Miércoles, 27 de Mayo de 2026

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Rachid Sbihi Ahmed
Miércoles, 27 de Mayo de 2026

103 aniversario de la entrega de la Enseña Nacional a los Regulares de Ceuta

Se cumplen hoy miércoles dia 27 de mayo 103 años de la entrega de la Bandera Nacional al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas nº 3 de Ceuta.

 

Ciento tres años desde que España quiso reconocer públicamente a unas tropas que, en uno de los momentos más difíciles y dramáticos de nuestra historia contemporánea, dieron ejemplo de valor, disciplina, espíritu de sacrificio y fidelidad al deber.

 

Aquel solemne acto tuvo lugar el 27 de mayo de 1923 en un abarrotado Parque del Retiro de Madrid. 

 

La capital de España se volcó entonces con los Regulares de Ceuta. 

 

El pueblo madrileño, las instituciones del Estado y las más altas autoridades de la Nación quisieron rendir homenaje a quienes habían protagonizado una de las actuaciones más decisivas y heroicas de la campaña del norte de África.

 

La concesión de la Enseña Nacional al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas nº 3 de Ceuta fue otorgada como reconocimiento a su decisiva participación, dos años antes, en el histórico "Socorro de Melilla", tras el llamado "Desastre de Annual" y el posterior derrumbamiento de toda la Comandancia General de la ciudad hermana.

 

Aquellos hechos forman parte de una de las etapas más complejas y dolorosas de nuestra historia militar. 

 

Pero también constituyen un ejemplo extraordinario de capacidad de reacción, de heroísmo colectivo y de entrega absoluta.

 

Es importante recordar, con serenidad histórica y con respeto a todos los protagonistas de aquel tiempo, que la actuación de los Regulares contribuyó de manera decisiva a evitar la toma de Melilla por las tropas dirigidas por Abdelkrim Al Jattabi, quien había proclamado la denominada "República Independiente del Rif" en la zona de influencia española establecida conforme a los tratados internacionales firmados en Fez en 1912.

 

En aquellos momentos de incertidumbre, cuando parecía que todo podía derrumbarse, surgió la determinación y el valor de unos hombres que antepusieron el deber a cualquier circunstancia personal.

 

La entrega de la Enseña Nacional estuvo presidida por Sus Majestades el Rey Alfonso XIII y la Reina Victoria Eugenia, acompañados por las más altas instituciones del Estado. 

 

Asistieron todos los ministros del Gobierno, el Presidente del Congreso, el Presidente del Consejo, el Vicepresidente del Senado, el Alcalde y el Gobernador de Madrid, además de altos mandos militares, representantes de la nobleza, embajadores de Francia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, ministros plenipotenciarios y numerosos agregados militares de embajadas extranjeras.

 

La magnitud institucional de aquel acto refleja claramente la importancia que España quiso conceder al reconocimiento de los Regulares de Ceuta.

 

No fue un homenaje más.

 

Fue un acto de afirmación nacional y de reconocimiento colectivo a quienes habían sostenido el honor militar de España en circunstancias extremadamente adversas.

 

Los grandes periódicos nacionales de la época como "La Correspondencia de España", "El Globo", "La Voz" o el diario "ABC", entre otros, dedicaron sus portadas al solemne acontecimiento. 

 

Las crónicas describían la emoción del pueblo de Madrid, que ovacionaba con entusiasmo a aquellos soldados curtidos por la dureza de la campaña y marcados por las heridas del combate.

 

Aquellas publicaciones recogían palabras de enorme fuerza moral y emocional. 

 

En ellas se destacaba que los Regulares habían dejado escrito con su sangre en tierras de Melilla el recuerdo honroso y perdurable de su sacrificio por España; que las cicatrices que marcaban sus rostros y sus cuerpos eran el testimonio visible de su entrega; y que las cruces y condecoraciones que portaban acreditaban el valor y la abnegación demostrados ante sus mandos y ante la Nación.

 

Y añadían algo profundamente revelador: que el pueblo de Madrid comprendió perfectamente el alcance del homenaje que se tributaba a aquellos hombres.

 

Porque los Regulares desfilaban orgullosos, conscientes del honor recibido, pero también llevando consigo el peso de los compañeros caídos y de las jornadas de sufrimiento vividas en campaña.

 

Especial emoción produjo el momento en el que el teniente coronel del Grupo, Álvarez Arenas, sucesor del heroico González Tablas, se dirigió a sus tropas tras recibir la Bandera Nacional.

 

Sus palabras quedaron grabadas para la historia:

 

"Soldados: España nos entrega esta bandera y nosotros habremos de defenderla hasta derramar la última gota de nuestra sangre. ¡Viva España!".

 

Aquel grito, pronunciado hace más de un siglo, sigue resonando hoy con la misma fuerza moral y simbólica.

 

Porque en él se condensaban el honor militar, el sentido del deber y el compromiso absoluto con España.

 

Igualmente memorable fue el discurso pronunciado por el Duque del Infantado, cargado de solemnidad y emoción, en el que recordó que, tras los dramáticos sucesos de julio de 1921, cuando parecía perderse no solo el territorio sino también la esperanza y el honor, fue precisamente la intervención del Grupo de Regulares de Ceuta la que ayudó decisivamente a devolver la confianza a España.

 

Sus palabras tuvieron un enorme impacto porque reconocían algo extraordinario: que muchos de aquellos soldados combatieron incluso contra miembros de sus propias cábilas y contra antiguos vínculos personales y familiares, manteniéndose fieles al juramento realizado y a sus mandos.

 

Aquel comportamiento fue considerado entonces una prueba suprema de lealtad.

 

El Duque recordó también las terribles cifras del sacrificio realizado:

 

De los 651 soldados que salieron de Ceuta hacia Melilla, 481 resultaron muertos o heridos.

 

De los 83 jefes y oficiales que mandaban aquellas fuerzas, 46 cayeron en combate.

 

Y únicamente tres oficiales regresaron ilesos a Ceuta.

 

Son cifras estremecedoras.

 

Cifras que hablan no solo de una operación militar, sino de una entrega humana difícilmente imaginable.

 

Cifras que reflejan el enorme coste pagado por aquellos hombres y por sus familias.

 

Cifras que explican por qué aquella Bandera Nacional no fue únicamente un reconocimiento oficial, sino también un símbolo de gratitud colectiva de toda España. 

 

El Duque del Infantado expresó entonces una idea de extraordinaria belleza institucional y humana al afirmar que los colores de aquella bandera ya habían sido bordados por aquellos soldados con el oro finísimo de su valor y lealtad y con el rojo encendido de su sangre generosamente vertida.

 

Difícilmente puede encontrarse una definición más elevada del significado de una bandera y del sacrificio realizado bajo ella.

 

También pidió que, al regresar a África, aquella Enseña fuese inclinada ante las tumbas de los compañeros caídos como homenaje permanente de España a quienes entregaron su vida por la patria.

 

Y el teniente coronel Álvarez Arenas respondió comprometiéndose ante el Rey y ante la Nación a que aquella bandera tremolaría siempre victoriosa y jamás sería abandonada.

 

Hoy, más de un siglo después, esas palabras siguen formando parte del legado moral e histórico de los Regulares.

 

Y Ceuta no ha olvidado nunca ese legado.

 

Por ello, a propuesta de los Descendientes de los Regulares, el Pleno de la Asamblea de la Ciudad Autónoma de Ceuta aprobó por unanimidad, el 23 de enero de 2023, rendir homenaje al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas nº 3 mediante la colocación de una placa conmemorativa en un lugar profundamente simbólico de nuestra ciudad: "El Ángulo", en el Patio de Armas de las Murallas Reales, enclave ligado históricamente a estas tropas desde el año 1791.

 

Aquel acuerdo institucional tuvo un enorme valor.

 

Porque fue aprobado por unanimidad.

 

Porque representó la unión de toda la ciudad en torno a su historia y a su memoria.

 

Y porque demostró que Ceuta sabe honrar a quienes forman parte esencial de su identidad colectiva.

 

El solemne acto celebrado en junio de 2023, acompañado por una parada militar y por la presencia de las principales autoridades civiles y militares, constituyó un nuevo testimonio de gratitud y reconocimiento.

 

Hoy, al recordar esta efeméride, rendimos homenaje a todos aquellos hombres que sirvieron bajo la Bandera de los Regulares con honor, disciplina y espíritu de sacrificio.

 

Recordamos especialmente a quienes dejaron su vida en cumplimiento de su deber.

 

A quienes jamás regresaron.

 

A quienes reposan en tierra africana.

 

Y también a quienes sobrevivieron llevando para siempre en su cuerpo y en su memoria las heridas de aquella campaña.

 

Su historia pertenece ya, de forma inseparable, al patrimonio moral, militar e histórico de Ceuta y de España.

 

Y su ejemplo continúa transmitiendo valores que siguen plenamente vigentes en nuestro tiempo: el valor del servicio, la lealtad a la palabra dada, el compañerismo, la disciplina, la entrega a los demás y el amor a España.

 

Valores que hoy siguen encarnando nuestras Fuerzas Armadas.

 

Valores que forman parte de la esencia de Ceuta.

 

Valores que merecen ser conocidos y transmitidos a las nuevas generaciones.

 

Que la memoria de aquellos hombres permanezca siempre viva.

 

Que su sacrificio nunca caiga en el olvido.

 

Y que la Bandera de España, que ellos defendieron con su sangre y con su honor, continúe siendo símbolo de unidad, respeto, convivencia, servicio y compromiso para todos.

 

*Fotografías de la Enseña Nacional, SM el Rey Alfonso XIII y la Reina Victoria Eugenia, el teniente coronel Álvarez Arenas y un soldado Regular en el acto de la entrega de la Enseña en Madrid  y foto con autoridades civiles y militares descendientes y viudas de los Regulares en las Murallas Reales en el primer centenario de la entrega de la Bandera.

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