Rachid Sbihi Ahmed
Carta abierta a un coronel de Regulares y a un padre valiente
Mi Coronel:
Hay ocasiones en las que el verdadero valor no se demuestra en el campo de maniobras, sino en la vida.
No bajo el estruendo de las armas, sino en el silencio de una decisión difícil.
Esta es una de ellas.
Usted sirvió durante años en el Grupo de Regulares de Ceuta número 54, una de las unidades más condecoradas y de mayor tradición del Ejército español.
Una unidad cuya historia está marcada por el sacrificio, el cumplimiento del deber, el honor, la lealtad y el valor sereno de quienes, incluso en las circunstancias más adversas, anteponen el servicio a cualquier interés personal.
Esos valores no se exhiben; se practican.
Quizá por ello, cuando tuvo conocimiento de unos hechos que afectaban a su propio hijo, actuó como había hecho durante toda su vida: con la serenidad de quien sabe que el deber nunca admite atajos y que el silencio jamás puede ser una opción cuando está en juego la protección de un menor.
No buscó notoriedad ni reconocimiento.
Simplemente cumplió con la obligación moral que tiene un padre y un ciudadano.
Denunció unos hechos de extraordinaria gravedad y confió en que fueran las instituciones del Estado las que hicieran su trabajo.
Hoy, con la sentencia firme del Tribunal Supremo que confirma la condena a trece años y seis meses de prisión del exprofesor del Colegio San Agustín de Ceuta, la Justicia ha culminado un largo proceso.
La resolución acredita la importancia de que aquella denuncia fuera presentada y de que nunca se abandonara la búsqueda de la verdad.
Ese resultado tampoco habría sido posible sin el extraordinario trabajo de investigación desarrollado por la Guardia Civil.
Sus agentes llevaron a cabo una labor discreta, rigurosa y profesional que permitió reunir las pruebas necesarias para que los tribunales pudieran esclarecer los hechos.
En investigaciones de esta naturaleza, la paciencia, la preparación y el respeto escrupuloso por las garantías legales son tan importantes como la determinación.
Su actuación como padre y la actuación de la Guardia Civil representan dos formas distintas de servicio público, pero unidas por un mismo principio: hacer lo correcto, aunque el camino sea largo y difícil.
En una sociedad donde con demasiada frecuencia se mira hacia otro lado, usted eligió el camino más exigente.
No actuó movido por el rencor, sino por la responsabilidad.
No buscó venganza, sino justicia.
Los Regulares han escrito páginas memorables de la historia militar de España.
Usted, sin uniforme de campaña y lejos de cualquier escenario militar, ha escrito una página distinta, pero igualmente digna de respeto: la de un padre que antepuso la verdad, la protección de su hijo y el cumplimiento del deber a cualquier otra consideración.
Ese es, probablemente, el mayor servicio que un hombre puede prestar a su familia y a la sociedad.
Mi reconocimiento y mi gratitud.
Mi Coronel:
Hay ocasiones en las que el verdadero valor no se demuestra en el campo de maniobras, sino en la vida.
No bajo el estruendo de las armas, sino en el silencio de una decisión difícil.
Esta es una de ellas.
Usted sirvió durante años en el Grupo de Regulares de Ceuta número 54, una de las unidades más condecoradas y de mayor tradición del Ejército español.
Una unidad cuya historia está marcada por el sacrificio, el cumplimiento del deber, el honor, la lealtad y el valor sereno de quienes, incluso en las circunstancias más adversas, anteponen el servicio a cualquier interés personal.
Esos valores no se exhiben; se practican.
Quizá por ello, cuando tuvo conocimiento de unos hechos que afectaban a su propio hijo, actuó como había hecho durante toda su vida: con la serenidad de quien sabe que el deber nunca admite atajos y que el silencio jamás puede ser una opción cuando está en juego la protección de un menor.
No buscó notoriedad ni reconocimiento.
Simplemente cumplió con la obligación moral que tiene un padre y un ciudadano.
Denunció unos hechos de extraordinaria gravedad y confió en que fueran las instituciones del Estado las que hicieran su trabajo.
Hoy, con la sentencia firme del Tribunal Supremo que confirma la condena a trece años y seis meses de prisión del exprofesor del Colegio San Agustín de Ceuta, la Justicia ha culminado un largo proceso.
La resolución acredita la importancia de que aquella denuncia fuera presentada y de que nunca se abandonara la búsqueda de la verdad.
Ese resultado tampoco habría sido posible sin el extraordinario trabajo de investigación desarrollado por la Guardia Civil.
Sus agentes llevaron a cabo una labor discreta, rigurosa y profesional que permitió reunir las pruebas necesarias para que los tribunales pudieran esclarecer los hechos.
En investigaciones de esta naturaleza, la paciencia, la preparación y el respeto escrupuloso por las garantías legales son tan importantes como la determinación.
Su actuación como padre y la actuación de la Guardia Civil representan dos formas distintas de servicio público, pero unidas por un mismo principio: hacer lo correcto, aunque el camino sea largo y difícil.
En una sociedad donde con demasiada frecuencia se mira hacia otro lado, usted eligió el camino más exigente.
No actuó movido por el rencor, sino por la responsabilidad.
No buscó venganza, sino justicia.
Los Regulares han escrito páginas memorables de la historia militar de España.
Usted, sin uniforme de campaña y lejos de cualquier escenario militar, ha escrito una página distinta, pero igualmente digna de respeto: la de un padre que antepuso la verdad, la protección de su hijo y el cumplimiento del deber a cualquier otra consideración.
Ese es, probablemente, el mayor servicio que un hombre puede prestar a su familia y a la sociedad.
Mi reconocimiento y mi gratitud.
La opinión de Ceuta Ahora se refleja únicamente en sus editoriales. La libertad de expresión, la libertad en general, es una máxima de filosofía de este medio que puede compartir o no las opiniones de sus articulistas






















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.52