¡Todos sabemos y algunos hasta lo decimos!
Ya han pasado las elecciones andaluzas y sabíamos lo que iba a ocurrir, al igual que conocemos lo que le sucederá a nivel nacional. Primero dirán que el PP no ha conseguido sus objetivos y es por tanto una derrota para él y luego un par de palabritas vacías con respecto a su propio partido, el PSOE. ¿Y luego? Luego… Nada.
Continuaremos sin presupuestos, con noticias de tribunales, con Feijóo aún sin asumir que no es Presidente porque no quiere, Con ERC apoyando los presupuestos de PSC y ambos defendiendo el nuevo modelo de financiación autonómica que tanto les beneficia. Y así Sánchez continuará perpetuado en el poder porque él ¡sí que quiere ser Presidente! Por encima de cualquier cosa. Y es que, además, le saldría muy caro dejar de serlo.
Algo sobre lo que no se ha escrito apenas es sobre la ausencia de la sorpresa en los comicios españoles, ya sean Autonómicos o Estatal. Ello es la herencia de la pérdida de la ilusión y también de la rebeldía. “Los” que de veras mandan, quienes ostentan el auténtico poder nos han enseñado de qué va esto, ¡de aceptar nuestra posición en el mundo y acatar la misma dentro de cada sociedad! Es decir, reconocer que volvemos a ser siervos de la gleba aunque no esclavos. Al menos en países occidentales. Otros no tienen tanta suerte y allí sí hay esclavos.
Recuerdan cómo trató Trump a Zelenski no hace tanto, ¡cómo olvidar su “relación” con Maduro!, el peloteo repugnante del Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, la humillación europea personificada en Ursula von der Leyen en el campo de golf de TACO (“Trump Always Chickens Out”) por aquel entonces, ahora NACHO (“Not A Chance Hormuz Opens”) o las declaraciones contra el Papa. Donald Trump es el dueño del cotarro. El capataz que tiende líneas férreas por las praderas norteamericanas con mano de obra esclava china.
El mandatario más sexy del universo. Al menos eso nos hacían creer, y por ello rezan y rezan, y recogen donativos, y recogen donativos y recogen donativos y…también recogen donativos, los evangélicos. Pero ahora llega su visita a China y vemos como Trump no solo agacha la cabeza ante Xi Jinpin, sino que lo halaga y lo halaga y lo halaga, convirtiendo su intervención en una serie exponencial de alabanzas cuyo resultado final es la adulación infinita.
Esa China Town del Far West tan anhelada por los trumpistas y el propio líder ya no existe, ni revivirá. Justo al comienzo de esta legislatura adelanté que no tendríamos medidas progresistas de calado, ni de superficie, durante la misma. Sencillamente porque el PSOE se iba a tener que apoyar continuamente en los ricachones nacionalistas vascos y catalanes, en las burguesías separatistas vascas y catalanas, absolutamente de derechas y más allá.
No demostré ser un analista político excelso ni un médium tan solo una persona con cierta formación que sigue la política porque es la esencia de cualquier sociedad humana. La principal diferencia entre el ser humano y cualquier otra especie del planeta es que la cultura se materializa como política, que es la amalgama que mantiene unida la sociedad. Estamos en un momento histórico en el que las vendas han caído de los ojos y el brillo del consumismo nos ha cegado, al menos a la mayoría. De ahí que unos no puedan ver lo que se nos viene encima y otros tienen los dedos cruzados para que no nos demos cuenta. Siervos de la gleba.
El rico es sumiso con el más rico, prepotente con el que es igualmente rico que él (pues con él compite) y déspota con cualquiera que quede por debajo de esta estructura. Eso no ha cambiado ni un ápice desde el comienzo de los tiempos, lo que sí lo hizo fue la unión de los explotados y el nacimiento de un sentimiento de clase que tenía como faro la defensa de su dignidad, siglo XIX, a partir de mediados del mismo particularmente, sobretodo en España.
Como dijera Soul Etspes: “Quien acepta ser siervo merece lo que tiene, a quien se lo imponen lo convierten en rebelde”
Ya han pasado las elecciones andaluzas y sabíamos lo que iba a ocurrir, al igual que conocemos lo que le sucederá a nivel nacional. Primero dirán que el PP no ha conseguido sus objetivos y es por tanto una derrota para él y luego un par de palabritas vacías con respecto a su propio partido, el PSOE. ¿Y luego? Luego… Nada.
Continuaremos sin presupuestos, con noticias de tribunales, con Feijóo aún sin asumir que no es Presidente porque no quiere, Con ERC apoyando los presupuestos de PSC y ambos defendiendo el nuevo modelo de financiación autonómica que tanto les beneficia. Y así Sánchez continuará perpetuado en el poder porque él ¡sí que quiere ser Presidente! Por encima de cualquier cosa. Y es que, además, le saldría muy caro dejar de serlo.
Algo sobre lo que no se ha escrito apenas es sobre la ausencia de la sorpresa en los comicios españoles, ya sean Autonómicos o Estatal. Ello es la herencia de la pérdida de la ilusión y también de la rebeldía. “Los” que de veras mandan, quienes ostentan el auténtico poder nos han enseñado de qué va esto, ¡de aceptar nuestra posición en el mundo y acatar la misma dentro de cada sociedad! Es decir, reconocer que volvemos a ser siervos de la gleba aunque no esclavos. Al menos en países occidentales. Otros no tienen tanta suerte y allí sí hay esclavos.
Recuerdan cómo trató Trump a Zelenski no hace tanto, ¡cómo olvidar su “relación” con Maduro!, el peloteo repugnante del Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, la humillación europea personificada en Ursula von der Leyen en el campo de golf de TACO (“Trump Always Chickens Out”) por aquel entonces, ahora NACHO (“Not A Chance Hormuz Opens”) o las declaraciones contra el Papa. Donald Trump es el dueño del cotarro. El capataz que tiende líneas férreas por las praderas norteamericanas con mano de obra esclava china.
El mandatario más sexy del universo. Al menos eso nos hacían creer, y por ello rezan y rezan, y recogen donativos, y recogen donativos y recogen donativos y…también recogen donativos, los evangélicos. Pero ahora llega su visita a China y vemos como Trump no solo agacha la cabeza ante Xi Jinpin, sino que lo halaga y lo halaga y lo halaga, convirtiendo su intervención en una serie exponencial de alabanzas cuyo resultado final es la adulación infinita.
Esa China Town del Far West tan anhelada por los trumpistas y el propio líder ya no existe, ni revivirá. Justo al comienzo de esta legislatura adelanté que no tendríamos medidas progresistas de calado, ni de superficie, durante la misma. Sencillamente porque el PSOE se iba a tener que apoyar continuamente en los ricachones nacionalistas vascos y catalanes, en las burguesías separatistas vascas y catalanas, absolutamente de derechas y más allá.
No demostré ser un analista político excelso ni un médium tan solo una persona con cierta formación que sigue la política porque es la esencia de cualquier sociedad humana. La principal diferencia entre el ser humano y cualquier otra especie del planeta es que la cultura se materializa como política, que es la amalgama que mantiene unida la sociedad. Estamos en un momento histórico en el que las vendas han caído de los ojos y el brillo del consumismo nos ha cegado, al menos a la mayoría. De ahí que unos no puedan ver lo que se nos viene encima y otros tienen los dedos cruzados para que no nos demos cuenta. Siervos de la gleba.
El rico es sumiso con el más rico, prepotente con el que es igualmente rico que él (pues con él compite) y déspota con cualquiera que quede por debajo de esta estructura. Eso no ha cambiado ni un ápice desde el comienzo de los tiempos, lo que sí lo hizo fue la unión de los explotados y el nacimiento de un sentimiento de clase que tenía como faro la defensa de su dignidad, siglo XIX, a partir de mediados del mismo particularmente, sobretodo en España.
Como dijera Soul Etspes: “Quien acepta ser siervo merece lo que tiene, a quien se lo imponen lo convierten en rebelde”
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