25 años de Juan Vivas al frente de Ceuta O cómo perpetuarse en el poder convirtiendo una ciudad en cortijo familiar
Hay líderes que transforman sus ciudades. Hay líderes que se transforman con ellas. Y luego está Juan Vivas Lara, presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta desde el año 2000, un hombre que ha conseguido la hazaña histórica de gobernar durante un cuarto de siglo sin que Ceuta tenga, a día de hoy, ni un solo proyecto de futuro que no dependa de una subvención estatal, un enchufe político o una promesa electoral reciclada.
I. EL MILAGRO DE LA INMOVILIDAD
Dicen que la definición de locura es hacer siempre lo mismo esperando resultados distintos. En Ceuta lo llaman 'estabilidad institucional'. Vivas lleva veinticinco años aplicando la misma receta: clientelismo, dependencia del Estado central y elecciones ganadas a golpe de favor. El resultado es una ciudad con una de las tasas de desempleo más altas de España, una economía estructuralmente dependiente del comercio atípico con Marruecos y una clase política que ha confundido el servicio público con el negocio familiar.
Pero no se preocupen: cada cuatro años, Vivas sale a prometer el mismo puerto deportivo, el mismo campus universitario y el mismo plan de empleo juvenil. Y cada cuatro años, los ceutíes le vuelven a creer. O tal vez ya no le creen, pero tampoco tienen otra opción, porque el Partido Popular lleva tanto tiempo en el poder que la oposición ya no sabe ni cuál es su función.
II. EL ARTE DEL CLIENTELISMO FINO
El clientelismo político es tan antiguo como la política misma, pero Vivas lo ha elevado a categoría de sistema de gobierno. En Ceuta, una ciudad de apenas 80.000 habitantes donde todo el mundo se conoce, saber a quién votar no es una cuestión ideológica: es una inversión de futuro. Una plaza en la función pública, una concesión administrativa, una obra adjudicada a la empresa del cuñado, un puesto en el consejo de administración de algún organismo autónomo que nadie sabe muy bien para qué sirve.
El sistema funciona con una elegancia perversa: cuanta más dependencia generas, más votos aseguras. Y cuantos más votos aseguras, más tiempo tienes para generar dependencia. Es un círculo virtuoso para quien lo maneja, y un círculo vicioso para quien lo sufre. Veinticinco años después, la Administración local es el mayor empleador de la ciudad. No porque Ceuta necesite tantos funcionarios, sino porque Vivas necesita tantos votantes.
"En Ceuta, saber a quién votar no es una cuestión ideológica: es una inversión de futuro."
III. LA ECONOMÍA DEL QUIZÁS MAÑANA
Ceuta es, sobre el papel, una ciudad con una posición geoestratégica envidiable: en el estrecho de Gibraltar, frontera sur de Europa, puerta entre dos continentes. En la práctica, es una ciudad que ha malgastado cada una de esas ventajas con una consistencia que ya merece reconocimiento académico.
El puerto comercial lleva décadas en obras o en promesas de obras. La zona franca nunca terminó de despegar. El turismo no existe más allá del visitante marroquí que viene a hacer acopio de electrodomésticos. La industria es un concepto extraño. Y la economía sumergida ligada al contrabando y al comercio atípico mueve más dinero que todo el presupuesto municipal, pero eso, claro, no aparece en ningún plan estratégico.
El gobierno de Vivas ha tenido veinticinco años para diversificar la economía ceutí. Ha preferido diversificar los chiringuitos institucionales. Hay consejerías cuya utilidad es un misterio insondable, organismos autónomos que se solapan entre sí y empresas públicas que compiten con el sector privado en condiciones que el sector privado nunca podría permitirse. Pero que dan trabajo. Y los trabajadores votan.
IV. LA FRONTERA: EL PROBLEMA QUE NUNCA SE RESUELVE PORQUE ES DEMASIADO ÚTIL
Ningún tema le ha dado más rédito electoral a Juan Vivas que la frontera con Marruecos. Y ningún tema ha gestionado peor. La crisis de mayo de 2021, cuando miles de personas cruzaron la frontera en pocas horas, demostró que Ceuta no tenía ni protocolos, ni medios, ni capacidad de respuesta autónoma. Lo que sí tenía era un presidente dispuesto a declarar emergencia, exigir la intervención del ejército y reclamar al Gobierno central que resolviera lo que él llevaba décadas sin abordar.
Porque la frontera, en manos de Vivas, ha sido siempre una herramienta retórica más que una responsabilidad de gobierno. Cuando conviene, es el escudo de Europa. Cuando no conviene, es culpa de Madrid. Y cuando hay elecciones, es el argumento definitivo para votar al PP: ¿quién si no va a defender Ceuta? Como si defender Ceuta significara mantenerla exactamente igual que hace veinticinco años.
"La frontera ha sido siempre una herramienta retórica más que una responsabilidad de gobierno."
V. EL PRESENTE QUE NO EXISTE Y EL FUTURO QUE NO LLEGA
Los jóvenes se van de Ceuta. No es una metáfora ni una hipérbole: se van físicamente, en el barco o en el avión, a estudiar a la Península y no vuelven. Porque Ceuta no tiene universidad propia digna de ese nombre, no tiene mercado laboral en el que desarrollar una carrera profesional, no tiene ecosistema emprendedor, no tiene vida cultural más allá de lo que se organiza desde la Administración con dinero público y criterio clientelar.
Quien se queda lo hace por razones familiares, por la función pública o por esa peculiar resignación que genera vivir en una ciudad donde siempre ha sido así y siempre será así. Los que se quedan aprenden pronto las reglas del juego: a quién hay que conocer, qué partido hay que apoyar, qué no conviene decir en voz alta.
Veinticinco años de gobierno han producido una ciudad sin proyecto colectivo, sin narrativa de futuro, sin debate real sobre lo que quiere ser. La conversación pública en Ceuta no gira en torno a qué modelo de ciudad queremos construir, sino en torno a quién va a obtener el próximo contrato de limpieza o si la nueva consejería tendrá parking.
VI. LA OPOSICIÓN O LA TEORÍA DE LO INEXISTENTE
Sería injusto cargarle toda la responsabilidad a Vivas sin mencionar a su gran cómplice involuntario: una oposición que, durante veinticinco años, no ha conseguido articular una alternativa creíble. El PSOE ceutí ha pasado por fases de resignación, descalabro e irrelevancia con una elegancia que solo puede ser deliberada. Vox ha llegado para aportar ruido sin propuesta. Y los partidos minoritarios han cumplido su función de decorado institucional sin molestar demasiado.
El problema es sistémico: en una ciudad tan pequeña y tan cerrada sobre sí misma, hacer oposición real tiene un coste personal y profesional que muy poca gente está dispuesta a pagar. Criticar al poder en Ceuta puede suponer perder el contrato, que no renueven a tu familiar en la administración o que de repente los inspectores municipales se vuelvan muy activos en tu negocio. No hay que decirlo, todos lo saben. Y eso también es una forma de gobernar.
VII. VEINTICINCO AÑOS Y CONTANDO
Juan Vivas tiene ya una marca personal inequívoca: es el hombre que más tiempo ha gobernado Ceuta en la historia de la democracia española. Es un récord que alguien debería celebrar y que nadie parece especialmente orgulloso de celebrar. Porque gobernar mucho tiempo no es lo mismo que gobernar bien. Y permanecer no es lo mismo que transformar.
La ciudad que recibe Vivas cada mañana es básicamente la misma ciudad que recibió hace veinticinco años, solo que con más deuda, más dependencia de Madrid, más funcionarios, menos jóvenes y menos esperanza. Eso, en términos de gestión pública, se llama fracaso. En Ceuta lo llaman 'continuidad de proyecto'.
Lo verdaderamente extraordinario no es que Vivas haya aguantado veinticinco años. Lo extraordinario es que Ceuta se lo haya permitido.
Hay líderes que transforman sus ciudades. Hay líderes que se transforman con ellas. Y luego está Juan Vivas Lara, presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta desde el año 2000, un hombre que ha conseguido la hazaña histórica de gobernar durante un cuarto de siglo sin que Ceuta tenga, a día de hoy, ni un solo proyecto de futuro que no dependa de una subvención estatal, un enchufe político o una promesa electoral reciclada.
I. EL MILAGRO DE LA INMOVILIDAD
Dicen que la definición de locura es hacer siempre lo mismo esperando resultados distintos. En Ceuta lo llaman 'estabilidad institucional'. Vivas lleva veinticinco años aplicando la misma receta: clientelismo, dependencia del Estado central y elecciones ganadas a golpe de favor. El resultado es una ciudad con una de las tasas de desempleo más altas de España, una economía estructuralmente dependiente del comercio atípico con Marruecos y una clase política que ha confundido el servicio público con el negocio familiar.
Pero no se preocupen: cada cuatro años, Vivas sale a prometer el mismo puerto deportivo, el mismo campus universitario y el mismo plan de empleo juvenil. Y cada cuatro años, los ceutíes le vuelven a creer. O tal vez ya no le creen, pero tampoco tienen otra opción, porque el Partido Popular lleva tanto tiempo en el poder que la oposición ya no sabe ni cuál es su función.
II. EL ARTE DEL CLIENTELISMO FINO
El clientelismo político es tan antiguo como la política misma, pero Vivas lo ha elevado a categoría de sistema de gobierno. En Ceuta, una ciudad de apenas 80.000 habitantes donde todo el mundo se conoce, saber a quién votar no es una cuestión ideológica: es una inversión de futuro. Una plaza en la función pública, una concesión administrativa, una obra adjudicada a la empresa del cuñado, un puesto en el consejo de administración de algún organismo autónomo que nadie sabe muy bien para qué sirve.
El sistema funciona con una elegancia perversa: cuanta más dependencia generas, más votos aseguras. Y cuantos más votos aseguras, más tiempo tienes para generar dependencia. Es un círculo virtuoso para quien lo maneja, y un círculo vicioso para quien lo sufre. Veinticinco años después, la Administración local es el mayor empleador de la ciudad. No porque Ceuta necesite tantos funcionarios, sino porque Vivas necesita tantos votantes.
"En Ceuta, saber a quién votar no es una cuestión ideológica: es una inversión de futuro."
III. LA ECONOMÍA DEL QUIZÁS MAÑANA
Ceuta es, sobre el papel, una ciudad con una posición geoestratégica envidiable: en el estrecho de Gibraltar, frontera sur de Europa, puerta entre dos continentes. En la práctica, es una ciudad que ha malgastado cada una de esas ventajas con una consistencia que ya merece reconocimiento académico.
El puerto comercial lleva décadas en obras o en promesas de obras. La zona franca nunca terminó de despegar. El turismo no existe más allá del visitante marroquí que viene a hacer acopio de electrodomésticos. La industria es un concepto extraño. Y la economía sumergida ligada al contrabando y al comercio atípico mueve más dinero que todo el presupuesto municipal, pero eso, claro, no aparece en ningún plan estratégico.
El gobierno de Vivas ha tenido veinticinco años para diversificar la economía ceutí. Ha preferido diversificar los chiringuitos institucionales. Hay consejerías cuya utilidad es un misterio insondable, organismos autónomos que se solapan entre sí y empresas públicas que compiten con el sector privado en condiciones que el sector privado nunca podría permitirse. Pero que dan trabajo. Y los trabajadores votan.
IV. LA FRONTERA: EL PROBLEMA QUE NUNCA SE RESUELVE PORQUE ES DEMASIADO ÚTIL
Ningún tema le ha dado más rédito electoral a Juan Vivas que la frontera con Marruecos. Y ningún tema ha gestionado peor. La crisis de mayo de 2021, cuando miles de personas cruzaron la frontera en pocas horas, demostró que Ceuta no tenía ni protocolos, ni medios, ni capacidad de respuesta autónoma. Lo que sí tenía era un presidente dispuesto a declarar emergencia, exigir la intervención del ejército y reclamar al Gobierno central que resolviera lo que él llevaba décadas sin abordar.
Porque la frontera, en manos de Vivas, ha sido siempre una herramienta retórica más que una responsabilidad de gobierno. Cuando conviene, es el escudo de Europa. Cuando no conviene, es culpa de Madrid. Y cuando hay elecciones, es el argumento definitivo para votar al PP: ¿quién si no va a defender Ceuta? Como si defender Ceuta significara mantenerla exactamente igual que hace veinticinco años.
"La frontera ha sido siempre una herramienta retórica más que una responsabilidad de gobierno."
V. EL PRESENTE QUE NO EXISTE Y EL FUTURO QUE NO LLEGA
Los jóvenes se van de Ceuta. No es una metáfora ni una hipérbole: se van físicamente, en el barco o en el avión, a estudiar a la Península y no vuelven. Porque Ceuta no tiene universidad propia digna de ese nombre, no tiene mercado laboral en el que desarrollar una carrera profesional, no tiene ecosistema emprendedor, no tiene vida cultural más allá de lo que se organiza desde la Administración con dinero público y criterio clientelar.
Quien se queda lo hace por razones familiares, por la función pública o por esa peculiar resignación que genera vivir en una ciudad donde siempre ha sido así y siempre será así. Los que se quedan aprenden pronto las reglas del juego: a quién hay que conocer, qué partido hay que apoyar, qué no conviene decir en voz alta.
Veinticinco años de gobierno han producido una ciudad sin proyecto colectivo, sin narrativa de futuro, sin debate real sobre lo que quiere ser. La conversación pública en Ceuta no gira en torno a qué modelo de ciudad queremos construir, sino en torno a quién va a obtener el próximo contrato de limpieza o si la nueva consejería tendrá parking.
VI. LA OPOSICIÓN O LA TEORÍA DE LO INEXISTENTE
Sería injusto cargarle toda la responsabilidad a Vivas sin mencionar a su gran cómplice involuntario: una oposición que, durante veinticinco años, no ha conseguido articular una alternativa creíble. El PSOE ceutí ha pasado por fases de resignación, descalabro e irrelevancia con una elegancia que solo puede ser deliberada. Vox ha llegado para aportar ruido sin propuesta. Y los partidos minoritarios han cumplido su función de decorado institucional sin molestar demasiado.
El problema es sistémico: en una ciudad tan pequeña y tan cerrada sobre sí misma, hacer oposición real tiene un coste personal y profesional que muy poca gente está dispuesta a pagar. Criticar al poder en Ceuta puede suponer perder el contrato, que no renueven a tu familiar en la administración o que de repente los inspectores municipales se vuelvan muy activos en tu negocio. No hay que decirlo, todos lo saben. Y eso también es una forma de gobernar.
VII. VEINTICINCO AÑOS Y CONTANDO
Juan Vivas tiene ya una marca personal inequívoca: es el hombre que más tiempo ha gobernado Ceuta en la historia de la democracia española. Es un récord que alguien debería celebrar y que nadie parece especialmente orgulloso de celebrar. Porque gobernar mucho tiempo no es lo mismo que gobernar bien. Y permanecer no es lo mismo que transformar.
La ciudad que recibe Vivas cada mañana es básicamente la misma ciudad que recibió hace veinticinco años, solo que con más deuda, más dependencia de Madrid, más funcionarios, menos jóvenes y menos esperanza. Eso, en términos de gestión pública, se llama fracaso. En Ceuta lo llaman 'continuidad de proyecto'.
Lo verdaderamente extraordinario no es que Vivas haya aguantado veinticinco años. Lo extraordinario es que Ceuta se lo haya permitido.
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