ha cambiado en estos quince días y, sobre todo, qué va a cambiar a partir de ahora y qué piensa hacer el Estado con las miles que todavía siguen aquí.
La situación sanitaria, la crisis asistencial que el Ministerio no reconoce, y la emergencia suscitada, que puede provocar un escenario de riesgo para la Salud Publica en Ceuta es tambien un foco preocupante. Y todo ello, a poco menos de un mes del inicio del regreso escolar para miles de estudiantes ceutíes. La cuenta atrás sigue corriendo para que, sin que haya soluciónes reales, se una la actual y lamentable situacion en Ceuta, con las entradas de miles de niños y jóvenes en el comienzo de un nuevo curso escolar. Tic Tac para el Gobierno Sánchez.




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