Sociedad
La Comandancia despide a Alfonso Cruzado, referente de la Comunicación en la Guardia Civil
Tras años siendo puente con la ciudadanía y apoyo diario de la Comandancia, inicia una jubilación merecida dejando una huella difícil de reemplazar
Rodeado de sus compañeros de la Comandancia de Ceuta, Alfonso Cruzado cierra una etapa que ha marcado a muchas personas más de lo que él mismo quizá imagina. No es solo una jubilación: es el final de una forma de estar en el servicio que deja escuela. Durante años fue esa presencia firme que aparecía cuando tocaba, la voz serena —o directa, cuando hacía falta— que ordenaba el día y el que se quedaba hasta que todo quedaba atado.
En Comunicación, donde tantas veces se trabaja contrarreloj y bajo presión, Alfonso supo sostener el pulso sin perder lo esencial: el respeto por los compañeros y el compromiso con la verdad de lo que se cuenta.
Queda, además, lo que no se escribe en una nota ni cabe en una fotografía: las prisas compartidas, las guardias largas, los silencios cómplices en un pasillo, las bromas a media voz y, también, esos momentos en los que un gesto suyo —una llamada, una mirada, un “yo me encargo”— alivió una carga que parecía demasiado grande. Por eso hoy hay emoción en el adiós: porque se marcha alguien que no necesitó hacer ruido para ser imprescindible.
Alfonso, gracias por el oficio enseñado con el ejemplo, por la paciencia a tu manera, por el carácter que empujaba a hacerlo mejor y por la lealtad diaria, incluso en los días torcidos. Te toca, por fin, el tiempo propio: el de la familia, los amigos, los planes pospuestos y la calma. Disfruta de esta nueva etapa con la tranquilidad de quien ha cumplido de sobra. Y cuando quieras volver, aunque sea solo a saludar, recuerda que en el Cuartel de San José queda tu gente: porque esa siempre será tu casa.

Rodeado de sus compañeros de la Comandancia de Ceuta, Alfonso Cruzado cierra una etapa que ha marcado a muchas personas más de lo que él mismo quizá imagina. No es solo una jubilación: es el final de una forma de estar en el servicio que deja escuela. Durante años fue esa presencia firme que aparecía cuando tocaba, la voz serena —o directa, cuando hacía falta— que ordenaba el día y el que se quedaba hasta que todo quedaba atado.
En Comunicación, donde tantas veces se trabaja contrarreloj y bajo presión, Alfonso supo sostener el pulso sin perder lo esencial: el respeto por los compañeros y el compromiso con la verdad de lo que se cuenta.
Queda, además, lo que no se escribe en una nota ni cabe en una fotografía: las prisas compartidas, las guardias largas, los silencios cómplices en un pasillo, las bromas a media voz y, también, esos momentos en los que un gesto suyo —una llamada, una mirada, un “yo me encargo”— alivió una carga que parecía demasiado grande. Por eso hoy hay emoción en el adiós: porque se marcha alguien que no necesitó hacer ruido para ser imprescindible.
Alfonso, gracias por el oficio enseñado con el ejemplo, por la paciencia a tu manera, por el carácter que empujaba a hacerlo mejor y por la lealtad diaria, incluso en los días torcidos. Te toca, por fin, el tiempo propio: el de la familia, los amigos, los planes pospuestos y la calma. Disfruta de esta nueva etapa con la tranquilidad de quien ha cumplido de sobra. Y cuando quieras volver, aunque sea solo a saludar, recuerda que en el Cuartel de San José queda tu gente: porque esa siempre será tu casa.






















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