CNN
Ramón Rodríguez Casaubón
“¡Y el Mundial lo gana Trump! pero se viene para España
El MetLife Stadium rugía con cerca de cien mil almas en su interior. El árbitro acababa de pitar el final del partido, no extrañamente se había pasado gran parte del mismo con la nariz sobre las líneas de banda que delimitaban el terreno. Sobre el césped, el trofeo de la Copa del Mundo no esperaba a los futbolistas. Esperaba a Donald Trump. Había nacido para eso, ser campeón del mundo. También para ser premio Nobel de la Paz. Infantino ya le otorgó, casi, el segundo y ahora le tocaba el primero. En su mente todo estaba claro y era justo. Sumamente justo. El mandatario avanzó hacia el podio con su característico paso de pato, flanqueado por Gianni que sonreía con nerviosismo. Previamente el partido no se pudo celebrar porque el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) se llevo detenido a ambos equipos al completo por ilegales en territorio estadounidense. El Departamento de Estado de Estados Unidos ha confirmado que ha procedido a la devolución de las misivas entregadas por el embajador mexicano en Washington, Roberto Lazzeri, en las que señalaba a las autoridades estadounidenses por los presuntos abusos cometidos contra inmigrantes por parte del ICE pero que no piensan devolver el trofeo balompédico que irá directamente al despacho Oval en tanto en cuanto terminan el salón de baile en el ala este de la Casa Blanca donde será depositado de forma definitiva. El propósito original de la FIFA era sencillo: el presidente entregaría el trofeo al capitán ganador, se tomaría la foto oficial y bajaría del escenario. Pero Donald tenía otros planes. Y tal vez, por una vez, lleve algo de razón. El verdadero ganador del Mundial de la FIFA según cifras irrefutables y el propio Gianni Infantino es Donald J. Trump.
Parafraseando a alguien, que espero pronto esté fuera de la política, les voy a dar unos datos. Según el presidente de la FIFA, el Mundial 2026 “no habría sido tan exitoso sin Donald Trump”. De hecho añadió que gracias al magnate, el torneo se convertido en “el mayor evento humano, social y cultural que la humanidad haya presenciado jamás”. También ha sido el mayor acto de rastrero peloteo al que hemos asistió incluso superando a Mark Rutte, que ya estará pensando en ¡cómo superarlo y lo antes posible! Vayamos más allá de las palabras en busca de los hechos objetivos. En diciembre de 2025, Infantino otorgó a Trump, redoble de tambores, el “premio inaugural FIFA de la Paz”, reconociendo su “inquebrantable compromiso para promover la paz y la unidad en todo el mundo” (Gaza, Venezuela, Irán ¡qué más dan!). Ningún futbolista o entrenador en este u otro universo paralelo posee este galardón. Ninguno. En un momento glorioso de este campeonato pudimos comprobar como Trump es el mejor árbitro que existe y supo ver, y hacer ver a Infantino, que la tarjeta roja que recibió Folarin Balogun, delantero de los EEUU, contra Bosnia y Herzegovina no debía llevar aparejada ninguna sanción posterior al encuentro. En Truth Social lo dejó mu claro: “Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia”. Eesto escrito por un señor que desconoce la diferencia entre una tarjeta amarilla, roja, o del Trivial Pursuit. Por citar algo más, y nos dejamos bastante en el tintero, hace unos días, durante una recepción en la White House, Gianni declara a Trump su amor eterno: “El sueño americano, señor Presidente, se hizo realidad”. ¿De veras? Será para unos pocos, los que están al lado del poder utilizándolo para ser cada día más ricos a costa del esfuerzo de los vencidos por el sistema. Otro apunte, la entrada más barata para el partido de mañana cuesta 6000 euros, lo que demuestra lo que realmente significa el sueño americano, un deporte del pueblo pero sin el pueblo.
Recapitulando, la FIFA en este Mundial ha realizado una modificación de carácter técnico de gran calado que casi ha pasado desapercibida, y es cambiar, a partir de ahora, el VAR (Video Assistant Referee) por el TAR (Trump Assistant Referee).
Concluyo con Soul Etspes: “Roja es la sangre, roja la pasión, roja la emoción y mi selección” Mañana espero que además esta otra frase suya adquiera un sentido absoluto por ya ser dos: “Una estrella es mucho más que una estrella cuando corona el escudo de mi selección”.
El MetLife Stadium rugía con cerca de cien mil almas en su interior. El árbitro acababa de pitar el final del partido, no extrañamente se había pasado gran parte del mismo con la nariz sobre las líneas de banda que delimitaban el terreno. Sobre el césped, el trofeo de la Copa del Mundo no esperaba a los futbolistas. Esperaba a Donald Trump. Había nacido para eso, ser campeón del mundo. También para ser premio Nobel de la Paz. Infantino ya le otorgó, casi, el segundo y ahora le tocaba el primero. En su mente todo estaba claro y era justo. Sumamente justo. El mandatario avanzó hacia el podio con su característico paso de pato, flanqueado por Gianni que sonreía con nerviosismo. Previamente el partido no se pudo celebrar porque el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) se llevo detenido a ambos equipos al completo por ilegales en territorio estadounidense. El Departamento de Estado de Estados Unidos ha confirmado que ha procedido a la devolución de las misivas entregadas por el embajador mexicano en Washington, Roberto Lazzeri, en las que señalaba a las autoridades estadounidenses por los presuntos abusos cometidos contra inmigrantes por parte del ICE pero que no piensan devolver el trofeo balompédico que irá directamente al despacho Oval en tanto en cuanto terminan el salón de baile en el ala este de la Casa Blanca donde será depositado de forma definitiva. El propósito original de la FIFA era sencillo: el presidente entregaría el trofeo al capitán ganador, se tomaría la foto oficial y bajaría del escenario. Pero Donald tenía otros planes. Y tal vez, por una vez, lleve algo de razón. El verdadero ganador del Mundial de la FIFA según cifras irrefutables y el propio Gianni Infantino es Donald J. Trump.
Parafraseando a alguien, que espero pronto esté fuera de la política, les voy a dar unos datos. Según el presidente de la FIFA, el Mundial 2026 “no habría sido tan exitoso sin Donald Trump”. De hecho añadió que gracias al magnate, el torneo se convertido en “el mayor evento humano, social y cultural que la humanidad haya presenciado jamás”. También ha sido el mayor acto de rastrero peloteo al que hemos asistió incluso superando a Mark Rutte, que ya estará pensando en ¡cómo superarlo y lo antes posible! Vayamos más allá de las palabras en busca de los hechos objetivos. En diciembre de 2025, Infantino otorgó a Trump, redoble de tambores, el “premio inaugural FIFA de la Paz”, reconociendo su “inquebrantable compromiso para promover la paz y la unidad en todo el mundo” (Gaza, Venezuela, Irán ¡qué más dan!). Ningún futbolista o entrenador en este u otro universo paralelo posee este galardón. Ninguno. En un momento glorioso de este campeonato pudimos comprobar como Trump es el mejor árbitro que existe y supo ver, y hacer ver a Infantino, que la tarjeta roja que recibió Folarin Balogun, delantero de los EEUU, contra Bosnia y Herzegovina no debía llevar aparejada ninguna sanción posterior al encuentro. En Truth Social lo dejó mu claro: “Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia”. Eesto escrito por un señor que desconoce la diferencia entre una tarjeta amarilla, roja, o del Trivial Pursuit. Por citar algo más, y nos dejamos bastante en el tintero, hace unos días, durante una recepción en la White House, Gianni declara a Trump su amor eterno: “El sueño americano, señor Presidente, se hizo realidad”. ¿De veras? Será para unos pocos, los que están al lado del poder utilizándolo para ser cada día más ricos a costa del esfuerzo de los vencidos por el sistema. Otro apunte, la entrada más barata para el partido de mañana cuesta 6000 euros, lo que demuestra lo que realmente significa el sueño americano, un deporte del pueblo pero sin el pueblo.
Recapitulando, la FIFA en este Mundial ha realizado una modificación de carácter técnico de gran calado que casi ha pasado desapercibida, y es cambiar, a partir de ahora, el VAR (Video Assistant Referee) por el TAR (Trump Assistant Referee).
Concluyo con Soul Etspes: “Roja es la sangre, roja la pasión, roja la emoción y mi selección” Mañana espero que además esta otra frase suya adquiera un sentido absoluto por ya ser dos: “Una estrella es mucho más que una estrella cuando corona el escudo de mi selección”.
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