Jueves, 19 de Marzo de 2026

Actualizada Jueves, 19 de Marzo de 2026 a las 13:57:20 horas

José Antonio Carbonell Buzzian
Jueves, 19 de Marzo de 2026

El Rey no va a venir a Ceuta y ya es hora de que lo entendamos

Llevamos años escuchando el mismo debate. Que si el Rey debería venir a Ceuta. Que si hay que exigírselo al Gobierno. Que si es una cuestión de españolidad. Que si es una deuda histórica pendiente.

 

Y cada vez que el debate resurge, los partidos hacen sus movimientos de tablero, las declaraciones se suceden, y al final todo queda exactamente igual.

 

Ha llegado el momento de decirlo con claridad: el Rey no va a venir a Ceuta. No es un problema de agenda. No es un descuido. Es una decisión política calculada, sostenida en el tiempo por todos los gobiernos, tanto del PP como del PSOE, porque responde a una lógica que ninguno de los dos tiene interés en explicarle a los ceutíes.

 

Vamos a explicarla.

 

El 7 de abril de 2022, Pedro Sánchez viajó a Rabat y se reunió con Mohamed VI. A la vuelta, declaró que España y Marruecos vivían el mejor momento de su relación bilateral en décadas. Lo que no contó fue el precio que pagó para llegar a ese momento.

 

En la declaración conjunta firmada ese día, y publicada íntegramente por La Moncloa, España reconoció que la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental constituía "la base más seria, realista y creíble" para resolver el conflicto. Traducido sin eufemismos: España respaldó la posición de Marruecos sobre un territorio que la ONU sigue considerando pendiente de descolonización, abandonando la neutralidad histórica que España había mantenido durante décadas.

 

Y lo hizo sin recibir nada concreto a cambio.

 

Las aduanas de Ceuta y Melilla, cerradas desde marzo de 2020, siguen sin estar completamente normalizadas. Cuando en enero de 2025 se intentó reactivar el paso de mercancías, Marruecos boicoteó el proceso. Según análisis publicados por la Universidad de Navarra, Rabat presiona, además para que Madrid transfiera el control del espacio aéreo del Sáhara Occidental, que actualmente gestiona España desde Gran Canaria.

 

Así funciona esta relación: España cede, Marruecos cobra, y vuelve a pedir. Y en ese contexto, una visita del Rey de España a Ceuta la ciudad cuya soberanía Marruecos lleva décadas reclamando es un gesto que ningún gobierno en Madrid va a autorizar. No porque no puedan. Porque no quieren pagar el coste diplomático que Rabat cobraría por ello.

 

 

LO QUE DICE EL PP Y LO QUE HACE 

 

El PP lleva años utilizando la visita real como arma arrojadiza contra el PSOE. Denuncia el abandono de Ceuta, exige explicaciones, vota mociones. Pero cuando gobernó, tampoco trajo al Rey.

 

¡Y cuando en enero de 2025 Ceuta Ya! presentó en la Asamblea una iniciativa para exigir formalmente la visita, el PP la vació de contenido. Cambió la redacción hasta convertir lo que era una exigencia en una simple petición. La propuesta se aprobó con los votos del PP y en contra de quienes la habían presentado.

 

La propia diputada del PP en la Asamblea acabó explicando la contradicción sin querer: reiteró la voluntad de Vivas de recibir al monarca, pero admitió que las cuestiones geopolíticas, geoestratégicas y diplomáticas hacen difícil estas visitas.

 

Eso es exactamente lo que este artículo sostiene. La diferencia es que el PP lo dice para justificarse, y hay que decirlo para que los ceutíes lo entiendan de una vez.

 

Y ahora, en marzo de 2026, dirigentes nacionales del mismo PP Ayuso, García-Margallo hacen declaraciones que siembran dudas sobre la solidez de la españolidad de Ceuta. El Gobierno local de Vivas las censura en comunicados, pero sin confrontar a su propio partido. El silencio cómplice tiene un nombre: cálculo electoral.

 

 

LA AMENAZA QUE LLEGÓ DESDE WASHINGTON.

 

 

El 13 de marzo de 2026, el investigador del American Enterprise Instituto Michael Rubín publicó un artículo en el Middle East Fórum en el que instaba a Donald Trump y a su secretario de Estado Marco Rubio a reconocer formalmente Ceuta y Melilla como territorios marroquíes ocupados. Rubín fue funcionario del Pentágono durante la administración Bush. No es un bloguero de opinión. Es un analista con acceso a los círculos de política exterior estadounidense.

 

En un segundo artículo publicado el 16 de marzo de 2026, Rubín fue más lejos: pidió a Marruecos que organizara una nueva Marcha Verde hacia Ceuta y Melilla, sugiriendo que una ocupación pacífica no activaría la respuesta automática de la OTAN.

 

El argumento jurídico que esgrime se apoya en el artículo 6 del Tratado Atlántico, que limita el paraguas del artículo 5 al territorio europeo o norteamericano de los aliados, a determinadas islas del Atlántico norte del Trópico de Cáncer, y a las fuerzas de los aliados en esa zona. Ceuta no está en Europa. No está en el Atlántico norte. No está por encima del Trópico de Cáncer. Está en el norte de África.

 

El Gobierno español no ha dado respuesta jurídica pública a ese argumento. Tampoco lo ha hecho la OTAN. El silencio, en este caso, también es una forma de responder.

 

 

EL TABLERO REAL

 

 

Lo que está ocurriendo no es un debate académico. Es la acumulación de presiones sobre una ciudad que los sucesivos gobiernos de Madrid han gestionado como moneda de cambio diplomática durante años.  España cedió el Sáhara en 2022 sin contrapartidas verificables. Marruecos no ha abierto completamente las aduanas. Presiona sobre el espacio aéreo. Su lobby en Washington ha conseguido que analistas influyentes conviertan la cuestión de Ceuta en argumento de política exterior norteamericana. Y Trump amenazó con romper relaciones con España el 3 y el 11 de marzo de 2026.

 

En ese tablero, la visita del Rey a Ceuta no es un gesto simbólico menor. Para Rabat sería una declaración de soberanía. Para Washington, en este momento, una provocación. Para Madrid, un coste que ningún gobierno ha estado dispuesto a asumir.

 

 

ENTONCES, ¿QUÉ HAACER?

 

Si la visita real no va a producirse, la pregunta útil no es cómo pedirla. La pregunta útil es qué hacemos sin ella.  La españolidad de Ceuta no depende de que el Rey aparezca en una fotografía en el Faro. Depende de inversión real, de infraestructuras, de presencia institucional efectiva, de aduanas abiertas, de derechos equiparables a los de cualquier ciudad española. Todo aquello que los sucesivos gobiernos de Madrid han prometido y no han cumplido. Todo aquello que el Gobierno local de Vivas lleva veinticinco años sin exigir con consecuencias reales.

 

Seguir pidiendo la visita del Rey es más cómodo que exigir todo eso. Es un debate que no obliga a nadie a hacer nada, que se puede repetir cada año sin desgaste, que genera titulares sin consecuencias. Es, en definitiva, el debate que más le conviene a quienes no quieren rendir cuentas sobre lo que sí depende de ellos.

 

Los ceutíes merecen saber la verdad: el Rey no va a venir porque los gobiernos de España, uno tras otro, han decidido que la relación con Marruecos vale más que ese gesto. Y mientras Ceuta siga siendo una moneda de cambio en esa negociación permanente, ningún comunicado de la Asamblea, ninguna moción, ninguna petición formal va a cambiar eso.

 

Lo que puede cambiarlo es otra cosa. Exigir que España deje de ceder sin contrapartidas. Exigir que las aduanas funcionen y que la economía de Ceuta no dependa de la voluntad de Rabat. Exigir que la ciudad tenga en los presupuestos nacionales el peso que le corresponde. Exigir, en definitiva, lo que la Constitución garantiza en papel pero que nadie ha tenido el valor político de garantizar en la práctica.

 

Eso sí puede cambiar algo. La foto con el Rey, no.

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