Foto de archivo Carta Abierta al presidente de la Ciudad de la sección sindical de CCOO en Servilmpce
Hace veinte meses que Servilimpce barre, baldea y recoge los residuos en nuestra Ciudad, como consecuencia de la decisión política de municipalizar este servicio (prestarlo mediante gestión directa). La valoración que podemos hacer de manera objetiva es que estamos ante una gran decepción.
CCOO apoyó, con entusiasmo y si reservas, el proceso de municipalización. Estábamos absolutamente convencidos de que todo serían ventajas para la Ciudad en general, y para los trabajadores en particular. Una empresa guiada por el interés general exclusivamente, con una plantilla muy amplia y abundantes recursos económicos, podría y debería haber dado un cambio radical a la situación en la que estábamos, secuestrados por los intereses de una empresa privada que impedían funcionar al nivel de calidad exigido por la población.
Sin embargo, hoy, tenemos que reconocer con una enorme frustración, que las cosas no funcionan. No significa esta afirmación que estemos arrepentidos de haber brindado nuestro apoyo incondicional al Gobierno, sino que, sencillamente, este Gobierno no está a la altura de este reto. Y lo explicaremos.
El principal problema de la antecesora Trace era que funcionaba bajo el mando tiránico de una “organización” que controlaba todos los ámbitos de gestión y todos los resortes poder atendiendo a sus más que dudosos y particulares intereses. Todos confiábamos en que el nuevo contexto de relaciones laborales, determinado por las propias características de las administraciones públicas, supusiera el cese de este tipo de prácticas incompatibles con los valores y principios democráticos y constitucionales. Pero no ha sucedido así. La “organización” sigue imponiendo su poder impunemente ante la complacencia y con la complicidad del Gobierno.
El “modus operandi” de esta peculiar “organización” resulta tan sencillo como eficaz. En todas las empresas (esta no es una excepción) existen destinos, puestos de trabajo o categorías que son mucho más apetecibles que otras. Por ejemplo, existen peones que pasan su jornada de siete horas a la intemperie, subiendo y bajando cuestas, mientras otros, de idéntica categoría y mismo sueldo, disfrutan del privilegio de estar a cubierto, sentados y relajados en la base. Existen peones que son elevados a “superior categoría” sin tener que demostrar mérito alguno, mientras esta vía de promoción personal queda cerrada para otros de por vida. ¿De qué depende todo esto? Sencillamente del grado de afinidad, colaboración o sumisión a la “organización” que, además, extiende sus tentáculos a todos los rincones. A quienes forman parte activa de la “organización” o practican servil sumisión (cada uno por un motivo diferente) se les disculpan los errores, se justifican las ausencias, se minimizan y perdonan las faltas; sin embargo, a aquellos trabajadores que no aceptan la sumisión como norma, se les aplican todas las normas habidas y por haber con rigor extremo y hasta con saña “para que aprendan quien manda aquí”. Es una forma como otra cualquiera de amedrentar y amenazar. La percepción general en toda la plantilla es que “si quieres que en esta empresa te vaya bien, arrímate a la “organización” y cobíjate bajo su sombra. Este hecho provoca un enorme malestar. No son muchos los que están dispuestos a expresarlo públicamente por miedo a las represalias; pero todo el mundo sabe que es así. Y esta situación genera una enorme desmotivación. No es fácil soportar impasible tantas injusticias como se cometen diariamente en Servilimpce. El ambiente trabajo es pésimo y la calidad del servicio que prestamos se resiente por ello.
Éramos muchos (entre ellos CCOO) los que confiábamos en el cambio. Pensamos que en esta nueva empresa prevalecería el mérito y la capacidad de los trabajadores para la promoción profesional; la objetividad y ecuanimidad a la hora de asignar turnos y destinos; y la imparcialidad y la equidad a la hora impartir justicia. Desgraciadamente, todo sigue igual. La “organización sigue ejerciendo su poder de manera implacable. El Gobierno se ha desentendido por completo de intervenir y corregir esta anomalía. No sabemos si le ha faltado voluntad, valentía o inteligencia para impulsar el cambio (o una mezcla de las tres cosas); pero lo cierto es que estamos en Trace, pero con otro nombre.
Hace veinte meses que Servilimpce barre, baldea y recoge los residuos en nuestra Ciudad, como consecuencia de la decisión política de municipalizar este servicio (prestarlo mediante gestión directa). La valoración que podemos hacer de manera objetiva es que estamos ante una gran decepción.
CCOO apoyó, con entusiasmo y si reservas, el proceso de municipalización. Estábamos absolutamente convencidos de que todo serían ventajas para la Ciudad en general, y para los trabajadores en particular. Una empresa guiada por el interés general exclusivamente, con una plantilla muy amplia y abundantes recursos económicos, podría y debería haber dado un cambio radical a la situación en la que estábamos, secuestrados por los intereses de una empresa privada que impedían funcionar al nivel de calidad exigido por la población.
Sin embargo, hoy, tenemos que reconocer con una enorme frustración, que las cosas no funcionan. No significa esta afirmación que estemos arrepentidos de haber brindado nuestro apoyo incondicional al Gobierno, sino que, sencillamente, este Gobierno no está a la altura de este reto. Y lo explicaremos.
El principal problema de la antecesora Trace era que funcionaba bajo el mando tiránico de una “organización” que controlaba todos los ámbitos de gestión y todos los resortes poder atendiendo a sus más que dudosos y particulares intereses. Todos confiábamos en que el nuevo contexto de relaciones laborales, determinado por las propias características de las administraciones públicas, supusiera el cese de este tipo de prácticas incompatibles con los valores y principios democráticos y constitucionales. Pero no ha sucedido así. La “organización” sigue imponiendo su poder impunemente ante la complacencia y con la complicidad del Gobierno.
El “modus operandi” de esta peculiar “organización” resulta tan sencillo como eficaz. En todas las empresas (esta no es una excepción) existen destinos, puestos de trabajo o categorías que son mucho más apetecibles que otras. Por ejemplo, existen peones que pasan su jornada de siete horas a la intemperie, subiendo y bajando cuestas, mientras otros, de idéntica categoría y mismo sueldo, disfrutan del privilegio de estar a cubierto, sentados y relajados en la base. Existen peones que son elevados a “superior categoría” sin tener que demostrar mérito alguno, mientras esta vía de promoción personal queda cerrada para otros de por vida. ¿De qué depende todo esto? Sencillamente del grado de afinidad, colaboración o sumisión a la “organización” que, además, extiende sus tentáculos a todos los rincones. A quienes forman parte activa de la “organización” o practican servil sumisión (cada uno por un motivo diferente) se les disculpan los errores, se justifican las ausencias, se minimizan y perdonan las faltas; sin embargo, a aquellos trabajadores que no aceptan la sumisión como norma, se les aplican todas las normas habidas y por haber con rigor extremo y hasta con saña “para que aprendan quien manda aquí”. Es una forma como otra cualquiera de amedrentar y amenazar. La percepción general en toda la plantilla es que “si quieres que en esta empresa te vaya bien, arrímate a la “organización” y cobíjate bajo su sombra. Este hecho provoca un enorme malestar. No son muchos los que están dispuestos a expresarlo públicamente por miedo a las represalias; pero todo el mundo sabe que es así. Y esta situación genera una enorme desmotivación. No es fácil soportar impasible tantas injusticias como se cometen diariamente en Servilimpce. El ambiente trabajo es pésimo y la calidad del servicio que prestamos se resiente por ello.
Éramos muchos (entre ellos CCOO) los que confiábamos en el cambio. Pensamos que en esta nueva empresa prevalecería el mérito y la capacidad de los trabajadores para la promoción profesional; la objetividad y ecuanimidad a la hora de asignar turnos y destinos; y la imparcialidad y la equidad a la hora impartir justicia. Desgraciadamente, todo sigue igual. La “organización sigue ejerciendo su poder de manera implacable. El Gobierno se ha desentendido por completo de intervenir y corregir esta anomalía. No sabemos si le ha faltado voluntad, valentía o inteligencia para impulsar el cambio (o una mezcla de las tres cosas); pero lo cierto es que estamos en Trace, pero con otro nombre.
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