Economía
Los mercados de abastos de Ceuta: un activo local que se apaga entre denuncias, deterioro y falta de respuesta
El concesionario Carlos Ramírez ha puesto voz en redes sociales al malestar de buena parte de los comerciantes, que advierten de una degradación progresiva de las instalaciones, de la pérdida de actividad y de una gestión municipal que, a su juicio, llega tarde y con soluciones insuficientes
Imagen en redes sociales de Carlos Ramírez
La denuncia pública realizada por el concesionario Carlos Ramírez no puede leerse como una queja aislada ni como el desahogo puntual de un comerciante afectado por las dificultades del día a día. Su mensaje, directo y sin rodeos, retrata una preocupación de fondo: el progresivo deterioro de los mercados de abastos de Ceuta y la sensación de abandono que perciben quienes sostienen, con su trabajo diario, uno de los pilares tradicionales del comercio de proximidad.
Ramírez enumera problemas concretos: falta de organización en la distribución de los puestos, instalaciones deterioradas, sumideros deficientes, malos olores, motores frigoríficos averiados, puestos cerrados, dificultades para la carga y descarga, ausencia de facilidades de aparcamiento y elementos de accesibilidad fuera de servicio. La acumulación de incidencias dibuja un diagnóstico preocupante: el mercado no solo pierde funcionalidad, también pierde atractivo, clientela y capacidad de competir frente a otros formatos comerciales.
El problema de los puestos cerrados resulta especialmente grave. Un mercado con persianas bajadas transmite decadencia, reduce el tránsito de compradores y acaba perjudicando incluso a quienes permanecen abiertos. Como señala el propio concesionario, un puesto vacío no es una competencia menos, sino un motivo menos para que el cliente acuda. Esa imagen de aislamiento comercial, con negocios rodeados de espacios sin actividad, es una forma silenciosa de desvalorización urbana.
La responsabilidad de la administración local aparece, por tanto, en el centro del debate. Los mercados de abastos son un servicio municipal y un equipamiento público con valor económico, social y patrimonial. No basta con exigir obligaciones a los concesionarios si la propia administración no garantiza unas condiciones dignas de mantenimiento, accesibilidad, limpieza, seguridad y ordenación comercial. La futura actualización reglamentaria de los mercados, anunciada por la Ciudad tras años de espera, puede ser necesaria, pero será insuficiente si no va acompañada de inversión, planificación y seguimiento efectivo.
Ceuta no puede permitirse que sus mercados se conviertan en espacios residuales. Son mucho más que edificios donde se compra pescado, fruta, carne o ultramarinos. Son lugares de relación vecinal, de economía circular, de empleo autónomo y de identidad urbana. Cada puesto que cierra, cada avería que se cronifica y cada cliente que deja de bajar al mercado empobrece una red comercial que difícilmente se recupera cuando se rompe.
Las actuaciones anunciadas sobre escaleras mecánicas, montacargas o reglamentos llegan después de años de quejas y de una sucesión de parches que no han logrado revertir la percepción de abandono. La crítica de los concesionarios apunta precisamente a esa falta de una estrategia integral: reparar una avería no equivale a revitalizar un mercado; aprobar una norma no sustituye a una política comercial; sancionar puestos cerrados no sirve de mucho si no se facilita la llegada de nuevos emprendedores.
El reto exige una respuesta más ambiciosa. La Ciudad debe ordenar los sectores, agilizar la adjudicación de puestos vacantes, mejorar la accesibilidad, resolver los problemas estructurales, facilitar la logística de los comerciantes y diseñar medidas que atraigan de nuevo al consumidor. El mercado necesita vida, variedad, comodidad y confianza. Sin esos elementos, cualquier inversión puntual corre el riesgo de quedarse en maquillaje administrativo.
La denuncia de Carlos Ramírez tiene valor porque obliga a mirar de frente una realidad incómoda: los mercados de abastos se deterioran cuando se deja solos a quienes los mantienen abiertos. Si la administración local no actúa con urgencia y criterio, Ceuta puede perder un activo serio de su comercio de proximidad, no por falta de potencial, sino por falta de cuidado.
La advertencia final es clara: no se trata únicamente de salvar negocios particulares, sino de preservar una forma de comercio que da servicio, empleo y carácter a la ciudad. Dejar morir los mercados sería aceptar la pérdida de un patrimonio cotidiano que, una vez degradado, será mucho más costoso recuperar que mantener vivo.
¿Qué ha dejado plasmado Carlos Ramírez?
"No dejemos que nuestros mercados se mueran
Como concesionario del mercado, y como todos me conocéis, no me escondo detrás de un perfil falso. Me indigna la situación de dejadez máxima que hay en el mercado y voy a enumerar algunos de los problemas.
1. Falta de organización.
No hay una distribución lógica de los puestos por sectores. Las pescaderías deberían estar juntas, las fruterías con las fruterías, los ultramarinos con los ultramarinos... Ahora mismo está todo mezclado, como un auténtico batiburrillo.
2. Estado de las instalaciones.
El deterioro es evidente: desagües de aguas sucias atascados, sumideros mal colocados y sin la inclinación adecuada, motores de las mesas frigoríficas sin funcionar, suelos en mal estado, malos olores... y un largo etcétera.
3. Los puestos cerrados.
Para mí, este es uno de los problemas más importantes. Hay que dejar de cerrar puestos o utilizarlos como almacenes. Los puestos vacíos deberían ofrecerse a gente que quiera trabajar. Un puesto cerrado no significa una competencia menos; significa un motivo menos para que la gente baje al mercado. Dentro de unos días cerrará el puesto que tengo a mi derecha y me quedaré con tres puestos cerrados a ese lado, uno a mi izquierda y otro enfrente. Me quedaré completamente aislado.
4. El montacargas.
Lleva más de un mes averiado. Subir una o dos cajas a mano no pasa nada, pero cuando tienes que subir cincuenta, acabas destrozado.
5. Facilidades para trabajar.
Con el tema del aparcamiento solo encontramos trabas, pegas e impedimentos. El encargado del mercado debería mirar por nosotros, que somos quienes levantamos y damos vida al mercado, en lugar de ponernos más dificultades. Todo son problemas: que si no se puede aparcar, que si hay restricciones de horario para descargar... Lo que necesitamos son facilidades para trabajar, no más obstáculos.
6. Comodidades para los clientes.
La escalera mecánica lleva averiada desde hace muchísimo tiempo. Además, no hay aparcamiento gratuito en los alrededores para que los clientes puedan venir a comprar con tranquilidad.
En resumen, el 90 % de los concesionarios vemos cómo el mercado se está muriendo poco a poco. O se toman medidas urgentes o, en un plazo máximo de dos años, muchos tendremos que echar el cierre.
Espero que este mensaje llegue a quien corresponda y, sobre todo, que sirva para que se actúe antes de que sea demasiado tarde".
Imagen en redes sociales de Carlos RamírezLa denuncia pública realizada por el concesionario Carlos Ramírez no puede leerse como una queja aislada ni como el desahogo puntual de un comerciante afectado por las dificultades del día a día. Su mensaje, directo y sin rodeos, retrata una preocupación de fondo: el progresivo deterioro de los mercados de abastos de Ceuta y la sensación de abandono que perciben quienes sostienen, con su trabajo diario, uno de los pilares tradicionales del comercio de proximidad.
Ramírez enumera problemas concretos: falta de organización en la distribución de los puestos, instalaciones deterioradas, sumideros deficientes, malos olores, motores frigoríficos averiados, puestos cerrados, dificultades para la carga y descarga, ausencia de facilidades de aparcamiento y elementos de accesibilidad fuera de servicio. La acumulación de incidencias dibuja un diagnóstico preocupante: el mercado no solo pierde funcionalidad, también pierde atractivo, clientela y capacidad de competir frente a otros formatos comerciales.
El problema de los puestos cerrados resulta especialmente grave. Un mercado con persianas bajadas transmite decadencia, reduce el tránsito de compradores y acaba perjudicando incluso a quienes permanecen abiertos. Como señala el propio concesionario, un puesto vacío no es una competencia menos, sino un motivo menos para que el cliente acuda. Esa imagen de aislamiento comercial, con negocios rodeados de espacios sin actividad, es una forma silenciosa de desvalorización urbana.
La responsabilidad de la administración local aparece, por tanto, en el centro del debate. Los mercados de abastos son un servicio municipal y un equipamiento público con valor económico, social y patrimonial. No basta con exigir obligaciones a los concesionarios si la propia administración no garantiza unas condiciones dignas de mantenimiento, accesibilidad, limpieza, seguridad y ordenación comercial. La futura actualización reglamentaria de los mercados, anunciada por la Ciudad tras años de espera, puede ser necesaria, pero será insuficiente si no va acompañada de inversión, planificación y seguimiento efectivo.
Ceuta no puede permitirse que sus mercados se conviertan en espacios residuales. Son mucho más que edificios donde se compra pescado, fruta, carne o ultramarinos. Son lugares de relación vecinal, de economía circular, de empleo autónomo y de identidad urbana. Cada puesto que cierra, cada avería que se cronifica y cada cliente que deja de bajar al mercado empobrece una red comercial que difícilmente se recupera cuando se rompe.
Las actuaciones anunciadas sobre escaleras mecánicas, montacargas o reglamentos llegan después de años de quejas y de una sucesión de parches que no han logrado revertir la percepción de abandono. La crítica de los concesionarios apunta precisamente a esa falta de una estrategia integral: reparar una avería no equivale a revitalizar un mercado; aprobar una norma no sustituye a una política comercial; sancionar puestos cerrados no sirve de mucho si no se facilita la llegada de nuevos emprendedores.
El reto exige una respuesta más ambiciosa. La Ciudad debe ordenar los sectores, agilizar la adjudicación de puestos vacantes, mejorar la accesibilidad, resolver los problemas estructurales, facilitar la logística de los comerciantes y diseñar medidas que atraigan de nuevo al consumidor. El mercado necesita vida, variedad, comodidad y confianza. Sin esos elementos, cualquier inversión puntual corre el riesgo de quedarse en maquillaje administrativo.
La denuncia de Carlos Ramírez tiene valor porque obliga a mirar de frente una realidad incómoda: los mercados de abastos se deterioran cuando se deja solos a quienes los mantienen abiertos. Si la administración local no actúa con urgencia y criterio, Ceuta puede perder un activo serio de su comercio de proximidad, no por falta de potencial, sino por falta de cuidado.
La advertencia final es clara: no se trata únicamente de salvar negocios particulares, sino de preservar una forma de comercio que da servicio, empleo y carácter a la ciudad. Dejar morir los mercados sería aceptar la pérdida de un patrimonio cotidiano que, una vez degradado, será mucho más costoso recuperar que mantener vivo.
¿Qué ha dejado plasmado Carlos Ramírez?
"No dejemos que nuestros mercados se mueran
Como concesionario del mercado, y como todos me conocéis, no me escondo detrás de un perfil falso. Me indigna la situación de dejadez máxima que hay en el mercado y voy a enumerar algunos de los problemas.
1. Falta de organización.
No hay una distribución lógica de los puestos por sectores. Las pescaderías deberían estar juntas, las fruterías con las fruterías, los ultramarinos con los ultramarinos... Ahora mismo está todo mezclado, como un auténtico batiburrillo.
2. Estado de las instalaciones.
El deterioro es evidente: desagües de aguas sucias atascados, sumideros mal colocados y sin la inclinación adecuada, motores de las mesas frigoríficas sin funcionar, suelos en mal estado, malos olores... y un largo etcétera.
3. Los puestos cerrados.
Para mí, este es uno de los problemas más importantes. Hay que dejar de cerrar puestos o utilizarlos como almacenes. Los puestos vacíos deberían ofrecerse a gente que quiera trabajar. Un puesto cerrado no significa una competencia menos; significa un motivo menos para que la gente baje al mercado. Dentro de unos días cerrará el puesto que tengo a mi derecha y me quedaré con tres puestos cerrados a ese lado, uno a mi izquierda y otro enfrente. Me quedaré completamente aislado.
4. El montacargas.
Lleva más de un mes averiado. Subir una o dos cajas a mano no pasa nada, pero cuando tienes que subir cincuenta, acabas destrozado.
5. Facilidades para trabajar.
Con el tema del aparcamiento solo encontramos trabas, pegas e impedimentos. El encargado del mercado debería mirar por nosotros, que somos quienes levantamos y damos vida al mercado, en lugar de ponernos más dificultades. Todo son problemas: que si no se puede aparcar, que si hay restricciones de horario para descargar... Lo que necesitamos son facilidades para trabajar, no más obstáculos.
6. Comodidades para los clientes.
La escalera mecánica lleva averiada desde hace muchísimo tiempo. Además, no hay aparcamiento gratuito en los alrededores para que los clientes puedan venir a comprar con tranquilidad.
En resumen, el 90 % de los concesionarios vemos cómo el mercado se está muriendo poco a poco. O se toman medidas urgentes o, en un plazo máximo de dos años, muchos tendremos que echar el cierre.
Espero que este mensaje llegue a quien corresponda y, sobre todo, que sirva para que se actúe antes de que sea demasiado tarde".




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