Antonio Palomar García
Sánchez ¿Arreglarlo? ¿Tú?...
A veces, antes de ponerse a escribir, uno tiene esa necesidad de dejar pasar los acontecimientos, echar el balón al suelo, y esperar a ver qué actitud y decisiones adoptan quienes nos gobiernan ante acontecimientos que superan nuestra capacidad de aguante que, en España, ya supera demasiados records.
Ante los incendios que a está hora aún asolan el extrarradio madrileño, zonas de Huelva, Córdoba y por distintos lares de Cataluña, vemos como nadie hace acto de contrición alguno, ni nadie que anuncie que todas esas leyes proincendios que regulan la actividad en nuestros montes vayan a ser derogadas o, al menos, rectificadas y modificadas, en pro de evitar que las llamas y el humo sigan sirviendo de inútil cortina a toda la podredumbre política que nuestros juzgados continúan sometiendo a sus futuras sentencias.
Nadie anuncia que las promesas de más medios a nuestros cuerpos de seguridad se vayan a cumplir, ni que los hidroaviones que se iban a disponer despeguen algún día. Nadie, absolutamente nadie, anuncia nada. Al contrario, frente a la evidencia de detenciones por provocar algunos de esos fuegos, o de coches ardiendo que provocaron otros, nuestro gobierno sigue tomando al pueblo por tonto e irresponsable, porque le quiere ocultar las verdaderas causa de los incendios y, encima, nos llama subliminalmente la atención porque no somos conscientes de los problemas que causa cambio climático. Lo dicho, si no fuera porque eché el balón al suelo, diría que nos toman por gilipollas...
Y ni dicen ni hacen nada porque el cambio climático, ese que impide limpiar el monte como es debido y siempre se hizo, ese que no fomenta que quienes saben de campo sean escuchados, ese que infla los bolsillos con billetes a tantos, ese cambio tiene que continuar actuando en agosto (tiene todo el mes por delante), para volver a llenarnos los programas de televisión de imágenes que amedrentan, o de pueblos que se vuelven a salvar a sí mismo, mientras el gobierno vuelve a aparecer en cámara con caritas descompuestas y el cambio climático rebosándole por la comisuras de los labios, mientras a sus espaldas el monte se quema y se requema porque en algunos lugares repite visita al lugar...
Por suerte, llegará septiembre y octubre, y las llamas habrán desaparecido, y las voces críticas acalladas, y los verdaderos defensores de que exista el climático que jamás hacen nada para evitar incendios, frotándose las manos, porque a ellos no les faltará el dinero para sus proyectos inútiles, mientras el monte continúa y vuelve a llenarse de todos esos millones de kilos carga volátil que espera la mente criminal, el accidente inoportuno o casualidad más inesperada para volver a evacuar de sus casas a todos aquellos que ya advirtieron que volvería a pasar y, de nuevo, se verán durmiendo en camastros de polideportivos (los hoteles de 4 estrellas son para los inmigrantes ilegales), y mendigando ayuda a paisanos del pueblo de al lado que no dudarán en ofrecer, porque el pueblo (con estos no nos queda otra), siempre salva al pueblo.
Tras los incendios de 2022 en Zamora, Sánchez llegó diciendo que lo iban a arreglar, a lo que un vecino ya mayor, de esos que saben de campo y de sierra casi más que él lentisco, le espetó «¿Arreglarlo?, ¿tú?… ¿tú arreglar?».
En estos días, incluso las domésticas televisiones del régimen, anuncian que vivimos los peores incendios de nuestra historia superando los de 2025. Me gustaría saber qué piensa ahora aquel vecino de Zamora...
A veces, antes de ponerse a escribir, uno tiene esa necesidad de dejar pasar los acontecimientos, echar el balón al suelo, y esperar a ver qué actitud y decisiones adoptan quienes nos gobiernan ante acontecimientos que superan nuestra capacidad de aguante que, en España, ya supera demasiados records.
Ante los incendios que a está hora aún asolan el extrarradio madrileño, zonas de Huelva, Córdoba y por distintos lares de Cataluña, vemos como nadie hace acto de contrición alguno, ni nadie que anuncie que todas esas leyes proincendios que regulan la actividad en nuestros montes vayan a ser derogadas o, al menos, rectificadas y modificadas, en pro de evitar que las llamas y el humo sigan sirviendo de inútil cortina a toda la podredumbre política que nuestros juzgados continúan sometiendo a sus futuras sentencias.
Nadie anuncia que las promesas de más medios a nuestros cuerpos de seguridad se vayan a cumplir, ni que los hidroaviones que se iban a disponer despeguen algún día. Nadie, absolutamente nadie, anuncia nada. Al contrario, frente a la evidencia de detenciones por provocar algunos de esos fuegos, o de coches ardiendo que provocaron otros, nuestro gobierno sigue tomando al pueblo por tonto e irresponsable, porque le quiere ocultar las verdaderas causa de los incendios y, encima, nos llama subliminalmente la atención porque no somos conscientes de los problemas que causa cambio climático. Lo dicho, si no fuera porque eché el balón al suelo, diría que nos toman por gilipollas...
Y ni dicen ni hacen nada porque el cambio climático, ese que impide limpiar el monte como es debido y siempre se hizo, ese que no fomenta que quienes saben de campo sean escuchados, ese que infla los bolsillos con billetes a tantos, ese cambio tiene que continuar actuando en agosto (tiene todo el mes por delante), para volver a llenarnos los programas de televisión de imágenes que amedrentan, o de pueblos que se vuelven a salvar a sí mismo, mientras el gobierno vuelve a aparecer en cámara con caritas descompuestas y el cambio climático rebosándole por la comisuras de los labios, mientras a sus espaldas el monte se quema y se requema porque en algunos lugares repite visita al lugar...
Por suerte, llegará septiembre y octubre, y las llamas habrán desaparecido, y las voces críticas acalladas, y los verdaderos defensores de que exista el climático que jamás hacen nada para evitar incendios, frotándose las manos, porque a ellos no les faltará el dinero para sus proyectos inútiles, mientras el monte continúa y vuelve a llenarse de todos esos millones de kilos carga volátil que espera la mente criminal, el accidente inoportuno o casualidad más inesperada para volver a evacuar de sus casas a todos aquellos que ya advirtieron que volvería a pasar y, de nuevo, se verán durmiendo en camastros de polideportivos (los hoteles de 4 estrellas son para los inmigrantes ilegales), y mendigando ayuda a paisanos del pueblo de al lado que no dudarán en ofrecer, porque el pueblo (con estos no nos queda otra), siempre salva al pueblo.
Tras los incendios de 2022 en Zamora, Sánchez llegó diciendo que lo iban a arreglar, a lo que un vecino ya mayor, de esos que saben de campo y de sierra casi más que él lentisco, le espetó «¿Arreglarlo?, ¿tú?… ¿tú arreglar?».
En estos días, incluso las domésticas televisiones del régimen, anuncian que vivimos los peores incendios de nuestra historia superando los de 2025. Me gustaría saber qué piensa ahora aquel vecino de Zamora...
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