El problema del Partido Popular ya no es VOX, es Ceuta
El mayor error estratégico del Partido Popular durante los últimos años ha sido creer que podía destruir a VOX. Pensaron que estaban ante una operación política similar a la de Ciudadanos, una formación sin raíces ideológicas profundas y fácilmente absorbible mediante el viejo recurso del voto útil, el apoyo de los grandes medios de comunicación y unas encuestas elaboradas más para condicionar al electorado que para reflejar la realidad. Se equivocaron.
VOX no es un producto de laboratorio ni una marca electoral creada para ocupar un espacio coyuntural. Es la expresión política de un sentimiento patriótico que llevaba décadas sin encontrar representación. Es la respuesta de millones de españoles que consideran que la unidad nacional, la soberanía, el control de las fronteras, la seguridad y la defensa de nuestra identidad han sido sacrificadas por una clase dirigente entregada a la corrección política y a los intereses partidistas.
Por eso les ha sido imposible acabar con un proyecto político que ha llegado para quedarse. Hasta ahora, sus inmisericordes campañas de propaganda, sus cordones sanitarios y sus falsas encuestas, pese al daño que han podido causar, han terminado siempre en fracaso.
Se puede atacar a un partido político. Lo que no se puede derrotar es un sentimiento de pertenencia a una nación. No se puede borrar el patriotismo de millones de españoles a golpe de titulares o tertulias.
La realidad ha terminado imponiéndose. El Partido Popular ha descubierto que no existe una alternativa al sanchismo sin contar con quienes representan ese espacio político. Las mayorías absolutas con las que soñaban algunos dirigentes populares pertenecen al pasado. La fragmentación del panorama político y la consolidación de esta fuerza hacen inevitable una colaboración para construir una mayoría capaz de desalojar a Pedro Sánchez del poder.
Los acuerdos alcanzados en distintos territorios son la prueba de ello. Especialmente significativo es el caso de Castilla y León, donde el Partido Popular ha terminado asumiendo postulados que durante años rechazó frontalmente. La Prioridad Nacional, principio político defendido por VOX y ridiculizado sistemáticamente por sus adversarios, ha dejado de ser una simple consigna para convertirse en uno de los grandes ejes del debate político en España.
La idea es sencilla y conecta con el sentido común de cualquier sociedad organizada. En un contexto donde los recursos públicos son limitados, la primera obligación de los gobernantes es atender a quienes han contribuido a sostenerlos y forman parte de la comunidad nacional. Eso es la Prioridad Nacional. Una política que millones de españoles entienden, comparten y reclaman.
Durante demasiado tiempo el Partido Popular creyó que podía apropiarse de cierto discurso patriótico para desvirtuarlo, mientras combatía a quienes lo representaban. Hoy sabe que esa estrategia también ha fracasado. La España que reclama un cambio político profundo ya no acepta operaciones cosméticas ni alternancias vacías. Quiere un cambio de rumbo y quiere que ese cambio tenga contenido.
Ahora es cuando algunos empiezan a asumir una evidencia que durante años se negaron a aceptar. No existe una alternativa real al sanchismo sin VOX, y los acuerdos que hoy se alcanzan en torno a la Prioridad Nacional no son una concesión coyuntural, sino el reconocimiento de una nueva realidad. El tiempo de las mayorías absolutas construidas sobre el voto útil, la propaganda y el monopolio mediático ha terminado.
Y si esa realidad es válida para el conjunto de España, también lo es para Ceuta.
Llegado el momento habrá que abordar la anomalía política que representa el sanchismo de Juan Vivas. Nuestra ciudad no puede seguir siendo una rémora en el objetivo nacional de desalojar a Pedro Sánchez del poder y hacer posible el cambio que cada vez reclaman más millones de españoles. Resulta difícil sostener un proyecto de reconstrucción nacional mientras una plaza estratégica como Ceuta continúa siendo el refugio político de un modelo basado en el entendimiento permanente con el socialismo y en la aceptación de todas y cada una de las políticas sanchistas.
El Partido Popular ha comenzado a comprender que no puede aspirar a liderar una alternativa nacional mientras mantiene enclaves políticos que actúan en dirección contraria. Si de verdad ha asumido que el futuro pasa por construir una mayoría junto a VOX, también tendrá que aceptar que ese cambio debe llegar a todos los rincones de España, incluida Ceuta.
La lección es sencilla. Se puede intentar aislar a VOX. Se puede intentar caricaturizar a sus votantes. Se pueden publicar encuestas interesadas y organizar campañas mediáticas. Pero no se puede derrotar un movimiento patriótico que nace de la convicción de millones de españoles de que su nación merece ser defendida.
Este primer ciclo electoral, ha sido especialmente pedagógico para el Partido Popular. Ahora parece que ya han entendido que VOX es mucho más que un partido político al uso. Asumiendo, que es la expresión organizada de un sentimiento patriótico que durante demasiado tiempo careció de representación. Y que los sentimientos colectivos que nacen del amor a la Patria no desaparecen por mucho que algunos se empeñen en silenciarlos.
Esa es la realidad que durante estos últimos años muchos en el PP se negaron a aceptar. Y esa es, precisamente, la razón por la que el futuro cambio político en España no podrá construirse sin esta fuerza política.´
El mayor error estratégico del Partido Popular durante los últimos años ha sido creer que podía destruir a VOX. Pensaron que estaban ante una operación política similar a la de Ciudadanos, una formación sin raíces ideológicas profundas y fácilmente absorbible mediante el viejo recurso del voto útil, el apoyo de los grandes medios de comunicación y unas encuestas elaboradas más para condicionar al electorado que para reflejar la realidad. Se equivocaron.
VOX no es un producto de laboratorio ni una marca electoral creada para ocupar un espacio coyuntural. Es la expresión política de un sentimiento patriótico que llevaba décadas sin encontrar representación. Es la respuesta de millones de españoles que consideran que la unidad nacional, la soberanía, el control de las fronteras, la seguridad y la defensa de nuestra identidad han sido sacrificadas por una clase dirigente entregada a la corrección política y a los intereses partidistas.
Por eso les ha sido imposible acabar con un proyecto político que ha llegado para quedarse. Hasta ahora, sus inmisericordes campañas de propaganda, sus cordones sanitarios y sus falsas encuestas, pese al daño que han podido causar, han terminado siempre en fracaso.
Se puede atacar a un partido político. Lo que no se puede derrotar es un sentimiento de pertenencia a una nación. No se puede borrar el patriotismo de millones de españoles a golpe de titulares o tertulias.
La realidad ha terminado imponiéndose. El Partido Popular ha descubierto que no existe una alternativa al sanchismo sin contar con quienes representan ese espacio político. Las mayorías absolutas con las que soñaban algunos dirigentes populares pertenecen al pasado. La fragmentación del panorama político y la consolidación de esta fuerza hacen inevitable una colaboración para construir una mayoría capaz de desalojar a Pedro Sánchez del poder.
Los acuerdos alcanzados en distintos territorios son la prueba de ello. Especialmente significativo es el caso de Castilla y León, donde el Partido Popular ha terminado asumiendo postulados que durante años rechazó frontalmente. La Prioridad Nacional, principio político defendido por VOX y ridiculizado sistemáticamente por sus adversarios, ha dejado de ser una simple consigna para convertirse en uno de los grandes ejes del debate político en España.
La idea es sencilla y conecta con el sentido común de cualquier sociedad organizada. En un contexto donde los recursos públicos son limitados, la primera obligación de los gobernantes es atender a quienes han contribuido a sostenerlos y forman parte de la comunidad nacional. Eso es la Prioridad Nacional. Una política que millones de españoles entienden, comparten y reclaman.
Durante demasiado tiempo el Partido Popular creyó que podía apropiarse de cierto discurso patriótico para desvirtuarlo, mientras combatía a quienes lo representaban. Hoy sabe que esa estrategia también ha fracasado. La España que reclama un cambio político profundo ya no acepta operaciones cosméticas ni alternancias vacías. Quiere un cambio de rumbo y quiere que ese cambio tenga contenido.
Ahora es cuando algunos empiezan a asumir una evidencia que durante años se negaron a aceptar. No existe una alternativa real al sanchismo sin VOX, y los acuerdos que hoy se alcanzan en torno a la Prioridad Nacional no son una concesión coyuntural, sino el reconocimiento de una nueva realidad. El tiempo de las mayorías absolutas construidas sobre el voto útil, la propaganda y el monopolio mediático ha terminado.
Y si esa realidad es válida para el conjunto de España, también lo es para Ceuta.
Llegado el momento habrá que abordar la anomalía política que representa el sanchismo de Juan Vivas. Nuestra ciudad no puede seguir siendo una rémora en el objetivo nacional de desalojar a Pedro Sánchez del poder y hacer posible el cambio que cada vez reclaman más millones de españoles. Resulta difícil sostener un proyecto de reconstrucción nacional mientras una plaza estratégica como Ceuta continúa siendo el refugio político de un modelo basado en el entendimiento permanente con el socialismo y en la aceptación de todas y cada una de las políticas sanchistas.
El Partido Popular ha comenzado a comprender que no puede aspirar a liderar una alternativa nacional mientras mantiene enclaves políticos que actúan en dirección contraria. Si de verdad ha asumido que el futuro pasa por construir una mayoría junto a VOX, también tendrá que aceptar que ese cambio debe llegar a todos los rincones de España, incluida Ceuta.
La lección es sencilla. Se puede intentar aislar a VOX. Se puede intentar caricaturizar a sus votantes. Se pueden publicar encuestas interesadas y organizar campañas mediáticas. Pero no se puede derrotar un movimiento patriótico que nace de la convicción de millones de españoles de que su nación merece ser defendida.
Este primer ciclo electoral, ha sido especialmente pedagógico para el Partido Popular. Ahora parece que ya han entendido que VOX es mucho más que un partido político al uso. Asumiendo, que es la expresión organizada de un sentimiento patriótico que durante demasiado tiempo careció de representación. Y que los sentimientos colectivos que nacen del amor a la Patria no desaparecen por mucho que algunos se empeñen en silenciarlos.
Esa es la realidad que durante estos últimos años muchos en el PP se negaron a aceptar. Y esa es, precisamente, la razón por la que el futuro cambio político en España no podrá construirse sin esta fuerza política.´
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