Un cese y una reflexión
En un tiempo marcado por el vértigo todos los hechos se diluyen y naturalizan con una asombrosa rapidez. Más allá de su importancia o gravedad, todo cicatriza ante la opinión con extraordinaria velocidad restándole impacto y, en consecuencia, provocando un insoportable desinterés político y social, antesala de la más abyecta indiferencia.
Esto es exactamente lo que sucede en nuestra Ciudad con la educación. De nada sirve denunciar una y otra vez los enormes problemas estructurales que afectan a un sistema educativo ya de por sí deformado como consecuencia de su marginalidad originalidad (competencia residual del Ministerio por defecto). La sociedad ceutí, y con ella todas las instituciones, han llegado a la conclusión de que no se puede hacer más de lo que se hace y que, al fin y al cabo, tampoco está tan mal. Dicho de otro modo, todo el mundo ha perdido el interés en resolver los problemas educativos.
La administración local, atrincherada durante los últimos veinte años en el socorrido “no somos competentes” ha renunciado, no sólo a colaborar, sino incluso a cumplir con sus obligaciones básicas (el deplorable estado de los colegios es una prueba irrefutable de su manifiesto desinterés).
La administración del estado (el MEFP), esta sí competente, ha decidido cronificar la desidia como única estrategia política y abandonarse a una estéril inercia administrativa incapaz de intervenir con un mínimo de audacia para cambiar nada. La actitud de todos los partidos que han gobernado, y de todas las personas que han ocupado cargos de responsabilidad, es perfectamente intercambiable, salvo leves matices diferenciadores que en nada alteran los desajustes estructurales. Nadie tiene el más mínimo interés en lo que aquí sucede. Sólo esta falta de interés puede explicar hechos como el sucedido recientemente en relación con el anuncio del cese del Director Provincial del MEFP en Ceuta.
La semana pasada se anuncia (publicado en todos los medios de comunicación locales) el cese del actual Director Provincial y el nombre de su sustituto. Una decisión que requería, al menos, una explicación que nadie se molestó en transmitir. Las designaciones políticas disponen de un amplio margen de discrecionalidad que nadie puede (ni debe) discutir. En este caso, el único requisito exigido para ser elegido como Director Provincial es ser funcionario en activo del Grupo A1. Pero en un sistema democrático, la discrecionalidad no debe confundirse nunca con la arbitrariedad. Quien toma decisiones tiene la obligación democrática de explicarlas a la ciudadanía. ¿Qué argumentos motivaron el anunciado relevo? Absoluto silencio por parte de todos los implicados.
Pero ha sido mucho peor. A los tres días, y a través de un solo medio de comunicación, nos hemos enterado de que el cese ha sido revocado. Nadie ha dicho una sola palabra. Según explica el medio de comunicación que, al menos de momento, parece conocer las interioridades del bochorno, existe una profunda discrepancia entre la Delegación del Gobierno de Ceuta y el equipo ministerial, saldada, por ahora, con el mantenimiento en el cargo del Director Provincial.
Este lamentable hecho (que se repite por segunda vez en Ceuta) lo que pone de manifiesto es que las razones para designar un Director Provincial de Educación no tienen nada que ver con la educación (que a nadie interesa), sino con otras claves paralelas teñidas de intereses partidistas o personales.
Así entramos en el último trimestre del curso sumidos en la perplejidad, la especulación, el chascarrillo o la comedia, según el estado de ánimo de cada cual, sin saber quién estará al frente de la Dirección Provincial. No pasa nada. Es más que probable que no le interesa a nadie.
En un tiempo marcado por el vértigo todos los hechos se diluyen y naturalizan con una asombrosa rapidez. Más allá de su importancia o gravedad, todo cicatriza ante la opinión con extraordinaria velocidad restándole impacto y, en consecuencia, provocando un insoportable desinterés político y social, antesala de la más abyecta indiferencia.
Esto es exactamente lo que sucede en nuestra Ciudad con la educación. De nada sirve denunciar una y otra vez los enormes problemas estructurales que afectan a un sistema educativo ya de por sí deformado como consecuencia de su marginalidad originalidad (competencia residual del Ministerio por defecto). La sociedad ceutí, y con ella todas las instituciones, han llegado a la conclusión de que no se puede hacer más de lo que se hace y que, al fin y al cabo, tampoco está tan mal. Dicho de otro modo, todo el mundo ha perdido el interés en resolver los problemas educativos.
La administración local, atrincherada durante los últimos veinte años en el socorrido “no somos competentes” ha renunciado, no sólo a colaborar, sino incluso a cumplir con sus obligaciones básicas (el deplorable estado de los colegios es una prueba irrefutable de su manifiesto desinterés).
La administración del estado (el MEFP), esta sí competente, ha decidido cronificar la desidia como única estrategia política y abandonarse a una estéril inercia administrativa incapaz de intervenir con un mínimo de audacia para cambiar nada. La actitud de todos los partidos que han gobernado, y de todas las personas que han ocupado cargos de responsabilidad, es perfectamente intercambiable, salvo leves matices diferenciadores que en nada alteran los desajustes estructurales. Nadie tiene el más mínimo interés en lo que aquí sucede. Sólo esta falta de interés puede explicar hechos como el sucedido recientemente en relación con el anuncio del cese del Director Provincial del MEFP en Ceuta.
La semana pasada se anuncia (publicado en todos los medios de comunicación locales) el cese del actual Director Provincial y el nombre de su sustituto. Una decisión que requería, al menos, una explicación que nadie se molestó en transmitir. Las designaciones políticas disponen de un amplio margen de discrecionalidad que nadie puede (ni debe) discutir. En este caso, el único requisito exigido para ser elegido como Director Provincial es ser funcionario en activo del Grupo A1. Pero en un sistema democrático, la discrecionalidad no debe confundirse nunca con la arbitrariedad. Quien toma decisiones tiene la obligación democrática de explicarlas a la ciudadanía. ¿Qué argumentos motivaron el anunciado relevo? Absoluto silencio por parte de todos los implicados.
Pero ha sido mucho peor. A los tres días, y a través de un solo medio de comunicación, nos hemos enterado de que el cese ha sido revocado. Nadie ha dicho una sola palabra. Según explica el medio de comunicación que, al menos de momento, parece conocer las interioridades del bochorno, existe una profunda discrepancia entre la Delegación del Gobierno de Ceuta y el equipo ministerial, saldada, por ahora, con el mantenimiento en el cargo del Director Provincial.
Este lamentable hecho (que se repite por segunda vez en Ceuta) lo que pone de manifiesto es que las razones para designar un Director Provincial de Educación no tienen nada que ver con la educación (que a nadie interesa), sino con otras claves paralelas teñidas de intereses partidistas o personales.
Así entramos en el último trimestre del curso sumidos en la perplejidad, la especulación, el chascarrillo o la comedia, según el estado de ánimo de cada cual, sin saber quién estará al frente de la Dirección Provincial. No pasa nada. Es más que probable que no le interesa a nadie.
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