Manifiesto del PP con motivo del Día del Trabajador
Como cada 1 de mayo, España celebra el Día del Trabajador. Una jornada para reconocer a todos los hombres y mujeres que, con su esfuerzo, su talento y su dedicación, sacan adelante cada día a nuestro país. A quienes madrugan para abrir un negocio, a quienes trabajan en una fábrica, en una oficina, en un hospital, en el campo, en un taller, en una tienda o desde un ordenador. A los autónomos, a los empleados públicos, a los trabajadores por cuenta ajena, a los jóvenes que buscan su primera oportunidad y a quienes, después de toda una vida laboral, temen quedarse fuera del mercado de trabajo.
Desde el Partido Popular queremos decirles a todos ellos algo claro: España les debe mucho más de lo que hoy les ofrece. Porque una nación que quiere prosperar no puede resignarse a que trabajar no sea suficiente, a que formarse no garantice oportunidades, a que ahorrar sea cada vez más difícil y a que esforzarse tenga cada vez menos recompensa.
La realidad del mercado laboral español exige una reflexión seria. España sigue teniendo una de las tasas de paro más altas de Europa. Según la EPA del primer trimestre de 2026, nuestro país cuenta con más de 2,7 millones de desempleados y una tasa de paro del 10,83%. Mientras la Unión Europea se mantiene en niveles de desempleo próximos al 6%, España continúa instalada en un diferencial inaceptable. Y el problema es aún más grave entre los jóvenes: uno de cada cuatro menores de 25 años que quiere trabajar no encuentra empleo.
No podemos aceptar como normal que miles de jóvenes encadenen contratos precarios, retrasen su emancipación, renuncien a formar una familia o vean la vivienda como una meta imposible. No podemos pedirles confianza en el futuro si el primer mensaje que reciben del mercado laboral es incertidumbre, temporalidad, salarios bajos y alquileres inasumibles. España necesita volver a ser un país en el que los jóvenes puedan construir un proyecto de vida con su trabajo.
Tampoco podemos conformarnos con un mercado laboral que desaprovecha el talento. España es el país de la Unión Europea con mayor tasa de sobrecualificación, un 34%: demasiados trabajadores desempeñan empleos que están por debajo de su formación. Esto no solo frustra expectativas personales, sino que también empobrece al conjunto de la economía. Un país que forma a sus jóvenes, pero que no es capaz de ofrecerles empleos acordes a su preparación, está fallando en lo esencial.
A esta realidad se suma que los salarios españoles siguen por debajo de la media europea. El salario medio anual ajustado a tiempo completo en la Unión Europea se situó en 2024 en torno a los 39.800 euros, mientras que en España ronda los 33.700. La diferencia no se corrige con la propaganda habitual del Gobierno, ni con anuncios. Nuestro país solo podrá converger con la Unión Europea elevando la productividad, atrayendo inversión, fortaleciendo el tejido empresarial y reduciendo los obstáculos que impiden crecer a quienes crean empleo.
Además, durante los últimos años, la inflación y las subidas de impuestos del Gobierno han erosionado el poder adquisitivo de las familias y las clases medias. Muchos trabajadores han visto cómo su nómina subía menos que los precios, cómo llenar la cesta de la compra era cada vez más caro, cómo la aspiración de comprar una vivienda se alejaba y cómo la falta de actualización del IRPF provocaba que el esfuerzo de todo un mes rindiera menos. El Gobierno ha recaudado más que nunca, pero muchas familias viven peor que antes. Esa es la contradicción que no puede ocultarse: una España con récords de recaudación, pero con demasiados trabajadores que no llegan con holgura a fin de mes.
Por eso, en este 1 de mayo, el Partido Popular quiere reivindicar una idea profundamente justa. En España tiene que volver a merecer la pena trabajar y esforzarse.
Tiene que merecer la pena formarse. Tiene que merecer la pena esforzarse. Tiene que merecer la pena cumplir con las obligaciones laborales. Tiene que merecer la pena ahorrar, emprender, asumir responsabilidades, mejorar profesionalmente y construir un futuro con el propio trabajo. Una sociedad con valores no puede transmitir a sus ciudadanos que da igual esforzarse que no hacerlo, cumplir que incumplir, trabajar que depender permanentemente de una ayuda. Como dijimos en nuestra Ponencia Política, la política no puede ser una fábrica de ciudadanos dependientes del Estado; debe posibilitar una sociedad fuerte, que reconozca el talento individual, al tiempo que integra a quien padece desventajas. El horizonte debe ser abrir caminos de libertad, autonomía, empleo, prosperidad y dignidad.
España necesita una política económica y laboral que ponga en el centro a quienes trabajan. Y eso exige actuar sobre las causas, no solo sobre los síntomas. La primera prioridad debe ser devolver poder adquisitivo a los ciudadanos. Que trabajar vuelva a permitir llegar a fin de mes y construir un proyecto de vida. Para ello, es imprescindible rebajar la carga fiscal que soportan las rentas del trabajo y dejar de utilizar la inflación como una vía silenciosa para recaudar más a costa de las familias, especialmente las familias con hijos.
En segundo lugar, España tiene que elevar los salarios. La única forma de garantizar que crecen todos los salarios es incrementar la productividad. Porque solo con más productividad habrá mejores salarios, mejores empleos y más capacidad para competir. Para lograrlo, España necesita impulsar la inversión, favorecer el ahorro, eliminar trabas burocráticas, mejorar la Formación Profesional, reforzar la conexión entre educación y empresa, apoyar a los autónomos y permitir que las empresas crezcan sin ser tratadas como sospechosas.
También necesitamos una política migratoria ordenada, seria y vinculada a las necesidades reales de nuestro mercado laboral. España debe ser un país abierto, pero también responsable. Necesitamos trabajadores en sectores concretos y debemos ser capaces de atraerlos, integrarlos y formarlos adecuadamente, evitando tanto el desorden como la explotación por parte de mafias.
Del mismo modo, no podemos crear obstáculos a quienes quieren seguir trabajando. La experiencia de los trabajadores sénior es un activo que España no puede desperdiciar. Un país con mayor esperanza de vida no puede permitirse expulsar talento por edad ni penalizar a quien quiere continuar aportando.
El Partido Popular defiende un modelo laboral basado en el empleo, la productividad, la conciliación, el mérito, la justicia y la libertad. Un modelo en el que el diálogo social sirva para mejorar las condiciones de los trabajadores, pero también para fortalecer a las empresas que los emplean. Porque sin empresas no hay empleo. Sin inversión no hay productividad. Sin productividad no hay salarios altos. Y sin salarios suficientes no hay clase media.
Queremos una España en la que los salarios vuelvan a bastar para sacar adelante una familia. Una España en la que los jóvenes puedan emanciparse. Una España de pequeños propietarios en la que el acceso a la vivienda no sea una carrera imposible. Una España en la que el autónomo no sea castigado por intentarlo. Una España en la que quien se forma encuentre oportunidades, quien trabaja pueda prosperar y quien ahorra vea respetado el fruto de su esfuerzo.
El 1 de mayo no debe ser solo una celebración del trabajo. Debe ser también una llamada a recuperar el valor del trabajo como fundamento de la libertad personal, del ascensor social y de la prosperidad compartida.
España es una gran nación. Lo ha demostrado siempre que ha confiado en la capacidad de sus ciudadanos. Nuestro país no saldrá adelante por la propaganda, ni por los subsidios convertidos en horizonte, ni por una fiscalidad que castiga a quienes sostienen el Estado del bienestar. España saldrá adelante con más empleo, mejores salarios, más productividad, más inversión, más formación y más libertad.
Ese es nuestro compromiso: trabajar para que España vuelva a ser uno de los mejores países del mundo, no solo para vivir, sino también para trabajar, prosperar y desarrollar un proyecto de vida. Porque cuando trabajar merece la pena, España avanza.
Como cada 1 de mayo, España celebra el Día del Trabajador. Una jornada para reconocer a todos los hombres y mujeres que, con su esfuerzo, su talento y su dedicación, sacan adelante cada día a nuestro país. A quienes madrugan para abrir un negocio, a quienes trabajan en una fábrica, en una oficina, en un hospital, en el campo, en un taller, en una tienda o desde un ordenador. A los autónomos, a los empleados públicos, a los trabajadores por cuenta ajena, a los jóvenes que buscan su primera oportunidad y a quienes, después de toda una vida laboral, temen quedarse fuera del mercado de trabajo.
Desde el Partido Popular queremos decirles a todos ellos algo claro: España les debe mucho más de lo que hoy les ofrece. Porque una nación que quiere prosperar no puede resignarse a que trabajar no sea suficiente, a que formarse no garantice oportunidades, a que ahorrar sea cada vez más difícil y a que esforzarse tenga cada vez menos recompensa.
La realidad del mercado laboral español exige una reflexión seria. España sigue teniendo una de las tasas de paro más altas de Europa. Según la EPA del primer trimestre de 2026, nuestro país cuenta con más de 2,7 millones de desempleados y una tasa de paro del 10,83%. Mientras la Unión Europea se mantiene en niveles de desempleo próximos al 6%, España continúa instalada en un diferencial inaceptable. Y el problema es aún más grave entre los jóvenes: uno de cada cuatro menores de 25 años que quiere trabajar no encuentra empleo.
No podemos aceptar como normal que miles de jóvenes encadenen contratos precarios, retrasen su emancipación, renuncien a formar una familia o vean la vivienda como una meta imposible. No podemos pedirles confianza en el futuro si el primer mensaje que reciben del mercado laboral es incertidumbre, temporalidad, salarios bajos y alquileres inasumibles. España necesita volver a ser un país en el que los jóvenes puedan construir un proyecto de vida con su trabajo.
Tampoco podemos conformarnos con un mercado laboral que desaprovecha el talento. España es el país de la Unión Europea con mayor tasa de sobrecualificación, un 34%: demasiados trabajadores desempeñan empleos que están por debajo de su formación. Esto no solo frustra expectativas personales, sino que también empobrece al conjunto de la economía. Un país que forma a sus jóvenes, pero que no es capaz de ofrecerles empleos acordes a su preparación, está fallando en lo esencial.
A esta realidad se suma que los salarios españoles siguen por debajo de la media europea. El salario medio anual ajustado a tiempo completo en la Unión Europea se situó en 2024 en torno a los 39.800 euros, mientras que en España ronda los 33.700. La diferencia no se corrige con la propaganda habitual del Gobierno, ni con anuncios. Nuestro país solo podrá converger con la Unión Europea elevando la productividad, atrayendo inversión, fortaleciendo el tejido empresarial y reduciendo los obstáculos que impiden crecer a quienes crean empleo.
Además, durante los últimos años, la inflación y las subidas de impuestos del Gobierno han erosionado el poder adquisitivo de las familias y las clases medias. Muchos trabajadores han visto cómo su nómina subía menos que los precios, cómo llenar la cesta de la compra era cada vez más caro, cómo la aspiración de comprar una vivienda se alejaba y cómo la falta de actualización del IRPF provocaba que el esfuerzo de todo un mes rindiera menos. El Gobierno ha recaudado más que nunca, pero muchas familias viven peor que antes. Esa es la contradicción que no puede ocultarse: una España con récords de recaudación, pero con demasiados trabajadores que no llegan con holgura a fin de mes.
Por eso, en este 1 de mayo, el Partido Popular quiere reivindicar una idea profundamente justa. En España tiene que volver a merecer la pena trabajar y esforzarse.
Tiene que merecer la pena formarse. Tiene que merecer la pena esforzarse. Tiene que merecer la pena cumplir con las obligaciones laborales. Tiene que merecer la pena ahorrar, emprender, asumir responsabilidades, mejorar profesionalmente y construir un futuro con el propio trabajo. Una sociedad con valores no puede transmitir a sus ciudadanos que da igual esforzarse que no hacerlo, cumplir que incumplir, trabajar que depender permanentemente de una ayuda. Como dijimos en nuestra Ponencia Política, la política no puede ser una fábrica de ciudadanos dependientes del Estado; debe posibilitar una sociedad fuerte, que reconozca el talento individual, al tiempo que integra a quien padece desventajas. El horizonte debe ser abrir caminos de libertad, autonomía, empleo, prosperidad y dignidad.
España necesita una política económica y laboral que ponga en el centro a quienes trabajan. Y eso exige actuar sobre las causas, no solo sobre los síntomas. La primera prioridad debe ser devolver poder adquisitivo a los ciudadanos. Que trabajar vuelva a permitir llegar a fin de mes y construir un proyecto de vida. Para ello, es imprescindible rebajar la carga fiscal que soportan las rentas del trabajo y dejar de utilizar la inflación como una vía silenciosa para recaudar más a costa de las familias, especialmente las familias con hijos.
En segundo lugar, España tiene que elevar los salarios. La única forma de garantizar que crecen todos los salarios es incrementar la productividad. Porque solo con más productividad habrá mejores salarios, mejores empleos y más capacidad para competir. Para lograrlo, España necesita impulsar la inversión, favorecer el ahorro, eliminar trabas burocráticas, mejorar la Formación Profesional, reforzar la conexión entre educación y empresa, apoyar a los autónomos y permitir que las empresas crezcan sin ser tratadas como sospechosas.
También necesitamos una política migratoria ordenada, seria y vinculada a las necesidades reales de nuestro mercado laboral. España debe ser un país abierto, pero también responsable. Necesitamos trabajadores en sectores concretos y debemos ser capaces de atraerlos, integrarlos y formarlos adecuadamente, evitando tanto el desorden como la explotación por parte de mafias.
Del mismo modo, no podemos crear obstáculos a quienes quieren seguir trabajando. La experiencia de los trabajadores sénior es un activo que España no puede desperdiciar. Un país con mayor esperanza de vida no puede permitirse expulsar talento por edad ni penalizar a quien quiere continuar aportando.
El Partido Popular defiende un modelo laboral basado en el empleo, la productividad, la conciliación, el mérito, la justicia y la libertad. Un modelo en el que el diálogo social sirva para mejorar las condiciones de los trabajadores, pero también para fortalecer a las empresas que los emplean. Porque sin empresas no hay empleo. Sin inversión no hay productividad. Sin productividad no hay salarios altos. Y sin salarios suficientes no hay clase media.
Queremos una España en la que los salarios vuelvan a bastar para sacar adelante una familia. Una España en la que los jóvenes puedan emanciparse. Una España de pequeños propietarios en la que el acceso a la vivienda no sea una carrera imposible. Una España en la que el autónomo no sea castigado por intentarlo. Una España en la que quien se forma encuentre oportunidades, quien trabaja pueda prosperar y quien ahorra vea respetado el fruto de su esfuerzo.
El 1 de mayo no debe ser solo una celebración del trabajo. Debe ser también una llamada a recuperar el valor del trabajo como fundamento de la libertad personal, del ascensor social y de la prosperidad compartida.
España es una gran nación. Lo ha demostrado siempre que ha confiado en la capacidad de sus ciudadanos. Nuestro país no saldrá adelante por la propaganda, ni por los subsidios convertidos en horizonte, ni por una fiscalidad que castiga a quienes sostienen el Estado del bienestar. España saldrá adelante con más empleo, mejores salarios, más productividad, más inversión, más formación y más libertad.
Ese es nuestro compromiso: trabajar para que España vuelva a ser uno de los mejores países del mundo, no solo para vivir, sino también para trabajar, prosperar y desarrollar un proyecto de vida. Porque cuando trabajar merece la pena, España avanza.
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