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Ceuta, 25 años después: la estabilidad que administró el declive

Un cuarto de siglo de poder sin transformación estructural deja una ciudad más dependiente, más fragmentada y con menos expectativas de futuro

 

Durante 25 años, el Gobierno de Ceuta ha estado bajo el liderazgo de Juan Jesús Vivas, convertido ya en el presidente autonómico más longevo de España. Un cuarto de siglo es tiempo suficiente no solo para gestionar, sino para transformar. Y es ahí donde surge la pregunta incómoda: ¿qué ha cambiado realmente en Ceuta más allá de la continuidad política?

 

La respuesta, para muchos, es inquietante.

 

 

La estabilidad como relato

El argumento oficial ha sido siempre el mismo: estabilidad, institucionalidad, defensa firme de la españolidad y capacidad de interlocución con Madrid. Bajo las siglas del Partido Popular, Ceuta ha evitado sobresaltos políticos graves y ha mantenido una imagen de gobernabilidad.

 

Pero la estabilidad, cuando no viene acompañada de reformas estructurales, corre el riesgo de convertirse en inmovilismo. Y esa es la crítica que cada vez más voces formulan en la ciudad.

 

Los 25 años de Vivas en el poder ha dejado cadáveres políticos en el camino, tanto por acción como por omisión, que todos los ceuties tienen en mente. Los capaces sobraban, molestaban. La mediocridad siempre le fue más dócil y agradecida.

 

Así, mientras el poder se mantenía sólido en la Asamblea, la realidad social evolucionaba, por otro lado, en sentido contrario.

 

 

Una sociedad más fragmentada

Ceuta no es hoy una ciudad más cohesionada que hace dos décadas. Las diferencias entre barrios se han consolidado. El desempleo estructural sigue siendo una losa generacional. La economía informal continúa siendo refugio de supervivencia para muchas familias.

 

El comercio transfronterizo —durante años sostenido en una anomalía tolerada— desapareció sin que existiera un plan alternativo sólido. El cierre de la frontera económica dejó al descubierto lo que muchos ya sabían: el modelo era frágil.

 

En su lugar, la apuesta ha sido fiscal. Ventajas tributarias, captación de empresas tecnológicas y auge del juego online. Un modelo que genera actividad, sí, pero dependiente de incentivos externos y vulnerable a cualquier cambio normativo. No es un tejido productivo arraigado; es una oportunidad fiscal.

 

La pregunta sigue en el aire: ¿qué pasará cuando el atractivo fiscal no sea suficiente?

 

 

Dependencia creciente del sector público

En estos 25 años, la administración ha crecido como eje vertebrador de la economía. Empleo público, subvenciones, planes de ayuda. La red asistencial ha amortiguado tensiones sociales, pero también ha generado una dependencia estructural. Se ha pasado en estos cinco lustros de tratar de adelgazar el sector público empresarial por mandato del propio gobierno nacional del PP, en tiempos de Rajoy, a multiplicarlo finalmente una vez el ímpetu y el ejecutivo popular fue diluyéndose en Moncloa pese a su amplia mayoría.

 

La economía privada, el autónomo, el pequeño empresario languidece en esta Ceuta de lo público en la que el sector productivo no juega ese papel que desempeñó en las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado. Esta es ya otra Ceuta.

 

Ceuta, hoy en día produce poco y gestiona mucho. Esa es la paradoja.

 

La ciudad no ha diversificado realmente su economía ni ha creado un ecosistema empresarial fuerte. Y cuando el talento joven se forma, en demasiadas ocasiones se marcha. La fuga es silenciosa, pero constante. 

 

 

Pérdida progresiva de respaldo electoral

Elección tras elección, el PP ha ido perdiendo diputados en la Asamblea. Sin desplomes bruscos, pero con un desgaste continuado. La mayoría absoluta dejó de ser incuestionable y la gobernabilidad pasó a depender de pactos.

 

Ahí comenzó otra transformación: la ideológica.

 

Para mantener el poder, el proyecto se ha ido adaptando. Pactos transversales, cesiones programáticas, ampliación del gasto público, discurso cada vez más institucional y menos ideológico. El pragmatismo ha sustituido a la definición política.

 

Algunos lo llaman responsabilidad.


Otros, simple supervivencia.

 

Lo cierto es que buena parte del electorado tradicional percibe hoy una distancia entre el ideario histórico del PP y las políticas aplicadas en Ceuta. Y esa percepción explica parte del desgaste.

 

 

El futuro: ¿territorio asistido o economía competitiva?

Ceuta afronta los próximos años con tres grandes riesgos:

 

  • Dependencia casi absoluta del Estado.

 

  • Vulnerabilidad geopolítica permanente.

 

  • Fragilidad económica estructural.

 

Si no hay un giro profundo, el modelo parece encaminado a consolidar una ciudad altamente subvencionada, fiscalmente atractiva pero productivamente débil.

 

Veinticinco años después, la estabilidad ya no es suficiente argumento. La ciudadanía empieza a exigir resultados medibles en empleo, cohesión y oportunidades reales.

 

Porque gobernar mucho tiempo no equivale necesariamente a transformar.

 

Y esa es, quizá, la crítica más dura que puede hacerse tras un cuarto de siglo de poder: Ceuta no ha colapsado, pero tampoco ha despegado.


 

La opinión de Ceuta Ahora se refleja únicamente en sus editoriales. La libertad de expresión, la libertad en general, es una máxima de filosofía de este medio que puede compartir o no las opiniones de sus articulistas

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