Sábado, 07 de Marzo de 2026

Actualizada Sábado, 07 de Marzo de 2026 a las 08:22:41 horas

Antonio Palomar García
Sábado, 07 de Marzo de 2026

La legalidad internacional

La legalidad o el derecho internacional es eso que se invoca para no hacer nada cuando más se requiere hacer algo.

 

Es el caso, con las puntualizaciones oportunas y más que necesarias, de Ucrania y Putin, de Venezuela, Gaza e Irán con Trump en compañía de Netanyahu. Lugares donde la situación previa a la actuación no hallaba la proactividad de nadie. Era la indolencia en su grado máximo. Permitir el statu quo, no mojarse, por más que tal situación estuviese (y continúe, aunque progresando adecuadamente ) conculcando esa otra parte de la legalidad internacional, la que dice que hay derechos humanos transgredidos hasta lo inconcebible que, en ocasiones, se tradujo en asesinatos, masacres de seres humanos, ante las que nadie en las altas esferas invocaba, hasta ese momento, absolutamente nada.

 

Una legalidad internacional cada vez menos  internacional y, por lo mismo, cada vez menos legalidad. Pues, si la ley surge del consenso, y en este cada vez más son menos los concernidos, el silogismo se resuelve solo. Tal vez esas primeras potencias mundiales (Francia, Alemania, Inglaterra) junto a EEUU debieran echarle una mirailla y reconceptualizar eso que llamamos legalidad internacional en lo que aún se llama ONU. Los tiempos cambian.

 

Esa misma legalidad internacional es la que proclamó Sánchez en España, quien para avergonzarnos usó un doble ataque de falsa bandera: primero para fallar a nuestro socios atlánticos, recuperando un No a la Guerra que algún día dará la cara. Segundo, para recular pocas horas más tarde, y dejar que EEUU use las bases americanas en España para las finalidades previstas, como siempre debió suceder.

 

De este modo, Sánchez jugó y juega con la legalidad como un plato al gusto, que ora adereza así, ora asá, en función de lo que le interese, de lo que le obliguen o del miedo a las consecuencias futuras que su comportamiento pueda deparar, según el criterio (y la paciencia) que dispongan los vilipendiados. Pensó Sánchez que el desconcierto favorecía sus habituales cambios de opinión. Nada más lejos de la realidad.

 

Definitivamente, la prolificidad esperada de la legalidad internacional (con Pedro o sin Pedro, que ya prácticamente a nadie importa), en todo el tiempo en que se fue gestando y desarrollando, se tornó infecundidad -como casi siempre-, especialmente para aquellos que aguardaban su cumplimiento. Recuerden los ejemplos susodichos. Sólo tras obviar su existencia y reimponerla por la fuerza, volvió a erigirse internacional. Pero ¿hasta entonces?

 

A la vista de los acontecimientos, cuando pase este tren de borrascas bélicos, que para bien o para mal recorren el Planeta, me reitero, la legalidad internacional requiere de una nueva pensada para que ante próximas situaciones similares -que acontecerán, no les quepa duda-, todos sepan dónde están, a qué atenerse y en qué condición actuar o no hacerlo, y hacerlo sin marear tanto a la opinión pública.

 

Dicho esto, no soy yo amigo de las guerras - que nadie se equivoque -, pero tampoco de la incertidumbre , ni de la indefinición de quién, en tales circunstancias, deben guiar a mi Nación.

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