Viernes, 20 de Marzo de 2026

Actualizada Viernes, 20 de Marzo de 2026 a las 18:03:43 horas

Alberto Núñez Feijóo, líder del PP y Santiago Abascal, líder de Vox. / Mundiario Alberto Núñez Feijóo, líder del PP y Santiago Abascal, líder de Vox. / Mundiario
Antonio Palomar García
Viernes, 20 de Marzo de 2026

La hora de los programas

Pasado el tren de elecciones, para algunos borrascosas, toca hablar,  echando el balón de la euforia al suelo, de qué pactos se van a firmar. Y ahí surge el primer problema ¿de qué hablar en esos pactos?

 

Porque a Vox se le ve venir, es previsible, cualquiera puede imaginar qué propuestas va a poner encima de la mesa, antes de llegar a ese punto de la conversación en el que se dan nombres para hacerse cargo de esta o aquella responsabilidad. En Extremadura ya han tenido y tienen experiencia recentísima de ello. Guardiola se fue para casa porque andaba pendiente de los sillones olvidando lo que había sobre la mesa, esto es, el qué, el cómo y el cuándo hacer qué cosas de las que los extremeños andan esperando noticias. Quién las hiciera, así de principio, a ellos como a usted y a mí, daba bastante igual, al menos, en principio.

 

En Aragón vienen moviéndose en los mismos parámetros, con la excusa de haberles cogido en medio de comicios de Extremadura y Castilla y León con todo el personal enfrascado en campaña.

 

Castilla y León que vino a poner la guinda a todo un proceso electoral por fascículos que, a parte de demostrar que había ganas de expresarse en la urnas aumentando la participación -salvo en Extremadura-, también se expresó voto a voto que había más ganas, muchas más, de derechas que de izquierdas, es decir, de progresar desde la libertad, que de mantener un status quo en el que ni la libertad ni progreso bien entendidos hallaban la hora de su desvelo.

 

Ahora toca hablar, exponer programa (en eso Vox tiene mucho andado), y tratar de reactivar a la mayor brevedad la maquinaria administrativa en favor de una ciudadanía excesivamente expectante de saber a qué exponerse.

 

VOX lo tiene claro. Los españoles respecto a VOX, también. Se trata de ir unificando región a región, sobre un programa que recoja el espíritu de unidad que la organización que (nos) preside Santiago Abascal preconiza para todo un país. Avanzar, pues, desde la igualdad de todos los españoles. Porque es imposible unificar a territorios desiguales que debieran por principio y sensatez, ser y funcionar como un solo territorio.

 

Por ende, se desarrollarán las propuestas: económicas, sociales, etc. Y serán las mismas en la Tierra de Trujillo que en la de Goya o en la de Delibes. Ni más ni menos. Un programa para una Nación, poniendo lo nacional siempre lo primero. Y ahí surge el problema.

 

El PP, la otra parte contratante, se presenta en las negociaciones empapado de ideología socialista, rojeando criterios de difícil aceptación, pues llevan lustros enfangados en las políticas esculpidas por la gubia socialista que nos lanzan sin escrúpulos desde Bruselas.

 

Va a ser difícil que el PP renuncie a lo único que lleva defendiendo realmente desde 2015: la Agenda 2030 (la firmó Rajoy), el Pacto Verde Europeo (lo votó el PP junto con el PSOE en el Parlamento Europeo), y toda la legislación derivada de lo mismo que padece y arruina al sector primario español apenas amanece cada mañana.

 

A esto súmele qué piensa aceptar el PP de lo que le proponga VOX respecto a la financiación y promoción de las  políticas pro-LGTBI. O con qué predisposición llegan los populares en relación a cortarle el chorro de las subvenciones a todos los denominados sindicatos de clases, sobre todo, después de haberles llenados las arcas hasta la arcada,  con tal de estar tranquilos en su poltronas sin demasiado jaleo en la calle.

 

No sabemos bien con qué propuestas llegará el PP a las negociaciones. De momento sabemos qué asientos han ofrecido, según lo publicado por algunos de sus medios afines. Y así mal vamos. Unos, VOX, empezando por los cimientos y otros, el PP, pensando que lo que anhelan sus pretendidos son escaños de primera fila.

 

La euforia de los primeros días postelectorales ya pasó. Toca converger sobre un consenso cierto. Experiencias pasadas deberían servir de ejemplo. Aquí, ya nos vamos conociendo todos. 

 

Sea por España.

 

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