Los líos de Juanma
Anda JuanMa Moreno inmerso en su campaña electoral, y su primer mensaje cansino, que le va a durar hasta que le toque enfrentarse a su realidad, es que el 17 de mayo se dilucida la cuestión: él o el lío. Parece olvidar el malagueño que un lío del mismo tenor al que apela, fue el que le permitió llegar a la Presidencia de la Junta de Andalucía tras aquel 2D en el que el PP obtuvo su peor resultado electoral.
Así que, de principio, debe ser él quien debe dar razón de aquel lío que no le pareció tal, pues lo promovió él mismo aprovechando la oportunidad brindada por VOX, que en ningún caso iba a consentir, ni mucho menos colaborar, en el mantenimiento del socialismo (rojo) en el sillón de San Telmo. Los votos favorables de aquellos primeros 12 escaños históricos de los de Bambú, eran imprescindibles para superar los 50 que sumaban entonces entre socialistas y el podemismo andaluz.
Dos años más tarde la formalidad se perdió, y el incumplimiento de lo firmado por los populares les obligaba a llamarnos por adelantado a los andaluces a votar. La estabilidad que otorgan unos presupuestos, que no se aprobaban porque JuanMa, en plan Sánchez, había cambiado de opinión, obligaban a que la primera legislatura postPSOE finalizara antes de tiempo.
Porque JuanMa no quiere estabilidad para cumplir lo que pacta, porque se sabe incapaz y porque debe cumplir otras consignas que no son compatibles con lo que VOX demande para volver a dejar su firma en un papel. ¿Por qué creen que se están demorando tanto los acuerdos en Extremadura -al borde de firmarse-, Aragón y Castilla y León? Precisamente porque VOX ya sabe, y los españoles también, que el PP no es de fiar y las garantías de cumplimiento deben ir por delante y ser reales.
La estabilidad de JuanMa requiere de más olivos que arrancar; más inmigrantes ilegales que atraer con la hospitalidad pagada con bolsillo ajeno; más Agenda 2030 y más Pacto Verde que aplicar en Andalucía para ruina de todo lo que toquen. Esa estabilidad significa el mantenimiento en sus puestos de muchos que por aquí nunca aparecen, pero que condicionan nuestras vidas lejos de nuestra tierra. Tipos que para ello necesitan a otros tipos como JuanMa, pura lealtad y prestancia al servicio del globalismo atroz que arrasa las economías por las que se expande, apestando comunismo y anegándonos de ideología de esa que te termina diciendo sin ambages que “no tendrás nada y serás feliz”. En esos parámetros se mueve nuestro actual presidente andaluz en funciones.
A poco más de un mes para que se abran las urnas en Andalucía, tal vez el mejor “termómetro electoral” de España, estamos en el momento de la reflexión que nos ayude a entender qué camino elegir para la Andalucía que queremos, si el mismo que comparten PP y PSOE (con esos mínimos matices que aún les diferencian), o si el que facilitaría la labor de VOX, con una mayor representación, centrada en priorizar los intereses de los andaluces antes que los impuestos por las orbes globalistas que, como estamos siendo testigos, a nuestra tierra no arriman más que incertidumbre, desconfianza y ganas de irse huyendo en busca de la prosperidad que puedan ofrecernos por otros lares.
Anda JuanMa Moreno inmerso en su campaña electoral, y su primer mensaje cansino, que le va a durar hasta que le toque enfrentarse a su realidad, es que el 17 de mayo se dilucida la cuestión: él o el lío. Parece olvidar el malagueño que un lío del mismo tenor al que apela, fue el que le permitió llegar a la Presidencia de la Junta de Andalucía tras aquel 2D en el que el PP obtuvo su peor resultado electoral.
Así que, de principio, debe ser él quien debe dar razón de aquel lío que no le pareció tal, pues lo promovió él mismo aprovechando la oportunidad brindada por VOX, que en ningún caso iba a consentir, ni mucho menos colaborar, en el mantenimiento del socialismo (rojo) en el sillón de San Telmo. Los votos favorables de aquellos primeros 12 escaños históricos de los de Bambú, eran imprescindibles para superar los 50 que sumaban entonces entre socialistas y el podemismo andaluz.
Dos años más tarde la formalidad se perdió, y el incumplimiento de lo firmado por los populares les obligaba a llamarnos por adelantado a los andaluces a votar. La estabilidad que otorgan unos presupuestos, que no se aprobaban porque JuanMa, en plan Sánchez, había cambiado de opinión, obligaban a que la primera legislatura postPSOE finalizara antes de tiempo.
Porque JuanMa no quiere estabilidad para cumplir lo que pacta, porque se sabe incapaz y porque debe cumplir otras consignas que no son compatibles con lo que VOX demande para volver a dejar su firma en un papel. ¿Por qué creen que se están demorando tanto los acuerdos en Extremadura -al borde de firmarse-, Aragón y Castilla y León? Precisamente porque VOX ya sabe, y los españoles también, que el PP no es de fiar y las garantías de cumplimiento deben ir por delante y ser reales.
La estabilidad de JuanMa requiere de más olivos que arrancar; más inmigrantes ilegales que atraer con la hospitalidad pagada con bolsillo ajeno; más Agenda 2030 y más Pacto Verde que aplicar en Andalucía para ruina de todo lo que toquen. Esa estabilidad significa el mantenimiento en sus puestos de muchos que por aquí nunca aparecen, pero que condicionan nuestras vidas lejos de nuestra tierra. Tipos que para ello necesitan a otros tipos como JuanMa, pura lealtad y prestancia al servicio del globalismo atroz que arrasa las economías por las que se expande, apestando comunismo y anegándonos de ideología de esa que te termina diciendo sin ambages que “no tendrás nada y serás feliz”. En esos parámetros se mueve nuestro actual presidente andaluz en funciones.
A poco más de un mes para que se abran las urnas en Andalucía, tal vez el mejor “termómetro electoral” de España, estamos en el momento de la reflexión que nos ayude a entender qué camino elegir para la Andalucía que queremos, si el mismo que comparten PP y PSOE (con esos mínimos matices que aún les diferencian), o si el que facilitaría la labor de VOX, con una mayor representación, centrada en priorizar los intereses de los andaluces antes que los impuestos por las orbes globalistas que, como estamos siendo testigos, a nuestra tierra no arriman más que incertidumbre, desconfianza y ganas de irse huyendo en busca de la prosperidad que puedan ofrecernos por otros lares.
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