Jueves, 09 de Julio de 2026

Actualizada Jueves, 09 de Julio de 2026 a las 10:56:14 horas

Rachid Sbihi Ahmed Rachid Sbihi Ahmed
Jueves, 09 de Julio de 2026

Mbappé y las palabras que avergüenzan a una sociedad

Hay palabras que ofenden a una persona y hay palabras que avergüenzan a todos.

 

Las declaraciones de la senadora paraguaya Celeste Amarilla contra Kylian Mbappé pertenecen a esta segunda categoría.

 

No fueron una broma ni un comentario inocente.

 

Fueron una reacción pública tras una derrota deportiva, pero una derrota jamás puede convertirse en una excusa para recurrir al racismo.

 

La senadora no criticó un planteamiento táctico, una decisión arbitral o el rendimiento de un futbolista.

 

Atacó a una persona utilizando estereotipos que durante siglos han servido para deshumanizar a millones de seres humanos.

 

Entre sus expresiones llegó a afirmar que Mbappé "fue amamantado con cocos" y que el sonido más tierno que escuchó de niño fue el de "chimpancés". 

 

No son frases desafortunadas ni simples excesos verbales. 

 

Son expresiones cargadas de prejuicios raciales que buscan asociar a una persona negra con estereotipos utilizados históricamente para negar la dignidad y la humanidad de millones de personas.

 

Comparar a una persona negra con un simio o ridiculizar su infancia mediante referencias raciales no es una opinión, no es humor y no es una simple salida de tono: es racismo.

 

Y resulta especialmente grave cuando esas palabras proceden de una persona con una responsabilidad pública.

 

Quien ocupa un escaño tiene una influencia y una capacidad de difusión que obligan a una mayor responsabilidad. 

 

Los cargos públicos no solo representan a quienes les votan; también tienen el deber de cuidar el mensaje que transmiten a la sociedad.

 

Además, resulta especialmente llamativa la utilización de una referencia vinculada a la maternidad.

 

La lactancia, el acto de amamantar a un bebé, representa uno de los gestos más universales de amor, protección y vínculo humano. 

 

Que una mujer utilice precisamente una imagen asociada a la ternura y al cuidado para construir un insulto racista muestra hasta qué punto los prejuicios pueden llegar a deformar incluso los símbolos más relacionados con la empatía y la humanidad.

 

La derrota de una selección puede provocar tristeza, rabia o decepción.

 

Es humano.

 

Pero perder un partido nunca puede significar perder el respeto hacia los demás.

 

Este tipo de expresiones, por desgracia, ya no sorprenden como deberían.

 

En Ceuta, una ciudad diversa y plural, se percibe una sociedad cada vez más polarizada, donde algunos discursos de enfrentamiento encuentran más espacio. 

 

Y no es una realidad exclusiva de nuestra ciudad: en España también asistimos con preocupación a la presencia cada vez más frecuente de mensajes xenófobos y racistas, especialmente desde determinados sectores políticos y mediáticos, donde algunos inmigrantes son reducidos a simples etiquetas y aparecen insultos y descalificaciones que hablan de "invasores", "delincuentes" o "parásitos" para referirse a personas por su origen.

 

Estos discursos, igual que cualquier otra forma de racismo, no son una crítica legítima a las políticas migratorias ni un debate democrático. 

 

Son formas de deshumanización que buscan convertir a colectivos enteros en un problema y alimentar el rechazo hacia quienes son diferentes.

 

Cuando el odio se expresa desde una institución y se amplifica a través de las redes sociales, el daño va mucho más allá de la persona insultada.

 

Se deteriora el debate público, se debilita la convivencia y se envía un mensaje peligroso: que todo vale.

 

Y no, no todo vale.

 

El racismo nunca es una reacción comprensible.

 

Nunca es una forma legítima de expresar frustración.

 

Nunca debe tener cabida en una sociedad democrática.

 

Debe ser condenado siempre, pero especialmente cuando viene de quienes tienen la responsabilidad añadida de dar ejemplo.

La opinión de Ceuta Ahora se refleja únicamente en sus editoriales. La libertad de expresión, la libertad en general, es una máxima de filosofía de este medio que puede compartir o no las opiniones de sus articulistas

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