Un sociópata rodeado de psicópatas
No voy a hablar del dedo que señala a la luna, ni cobijarme en que los árboles no dejan ver el bosque, aunque en nuestro caso sería la guerra no te permite pensar con claridad. Regresó Donald Trump a la presidencia de los EEUU y en mi primer artículo sobre el tema señalé que venía a enriquecerse aún más y poco le importaba lo demás; se hizo socio fundador del Genocidio en Gaza y comenté que lo único que le importaba era él mismo y ganar más dinero; atacó Venezuela y expliqué que era para seguir aumentando su fortuna; ahora le toca a Irán y ¿cuál dirían que es el objetivo del anaranjado ególatra? ¡Seguir amasando pasta!
Los Estados Unidos de América están gobernados por los mismos de siempre, el dólar y el poder. Que están realmente amenazados por China. El dólar ya ha perdido frente al yuan, y en unos cinco años será evidente. En cuanto al poder, transmutado en dominio del mundo, sigue perteneciendo a los norteamericanos, pero seguidos muy, muy de cerca por los chinos. En esta coyuntura es donde debemos enmarcar lo que está sucediendo desde enero de 2025. Por un lado, quienes realmente dirigen la política estadounidense han decidido declarar la guerra a la primera potencia asiática desde la economía. Se ataca a sus apoyos petrolíferos en Iberoamérica y Asia, a la par que se intenta cortar las rutas comerciales del “canal de Panamá” del Ártico, es decir, Groenlandia. En medio de esto nos encontramos con Donald Trump que es el que toma las decisiones de manera pública, y cada una de las tomadas le hacen más y más rico. Lanzo mi artillería contra Irán, bajan las acciones de empresas que él sabe perfectamente que lo harán, las compra por millones a cuatro perras, luego dice que la guerra va a terminar pronto, suben las acciones las vende a precio de oro y gana trillones.
Para rematar el ciclo del dinero trae a la Casa Blanca a pastores evangelistas y telepredicadores varios con un mensaje mesiánico de exaltación del líder. La cuadratura del círculo: El nacionalismo cristiano equiparado a patriota norteamericano.
Si se fijan, si observan con atención, en el fondo no es más que dinero intentando conseguir más dinero. Eso es Trump. No hay guerra cultural más allá de esa máxima.
Dependiendo de la fuente a la que acudamos podemos cifrar el incremento del patrimonio de Donald Trump en el último año en 3.000 o 4.000 millones de dólares. Lo que le catapultó 118 puestos en la lista Forbes 400. Y junto a él sus familiares nadando en riquezas. En este corto espacio de tiempo el ecosistema empresarial de la familia Trump se ha expandido “¡Hasta el infinito y más allá!” Tierras raras, criptomonedas, inteligencia artificial, industria armamentística, llegando ¡cómo no! hasta los mercados de predicción. ¡Sí, mercados de predicción!
También conocidos como mercados predictivos, mercados de información, mercados de decisión, futuros de ideas o mercados virtuales, los mercados de predicción son plataformas donde los participantes negocian acciones o apuestan sobre resultados futuros, como el éxito de un producto, el rendimiento de una campaña o las tendencias del mercado. Habrá quienes crean que realmente se está hablando de negociar con información privilegiada. A la que Trump tiene acceso ilimitado, pero, además, ¡además! él es el creador de dichas informaciones, lo que le permite hacer trampas. Los mercados de crudos, los índices bursátiles, las decisiones que afectarán a ambos, y más ¡más! Todo en manos de Trump.
Los EEUU son hoy día una mala película del oeste en la que el sheriff es un corrupto que solo piensa en sus propios intereses sin importarle la vida de los demás, que ahorca a quienes se le enfrentan y luego mancha su memoria. En definitiva, estamos comprobando como para ellos el resto del universo somos nativos americanos en la época del lejano oeste.
Para concluir recurrimos a Soul Etspes y su concepción de la pregunta para interpelarles: “¿Es EEUU un país gobernado por un sociópata rodeado de psicópatas?” Recordemos que en la cuestión se encuentra implícita la respuesta. O dicho de otra forma, la duda construye la certeza.
No voy a hablar del dedo que señala a la luna, ni cobijarme en que los árboles no dejan ver el bosque, aunque en nuestro caso sería la guerra no te permite pensar con claridad. Regresó Donald Trump a la presidencia de los EEUU y en mi primer artículo sobre el tema señalé que venía a enriquecerse aún más y poco le importaba lo demás; se hizo socio fundador del Genocidio en Gaza y comenté que lo único que le importaba era él mismo y ganar más dinero; atacó Venezuela y expliqué que era para seguir aumentando su fortuna; ahora le toca a Irán y ¿cuál dirían que es el objetivo del anaranjado ególatra? ¡Seguir amasando pasta!
Los Estados Unidos de América están gobernados por los mismos de siempre, el dólar y el poder. Que están realmente amenazados por China. El dólar ya ha perdido frente al yuan, y en unos cinco años será evidente. En cuanto al poder, transmutado en dominio del mundo, sigue perteneciendo a los norteamericanos, pero seguidos muy, muy de cerca por los chinos. En esta coyuntura es donde debemos enmarcar lo que está sucediendo desde enero de 2025. Por un lado, quienes realmente dirigen la política estadounidense han decidido declarar la guerra a la primera potencia asiática desde la economía. Se ataca a sus apoyos petrolíferos en Iberoamérica y Asia, a la par que se intenta cortar las rutas comerciales del “canal de Panamá” del Ártico, es decir, Groenlandia. En medio de esto nos encontramos con Donald Trump que es el que toma las decisiones de manera pública, y cada una de las tomadas le hacen más y más rico. Lanzo mi artillería contra Irán, bajan las acciones de empresas que él sabe perfectamente que lo harán, las compra por millones a cuatro perras, luego dice que la guerra va a terminar pronto, suben las acciones las vende a precio de oro y gana trillones.
Para rematar el ciclo del dinero trae a la Casa Blanca a pastores evangelistas y telepredicadores varios con un mensaje mesiánico de exaltación del líder. La cuadratura del círculo: El nacionalismo cristiano equiparado a patriota norteamericano.
Si se fijan, si observan con atención, en el fondo no es más que dinero intentando conseguir más dinero. Eso es Trump. No hay guerra cultural más allá de esa máxima.
Dependiendo de la fuente a la que acudamos podemos cifrar el incremento del patrimonio de Donald Trump en el último año en 3.000 o 4.000 millones de dólares. Lo que le catapultó 118 puestos en la lista Forbes 400. Y junto a él sus familiares nadando en riquezas. En este corto espacio de tiempo el ecosistema empresarial de la familia Trump se ha expandido “¡Hasta el infinito y más allá!” Tierras raras, criptomonedas, inteligencia artificial, industria armamentística, llegando ¡cómo no! hasta los mercados de predicción. ¡Sí, mercados de predicción!
También conocidos como mercados predictivos, mercados de información, mercados de decisión, futuros de ideas o mercados virtuales, los mercados de predicción son plataformas donde los participantes negocian acciones o apuestan sobre resultados futuros, como el éxito de un producto, el rendimiento de una campaña o las tendencias del mercado. Habrá quienes crean que realmente se está hablando de negociar con información privilegiada. A la que Trump tiene acceso ilimitado, pero, además, ¡además! él es el creador de dichas informaciones, lo que le permite hacer trampas. Los mercados de crudos, los índices bursátiles, las decisiones que afectarán a ambos, y más ¡más! Todo en manos de Trump.
Los EEUU son hoy día una mala película del oeste en la que el sheriff es un corrupto que solo piensa en sus propios intereses sin importarle la vida de los demás, que ahorca a quienes se le enfrentan y luego mancha su memoria. En definitiva, estamos comprobando como para ellos el resto del universo somos nativos americanos en la época del lejano oeste.
Para concluir recurrimos a Soul Etspes y su concepción de la pregunta para interpelarles: “¿Es EEUU un país gobernado por un sociópata rodeado de psicópatas?” Recordemos que en la cuestión se encuentra implícita la respuesta. O dicho de otra forma, la duda construye la certeza.
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