Sábado, 01 de Agosto de 2026

Actualizada Sábado, 01 de Agosto de 2026 a las 18:25:38 horas

Rodrigo Díaz Rodrigo Díaz
Sábado, 01 de Agosto de 2026

Cuando Ceuta llama, siempre responde la Guardia Civil

Hay momentos en los que una ciudad descubre quiénes están verdaderamente a su lado. Los acontecimientos vividos en Ceuta durante estos últimos días, con una presión migratoria de una magnitud desconocida en años y que muchos ceutíes han percibido como una auténtica invasión por su intensidad y consecuencias, han vuelto a demostrar una realidad incontestable: cuando la situación se vuelve crítica, quienes sostienen el Estado no son los discursos políticos, sino los hombres y mujeres que cumplen con su deber sobre el terreno.

 

Mientras desde los despachos llegaban mensajes de calma y declaraciones institucionales, en la frontera la realidad era muy distinta. Había que actuar. Había que proteger la ciudad. Había que garantizar la seguridad de los ciudadanos y evitar que una situación extraordinaria terminara convirtiéndose en un problema todavía mayor. Y, una vez más, quienes dieron el paso al frente fueron quienes siempre lo hacen.

 

Si hay una institución que merece un reconocimiento especial por la labor desarrollada durante estos días es, sin duda, la Guardia Civil. No porque haya buscado el protagonismo, sino precisamente porque nunca lo hace. La esencia del Instituto Armado siempre ha sido la misma: trabajar con discreción, eficacia y una inquebrantable vocación de servicio. Durante los momentos más complicados, cientos de guardias civiles afrontaron una presión constante, muchas veces con recursos limitados y jornadas de enorme exigencia física y mental, protegiendo una de las fronteras exteriores de España y de la Unión Europea.

 

La imagen que la mayoría de los ciudadanos tiene de la Guardia Civil suele reducirse al agente que patrulla la frontera o realiza un control. Sin embargo, detrás de esa imagen existe una organización perfectamente coordinada, donde cada especialidad ha desempeñado un papel decisivo.

 

El Servicio Marítimo ha desarrollado una labor esencial, actuando de forma permanente en el mar para proteger la frontera y salvar vidas. El Grupo Especial de Actividades Subacuáticas ha intervenido en escenarios especialmente delicados, demostrando una preparación técnica y humana incuestionable.

 

Los componentes de Seguridad Ciudadana han soportado buena parte del esfuerzo diario, reforzando dispositivos, manteniendo la seguridad y respondiendo allí donde la situación lo exigía. Los Grupos de Reserva y Seguridad han aportado toda su capacidad operativa cuando la magnitud de los acontecimientos requería unidades altamente especializadas.

 

La Unidad de Seguridad Ciudadana ha reforzado los servicios más complejos, mientras que Policía Judicial e Información han desarrollado un trabajo discreto, silencioso y absolutamente imprescindible para facilitar la respuesta operativa de toda la Comandancia.

 

Igualmente determinante ha sido la labor de Fiscal y Fronteras, pieza clave en una ciudad donde el control fronterizo constituye una misión permanente. Tampoco puede olvidarse el trabajo de quienes, lejos del foco mediático, hacen posible que toda esa maquinaria funcione desde los centros de coordinación, transmisiones, logística, oficinas y servicios de apoyo. En una situación como la vivida estos días no existen destinos secundarios; todos son necesarios y todos cuentan.

 

Desde mi punto de vista, la actuación de la Guardia Civil ha sido decisiva para contener una situación extraordinariamente complicada y evitar que derivara en consecuencias aún más graves. Ha demostrado capacidad de sacrificio, disciplina, profesionalidad y un profundo compromiso con Ceuta y con España.

 

Junto a ella, las Fuerzas Armadas han vuelto a ofrecer el respaldo que siempre caracteriza a nuestros militares. Su colaboración, su disponibilidad y su apoyo han reforzado el dispositivo general y han transmitido a la ciudadanía la tranquilidad que aporta saber que quienes sirven a España están preparados para actuar cuando las circunstancias lo requieren.

 

También merece un reconocimiento sincero la Policía Local de Ceuta. Su labor protegiendo infraestructuras, garantizando el funcionamiento de la ciudad y colaborando estrechamente con el resto de cuerpos policiales ha sido esencial para mantener la normalidad dentro de una situación que de normal no tenía absolutamente nada.

 

La Policía Nacional, igualmente, ha desarrollado las funciones propias de sus competencias dentro del dispositivo establecido, contribuyendo al esfuerzo conjunto desplegado durante estos días.

 

Pero sería profundamente injusto olvidar a quienes, sin vestir uniforme, también han demostrado estar a la altura de las circunstancias.

 

El pueblo de Ceuta ha vuelto a ofrecer una lección de fortaleza. Sus ciudadanos han respondido con serenidad, responsabilidad y una determinación admirable para defender su ciudad y mantener la convivencia en momentos especialmente difíciles. Esa fortaleza colectiva constituye uno de los mayores patrimonios de Ceuta. Porque una ciudad no solo se protege desde sus instituciones; también se protege desde el compromiso de quienes la sienten como propia.

 

Frente a esa respuesta ejemplar de servidores públicos y ciudadanos, la política vuelve a suspender.

 

El Gobierno de España ha ofrecido una imagen de reacción tardía e improvisación. Una frontera como la de Ceuta no puede gestionarse únicamente cuando la presión alcanza niveles extraordinarios o cuando las imágenes ocupan las portadas nacionales. La defensa de una frontera exterior de Europa requiere planificación permanente, inversiones suficientes, recursos humanos adecuados y una estrategia clara que no dependa de la urgencia del momento.

 

Pero tampoco el Gobierno de la Ciudad Autónoma puede eludir su parte de responsabilidad. La lealtad institucional nunca debe convertirse en subordinación política. Gobernar Ceuta exige defender los intereses de la ciudad por encima de cualquier disciplina o afinidad con el Gobierno central.

 

En estos días ha quedado la sensación de que el Ejecutivo local aceptó durante demasiado tiempo los mensajes de tranquilidad procedentes de Madrid, cuando la realidad sobre el terreno ya aconsejaba reclamar con mucha más firmeza medios, efectivos y decisiones. Esa separación respecto a los planteamientos del Gobierno central debería haberse producido mucho antes. Defender a Ceuta también consiste en decir “no” cuando es necesario y en exigir soluciones antes de que los problemas alcancen dimensiones extraordinarias.

 

La historia juzgará las decisiones políticas. Pero los ceutíes difícilmente olvidarán quién estuvo en la frontera, quién protegió las infraestructuras, quién permaneció de servicio durante horas interminables y quién dio tranquilidad a una ciudad que vivía momentos de enorme incertidumbre.

 

Estos días han dejado muchas imágenes que permanecerán en la memoria colectiva de Ceuta. Pero, por encima de todas ellas, permanecerá una certeza: cuando la ciudad necesitó ser defendida, cientos de hombres y mujeres de la Guardia Civil dieron un paso al frente sin preguntar cuántas horas quedaban de servicio ni qué reconocimiento recibirían después. Las Fuerzas Armadas estuvieron donde debían estar. La Policía Local cumplió con eficacia su responsabilidad. La Policía Nacional desempeñó las funciones que tenía encomendadas. Y la ciudadanía volvió a demostrar que Ceuta posee un carácter forjado en la adversidad.

 

Pero sería un error pensar que todo termina aquí. Ceuta sigue teniendo por delante importantes desafíos y aún queda mucho trabajo por hacer. Sin embargo, ese trabajo ya no corresponde únicamente a quienes patrullan nuestras calles, vigilan nuestra frontera o permanecen de servicio las veinticuatro horas del día. Ahora el mayor esfuerzo debe hacerse en los despachos. Es allí donde deben adoptarse las decisiones valientes que Ceuta necesita, dotar de más recursos a quienes los requieren, reforzar la protección de nuestra frontera y diseñar una estrategia sólida que impida que situaciones como la vivida estos días vuelvan a repetirse.

 

Porque si algo ha quedado demostrado durante esta crisis es que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la Policía Local, las Fuerzas Armadas, los ciudadanos de Ceuta y tantas entidades que trabajan silenciosamente por esta ciudad, como Cruz Roja y otras organizaciones, asociaciones y colectivos, siempre están al pie del cañón cuando la situación lo exige. Ellos nunca fallan. Son quienes sostienen Ceuta cuando llegan los momentos más difíciles.

 

Ahora les corresponde a quienes ocupan los despachos estar a la misma altura del compromiso demostrado sobre el terreno. Porque Ceuta ya ha cumplido. Sus servidores públicos también. Sus ciudadanos, una vez más, han dado ejemplo. Ha llegado el momento de que la respuesta política esté, de una vez por todas, a la altura del esfuerzo, el sacrificio y la lealtad que esta ciudad lleva tantos años demostrando.

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