José Luís Sanz, alcalde de Sevilla, muy criticado en la capital hispalense por permitir construir una mezquita en el Polígono Sur
Antonio Palomar García
Sevilla es Cristiana, no musulmana
Sevilla es cristiana. Sevilla es mariana. Sevilla no es musulmana.
Por encima de informes técnicos, por encima de grandilocuencias personales de su alcalde, empeñado en reflejarse en Carlos III, no el del coñac sino el actual rey de Inglaterra (mientras le dejen), Sevilla es profundamente cristiana. Y si nuestra democracia, guiada por este wokismo que todo lo corrompe, pretende llevar a Sevilla a su entrega de nuevo a manos del islamismo, cual está ocurriendo en el otrora Imperio Británico, me temo que se va a encontrar con una respuesta social que le va a costar carísimo al Partido Popular sevillano, desorientado hasta el extremo, en su empeño por seguir indicaciones de quienes pretenden rediseñar nuestro modo de vida sin valorar lo que secularmente venimos siendo. Craso error, José Luis, poner informes técnicos por delante de centurias de esencia cristiana arraigada por cualquier centímetro cuadrado de territorio hispalense.
VOX viene advirtiendo al "Mayor" sevillano que puede perder el sillón, -sin irse de Sevilla -, de continuar en su intención de crear el principal efecto llamada que tiene un musulmán, en uno de los centros más deseados por semejantes creyentes, la capital de lo que conocen como Al Andalus.
Porque VOX, como el conjunto de la sociedad sevillana, es un partido conocedor de que lo que ocurre en tantos lugares de Europa como en el Reino Unido, tuvo un origen similar al que ahora se pretende sembrar en el Polígono Sur, que puede terminar convirtiéndose en el norte que indique el camino a demasiado caso puntual, de esos de los que procuran ocultar su origen cuando deciden poner en práctica las enseñanzas recibidas en centros como el que se quiere levantar, con el visto bueno y más que previsible discurso sumiso y buenista del alcalde cuando llegue el momento de su inauguración. Será que hay que honrar a esos mayores que les guían desde Bruselas.
Los sevillanos saben lo que ocurre en Francia, donde varias iglesias, sin cambio climático que valga, han visto su fin bajo las llamas; o en territorio anglosajón, donde múltiples alcaldes musulmanes alcanzaron sus cetros apoyados en mayorías de fe islámica que, como avisan algunos estudiosos, han hecho de Gran Bretaña una nación suicidada. Alemania, Bélgica, los países nórdicos e, incluso, nuestros vecinos portugueses han iniciado el camino de la autodefensa, prohibiendo todo aquello que consista en fomentar la presencia en su territorio de todos estos, que siguen a pies juntillas aquel anuncio de los años sesenta desde la tribuna de la ONU, que advertía que “conquistarán Europa con el vientre de sus mujeres”. En relación con todo eso, el Primer Edil del Consistorio de la Plaza Nueva va en dirección contraria.
José Luis Sanz yerra y no parece tener voluntad de rectificar, por más que los propios vecinos se lo hayan pedido. Cuando VOX anuncie, si nadie lo impide en el PP regional o nacional, la ruptura de su pacto, Sanz pondrá el grito en el cielo, y llamará irresponsables a quienes hoy lidera Gonzalo García de Polavieja en el Ayuntamiento que se ubica junto a la Plaza de San Fernando ¿Le suena San Fernando, José Luis?. Y dirá que las cosas de VOX las deciden en Madrid, vamos, lo de siempre.
A partir de ahí, reitero, si nadie en el PP lo impide, -perdonen la debilidad- la Ciudad más Hermosa del Planeta iniciará su camino hacia Dios sabe dónde, porque cuando las raíces se seccionan, mal asunto para el tallo que soportan.
Sevilla es cristiana y es mariana, José Luis, no se la cargue. No lo vamos a consentir.
Sevilla es cristiana. Sevilla es mariana. Sevilla no es musulmana.
Por encima de informes técnicos, por encima de grandilocuencias personales de su alcalde, empeñado en reflejarse en Carlos III, no el del coñac sino el actual rey de Inglaterra (mientras le dejen), Sevilla es profundamente cristiana. Y si nuestra democracia, guiada por este wokismo que todo lo corrompe, pretende llevar a Sevilla a su entrega de nuevo a manos del islamismo, cual está ocurriendo en el otrora Imperio Británico, me temo que se va a encontrar con una respuesta social que le va a costar carísimo al Partido Popular sevillano, desorientado hasta el extremo, en su empeño por seguir indicaciones de quienes pretenden rediseñar nuestro modo de vida sin valorar lo que secularmente venimos siendo. Craso error, José Luis, poner informes técnicos por delante de centurias de esencia cristiana arraigada por cualquier centímetro cuadrado de territorio hispalense.
VOX viene advirtiendo al "Mayor" sevillano que puede perder el sillón, -sin irse de Sevilla -, de continuar en su intención de crear el principal efecto llamada que tiene un musulmán, en uno de los centros más deseados por semejantes creyentes, la capital de lo que conocen como Al Andalus.
Porque VOX, como el conjunto de la sociedad sevillana, es un partido conocedor de que lo que ocurre en tantos lugares de Europa como en el Reino Unido, tuvo un origen similar al que ahora se pretende sembrar en el Polígono Sur, que puede terminar convirtiéndose en el norte que indique el camino a demasiado caso puntual, de esos de los que procuran ocultar su origen cuando deciden poner en práctica las enseñanzas recibidas en centros como el que se quiere levantar, con el visto bueno y más que previsible discurso sumiso y buenista del alcalde cuando llegue el momento de su inauguración. Será que hay que honrar a esos mayores que les guían desde Bruselas.
Los sevillanos saben lo que ocurre en Francia, donde varias iglesias, sin cambio climático que valga, han visto su fin bajo las llamas; o en territorio anglosajón, donde múltiples alcaldes musulmanes alcanzaron sus cetros apoyados en mayorías de fe islámica que, como avisan algunos estudiosos, han hecho de Gran Bretaña una nación suicidada. Alemania, Bélgica, los países nórdicos e, incluso, nuestros vecinos portugueses han iniciado el camino de la autodefensa, prohibiendo todo aquello que consista en fomentar la presencia en su territorio de todos estos, que siguen a pies juntillas aquel anuncio de los años sesenta desde la tribuna de la ONU, que advertía que “conquistarán Europa con el vientre de sus mujeres”. En relación con todo eso, el Primer Edil del Consistorio de la Plaza Nueva va en dirección contraria.
José Luis Sanz yerra y no parece tener voluntad de rectificar, por más que los propios vecinos se lo hayan pedido. Cuando VOX anuncie, si nadie lo impide en el PP regional o nacional, la ruptura de su pacto, Sanz pondrá el grito en el cielo, y llamará irresponsables a quienes hoy lidera Gonzalo García de Polavieja en el Ayuntamiento que se ubica junto a la Plaza de San Fernando ¿Le suena San Fernando, José Luis?. Y dirá que las cosas de VOX las deciden en Madrid, vamos, lo de siempre.
A partir de ahí, reitero, si nadie en el PP lo impide, -perdonen la debilidad- la Ciudad más Hermosa del Planeta iniciará su camino hacia Dios sabe dónde, porque cuando las raíces se seccionan, mal asunto para el tallo que soportan.
Sevilla es cristiana y es mariana, José Luis, no se la cargue. No lo vamos a consentir.
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