Jueves, 21 de Mayo de 2026

Actualizada Miércoles, 20 de Mayo de 2026 a las 21:59:13 horas

Rodrigo Díaz
Jueves, 21 de Mayo de 2026

La instrumentalización de la “lucha contra la islamofobia” en Ceuta: demagogia calculada y divisiva

En ciudades como Ceuta y Melilla, donde conviven comunidades cristianas y musulmanas en proporciones casi equilibradas (alrededor del 50% cada una) con los restos porcentuales de hindúes y hebreos, la retórica política debería priorizar la cohesión, la integración real y la defensa de los valores constitucionales españoles. Esta situación, de cristianos y musulmanes, también se perciben en determinadas y pequeñas entidades poblacionales del territorio español. Sin embargo, ciertos partidos y políticos han convertido la acusación recurrente de “islamofobia” en un arma electoral predecible. No se trata de combatir agresiones concretas contra personas, sino de silenciar debates incómodos sobre identidad, seguridad, asimilación cultural y lealtad a España en un territorio estratégico en el que Marruecos se convierte en un actor clave de influencia e injerencia permitida. Esta estrategia, en realidad, divide a la población que supuestamente se pretende defender y genera rédito clientelar a costa de la convivencia real, aunque ese rédito sea cortoplacista.

 

 

El caso Ceuta: un laboratorio de tensiones y manipulaciones

Ceuta no es una ciudad cualquiera, tampoco Melilla. Son territorios españoles en el norte de África, con una población diversa pero marcada por la segregación socioeconómica: El centro de la ciudad es más cristiano-occidental y las periferias cuentan con mayor presencia musulmana, en los que el paro, el fracaso escolar y la influencia marroquí son mayores. En realidad, históricamente ha existido una convivencia tradicional y respeto en los que generaciones anteriores a ésta han vivido sin ningun tipo de problema, pero hoy en día, los múltiples factores añadidos la convierten en una armonización frágil, amenazada por 'crisis' migratorias -invasiones (como la de 2021), radicalización yihadista puntual por la presencia importada de otras escuelas islámicas desde finales de los 90 del siglo pasado y presiones externas de Marruecos, que usa la diáspora y la frontera como palanca para beneficiar sus intereses. Así queda claramente indicado en diferentes análisis de Think Tanks analíticos en sociopolitica y geopolitica.

 

En este contexto, la Asamblea de Ceuta se ha convertido en un escenario recurrente de mociones sobre “islamofobia” como el llevado a cabo ayer en el debate sobre el Estado de la Ciudad: formaciones como MDyC (Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía), Ceuta Ya! o el PSOE impulsan condenas genéricas contra cualquier “conducta islamófoba”, planes contra el odio y equiparaciones entre crítica al islamismo y racismo. El PP, en el Gobierno local, a menudo se suma o actúa como “muro de contención”, eso es lo que señaló la portavoz popular, para no perder votos musulmanes, mientras Vox suele resistirse, recibiendo acusaciones furibundas de “racismo” (“puñeteros racistas”, en palabras de la portavoz de MDyC). 

 

Esta dinámica, que se lleva a cabo en Ceuta, es ilustrativa de un mecanismo mucho más amplio. A saber:

 

  • Víctima preferencial y silencio sobre problemas reales. Se denuncia “islamofobia” cuando se cuestiona la sobrerrepresentación de apellidos musulmanes en ciertos problemas (delincuencia, radicalización o lealtades duales), pero se minimizan cuestiones como el control de fronteras, la influencia de Marruecos, los índices de integración deficiente o el apoyo en encuestas a visiones conservadoras incompatibles con la igualdad de género o la libertad de expresión. En Ceuta, partidos comunitarios con cierto sesgo como MDyC o Ceuta Ya! (con fuerte base musulmana) capitalizan el voto identitario presentando cualquier exigencia de asimilación como ataque. 

 

  • Clientelismo electoral. Acusar de islamofobia consolida un bloque de voto musulmán. En la Asamblea actual (25 diputados), el PP gobierna pero depende de equilibrios altamente delicados; el PSOE alerta de “epidemia de islamofobia” y discursos de ultraderecha; MDyC y Ceuta Ya! presionan con mociones que obligan a los demás a posicionarse, tildando de cómplices a quienes no se suman incondicionalmente. VOX, por su parte, ha sufrido en sus carnes por lanzar mensajes duros contra la “islamización”, lo que sus rivales usan para aislarlo. Aunque mantienen su coherencia sobre la defensa de la sociedad occidental y, en realidad, sin atacar a esa parte de la población, musulmana, claramente integrada y convivente y sí contra las que quieren imponer cultura e identidad sobre las demás. Argumentos que se silencian debidamente desde otras formaciones políticas, por el interés manifiesto de acallar su voz y aprovechar el rédito que ello les conlleva (division y polarización).

 

  • Inversión de roles. Se defiende el hiyab en espacios públicos como “empoderamiento” o se cierra la Asamblea por Ramadán, mientras se ignora la presión sobre mujeres musulmanas disidentes, exmusulmanas o aquellas que quieren vivir con mayor libertad. La narrativa presenta a la comunidad musulmana como bloque homogéneo víctima perpetua, paternalismo que impide autocrítica interna y frena la integración plena en la identidad española. 

 

 

El coste de la división

Esta recurrente bandera de la “islamofobia” erosiona la confianza social. En Ceuta se fragmenta la convivencia: barrios paralelos, resentimientos mutuos y un debate público secuestrado. En lugar de políticas valientes —inmigración selectiva, exigencia de lealtad constitucional, lucha sin complejos contra el islamismo radical, promoción de valores ilustrados (igualdad, secularismo)— se opta por el victimismo y la polarización.

 

Los partidos que más enarbolan esta bandera (izquierda localista e identitaria, con apoyo de PSOE) obtienen rédito a corto plazo entre su electorado, pero perjudican a largo plazo a todos: a los ceutíes no musulmanes que ven amenazada su identidad española, a los musulmanes integrados que quedan atrapados en guetos identitarios, y a la ciudad como conjunto, más vulnerable a presiones externas.

 

Una posición adulta y humanista rechaza la discriminación irracional contra personas, pero defiende sin ambages la primacía de la ley española, la cultura de acogida y la crítica legítima a doctrinas religiosas o políticas incompatibles con los derechos humanos. En Ceuta, como en Europa, inflar la “islamofobia” como escudo no protege a la población; la usa como ariete contra la mayoría y contra la integración real. Merece una crítica firme, porque la demagogia divisiva solo genera más fractura en una sociedad que, por su ubicación y composición, no puede permitírselo. La convivencia verdadera pasa por honestidad, no por silencios interesados ni acusaciones rutinarias.

 

 

La opinión de Ceuta Ahora se refleja únicamente en sus editoriales. La libertad de expresión, la libertad en general, es una máxima de filosofía de este medio que puede compartir o no las opiniones de sus articulistas

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