Mujeres valientes
Las mujeres toman decisiones que nadie ve.
Decisiones que afectan a una familia, a un futuro, a toda una historia personal.
No aparecen en los libros de historia.
No inauguran monumentos.
No encabezan pancartas.
Y, sin embargo, sobre ellas se sostiene el mundo.
Este 8 de marzo no quiero hablar de consignas ni de etiquetas.
Quiero hablar de valentía.
De esa valentía que muchas veces pasa inadvertida, pero que cambia destinos.
Mujeres valientes fueron aquellas que decidieron ser madres solas cuando el entorno les pedía otra cosa. Las que eligieron la vida, incluso cuando el camino parecía cuesta arriba.
Mujeres valientes son las que cambiaron de trabajo cuando la estabilidad parecía un refugio seguro, pero no era felicidad. Las que escucharon esa voz interior que decía “no es aquí” y se atrevieron a empezar de nuevo.
Valientes fueron las que se casaron con quien amaban y no con quien convenía. Las que eligieron corazón antes que presión.
Mujeres valientes son las que han sostenido a sus familias cuando todo parecía derrumbarse. Las que administraron lo poco como si fuera mucho. Las que protegieron, acompañaron y trabajaron sin descanso.
Valientes son también las que rompieron con el guión que parecía escrito para ellas. Las que decidieron otro ritmo, otro camino, otra vida. Las que no se escondieron. Las que dijeron lo que pensaban aunque no gustase.
Y especialmente valientes son aquellas a las que la vida no trató bien. Las que sufrieron desprecio, abandono o maltrato. Las que tocaron fondo y, aun así, se levantaron. Las que un día dijeron “hasta aquí” y dieron el paso que cambió su historia.
Creo profundamente que merece la pena aquello que elegimos con libertad. Merece la pena el esfuerzo, la renuncia y la incertidumbre cuando la decisión nace de lo que somos y aspira a lo que queremos ser.
Pero no nos engañemos: decidir no es fácil. Ser valiente no es fácil. Cada paso tiene dudas, miedos y consecuencias. Y precisamente por eso tiene valor.
En un tiempo como el que vivimos, en el que muchas mujeres siguen afrontando dificultades y realidades complejas, conviene detenernos y reconocer a tantas que, sin ruido, siguen adelante.
Mujeres que han dedicado su tiempo, su esfuerzo y su talento a aquello que consideraron importante: a sus hijos, a sus familias, a su trabajo, a su entorno… o, simplemente, al camino que decidieron elegir.
Porque la valentía no siempre hace ruido. A veces es levantarse y seguir.
Cada mujer conoce su historia, sus decisiones y sus batallas.
A todas ellas, mi reconocimiento.
A las que eligieron su camino.
Y a las que, pese a todo, no dejaron de caminar.
Cristina Díaz
Senadora del Partido Popular por Ceuta
Las mujeres toman decisiones que nadie ve.
Decisiones que afectan a una familia, a un futuro, a toda una historia personal.
No aparecen en los libros de historia.
No inauguran monumentos.
No encabezan pancartas.
Y, sin embargo, sobre ellas se sostiene el mundo.
Este 8 de marzo no quiero hablar de consignas ni de etiquetas.
Quiero hablar de valentía.
De esa valentía que muchas veces pasa inadvertida, pero que cambia destinos.
Mujeres valientes fueron aquellas que decidieron ser madres solas cuando el entorno les pedía otra cosa. Las que eligieron la vida, incluso cuando el camino parecía cuesta arriba.
Mujeres valientes son las que cambiaron de trabajo cuando la estabilidad parecía un refugio seguro, pero no era felicidad. Las que escucharon esa voz interior que decía “no es aquí” y se atrevieron a empezar de nuevo.
Valientes fueron las que se casaron con quien amaban y no con quien convenía. Las que eligieron corazón antes que presión.
Mujeres valientes son las que han sostenido a sus familias cuando todo parecía derrumbarse. Las que administraron lo poco como si fuera mucho. Las que protegieron, acompañaron y trabajaron sin descanso.
Valientes son también las que rompieron con el guión que parecía escrito para ellas. Las que decidieron otro ritmo, otro camino, otra vida. Las que no se escondieron. Las que dijeron lo que pensaban aunque no gustase.
Y especialmente valientes son aquellas a las que la vida no trató bien. Las que sufrieron desprecio, abandono o maltrato. Las que tocaron fondo y, aun así, se levantaron. Las que un día dijeron “hasta aquí” y dieron el paso que cambió su historia.
Creo profundamente que merece la pena aquello que elegimos con libertad. Merece la pena el esfuerzo, la renuncia y la incertidumbre cuando la decisión nace de lo que somos y aspira a lo que queremos ser.
Pero no nos engañemos: decidir no es fácil. Ser valiente no es fácil. Cada paso tiene dudas, miedos y consecuencias. Y precisamente por eso tiene valor.
En un tiempo como el que vivimos, en el que muchas mujeres siguen afrontando dificultades y realidades complejas, conviene detenernos y reconocer a tantas que, sin ruido, siguen adelante.
Mujeres que han dedicado su tiempo, su esfuerzo y su talento a aquello que consideraron importante: a sus hijos, a sus familias, a su trabajo, a su entorno… o, simplemente, al camino que decidieron elegir.
Porque la valentía no siempre hace ruido. A veces es levantarse y seguir.
Cada mujer conoce su historia, sus decisiones y sus batallas.
A todas ellas, mi reconocimiento.
A las que eligieron su camino.
Y a las que, pese a todo, no dejaron de caminar.
Cristina Díaz
Senadora del Partido Popular por Ceuta
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