Geopolítica
España niega el uso de las bases norteamericanas para las operaciones en Oriente Próximo: impacto en la OTAN y riesgos en el flanco sur
La decisión puede alterar equilibrios en el Mediterráneo occidental y podría reforzar la posición estratégica de Marruecos en un momento sensible para Ceuta, Melilla y Canarias
España alberga actualmente dos infraestructuras clave para el despliegue militar estadounidense en el Mediterráneo y África: la Base Naval de Rota y la Base Aérea de Morón. Ambas forman parte de la arquitectura operativa de la OTAN constituyen un elemento central en la proyección occidental hacia Oriente Próximo y el Sahel.
El veto de España al uso de estas bases para operaciones en Oriente Próximo puede suponer un giro estratégico de gran alcance. No implicaría automáticamente una ruptura con Washington ni con la OTAN, pero sí alteraría equilibrios diplomáticos y militares en el flanco sur europeo.
Un golpe político más que militar
Desde el punto de vista estrictamente operativo, Estados Unidos dispone de alternativas en Alemania, Italia, Grecia o Turquía. Sin embargo, el impacto principal sería político y estratégico:
- España perdería peso en la toma de decisiones dentro de la OTAN.
- Se debilitaría su capacidad de interlocución privilegiada con Washington.
- Se reduciría su valor geopolítico como plataforma estratégica del Mediterráneo occidental.
En términos de influencia, la cesión de bases funciona como moneda diplomática. Renunciar a ella limita el margen de negociación en otros ámbitos sensibles, desde cooperación en inteligencia hasta apoyo en crisis regionales.
Marruecos, beneficiario indirecto
En este escenario, Marruecos emerge como el socio más beneficiado. Rabat mantiene una relación estratégica creciente con Estados Unidos, consolidada tras el reconocimiento estadounidense de su soberanía sobre el Sáhara Occidental en 2020 y reforzada por ejercicios militares conjuntos como el “African Lion”.
Si España reduce su implicación operativa con EEUU:
- Marruecos puede reforzar su papel como aliado prioritario en el norte de África.
- Washington puede intensificar su cooperación militar con Rabat.
- El equilibrio diplomático en el Estrecho se inclinaría hacia el sur.
Ceuta y Melilla: la cuestión de la disuasión
Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla no están expresamente mencionadas en el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte de forma literal y específica, lo que ha generado debate doctrinal durante años.
En la práctica, la protección aliada se presupone, pero la disuasión depende en gran medida de la percepción de respaldo estadounidense.
Si la relación bilateral se debilitara, el mensaje disuasorio indirecto podría erosionarse. No en términos de conflicto convencional —escenario altamente improbable—, sino en dinámicas híbridas:
- Incremento de presión migratoria.
- Tensiones diplomáticas puntuales.
- Episodios de fricción fronteriza.
- Actividad naval en zonas sensibles.
La experiencia de la invasión migratoria de 2021 demostró cómo la presión indirecta puede convertirse en instrumento geopolítico.
Canarias y el Atlántico estratégico
En el caso de Canarias, el debate adquiere dimensión marítima. Marruecos ha ampliado su delimitación de aguas en el Atlántico, donde existen intereses en recursos minerales submarinos y rutas estratégicas.
Una menor alineación hispano-estadounidense puede fortalecer la posición negociadora marroquí en cuestiones de delimitación marítima o exploración de recursos.
¿Puede España compensar el impacto?
España seguiría siendo miembro pleno de la OTAN y contaría con el respaldo político de la Unión Europea. Sin embargo, para compensar un eventual distanciamiento con Washington necesitaría:
- Incrementar sustancialmente su inversión en defensa.
- Reforzar presencia militar permanente en el flanco sur.
- Intensificar alianzas bilaterales con Francia e Italia.
- Apostar por una mayor integración en defensa europea.
Sin ese refuerzo, la decisión podría traducirse en mayor vulnerabilidad estratégica.
Un equilibrio delicado
Negar el uso de bases no significaría salir del bloque occidental, pero sí redefinir el papel de España dentro de él.
En un entorno donde Marruecos es considerado aliado prioritario de Estados Unidos en el Magreb, cualquier debilitamiento del eje Madrid–Washington alteraría la ecuación estratégica en el Estrecho.
La geopolítica rara vez admite vacíos: cuando un actor reduce su implicación, otro ocupa espacio.
La clave, en última instancia, no sería militar, sino diplomática. Y su impacto se mediría especialmente en el flanco sur, donde Ceuta, Melilla y Canarias concentran la mayor sensibilidad estratégica española.

España alberga actualmente dos infraestructuras clave para el despliegue militar estadounidense en el Mediterráneo y África: la Base Naval de Rota y la Base Aérea de Morón. Ambas forman parte de la arquitectura operativa de la OTAN constituyen un elemento central en la proyección occidental hacia Oriente Próximo y el Sahel.
El veto de España al uso de estas bases para operaciones en Oriente Próximo puede suponer un giro estratégico de gran alcance. No implicaría automáticamente una ruptura con Washington ni con la OTAN, pero sí alteraría equilibrios diplomáticos y militares en el flanco sur europeo.
Un golpe político más que militar
Desde el punto de vista estrictamente operativo, Estados Unidos dispone de alternativas en Alemania, Italia, Grecia o Turquía. Sin embargo, el impacto principal sería político y estratégico:
- España perdería peso en la toma de decisiones dentro de la OTAN.
- Se debilitaría su capacidad de interlocución privilegiada con Washington.
- Se reduciría su valor geopolítico como plataforma estratégica del Mediterráneo occidental.
En términos de influencia, la cesión de bases funciona como moneda diplomática. Renunciar a ella limita el margen de negociación en otros ámbitos sensibles, desde cooperación en inteligencia hasta apoyo en crisis regionales.
Marruecos, beneficiario indirecto
En este escenario, Marruecos emerge como el socio más beneficiado. Rabat mantiene una relación estratégica creciente con Estados Unidos, consolidada tras el reconocimiento estadounidense de su soberanía sobre el Sáhara Occidental en 2020 y reforzada por ejercicios militares conjuntos como el “African Lion”.
Si España reduce su implicación operativa con EEUU:
- Marruecos puede reforzar su papel como aliado prioritario en el norte de África.
- Washington puede intensificar su cooperación militar con Rabat.
- El equilibrio diplomático en el Estrecho se inclinaría hacia el sur.
Ceuta y Melilla: la cuestión de la disuasión
Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla no están expresamente mencionadas en el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte de forma literal y específica, lo que ha generado debate doctrinal durante años.
En la práctica, la protección aliada se presupone, pero la disuasión depende en gran medida de la percepción de respaldo estadounidense.
Si la relación bilateral se debilitara, el mensaje disuasorio indirecto podría erosionarse. No en términos de conflicto convencional —escenario altamente improbable—, sino en dinámicas híbridas:
- Incremento de presión migratoria.
- Tensiones diplomáticas puntuales.
- Episodios de fricción fronteriza.
- Actividad naval en zonas sensibles.
La experiencia de la invasión migratoria de 2021 demostró cómo la presión indirecta puede convertirse en instrumento geopolítico.
Canarias y el Atlántico estratégico
En el caso de Canarias, el debate adquiere dimensión marítima. Marruecos ha ampliado su delimitación de aguas en el Atlántico, donde existen intereses en recursos minerales submarinos y rutas estratégicas.
Una menor alineación hispano-estadounidense puede fortalecer la posición negociadora marroquí en cuestiones de delimitación marítima o exploración de recursos.
¿Puede España compensar el impacto?
España seguiría siendo miembro pleno de la OTAN y contaría con el respaldo político de la Unión Europea. Sin embargo, para compensar un eventual distanciamiento con Washington necesitaría:
- Incrementar sustancialmente su inversión en defensa.
- Reforzar presencia militar permanente en el flanco sur.
- Intensificar alianzas bilaterales con Francia e Italia.
- Apostar por una mayor integración en defensa europea.
Sin ese refuerzo, la decisión podría traducirse en mayor vulnerabilidad estratégica.
Un equilibrio delicado
Negar el uso de bases no significaría salir del bloque occidental, pero sí redefinir el papel de España dentro de él.
En un entorno donde Marruecos es considerado aliado prioritario de Estados Unidos en el Magreb, cualquier debilitamiento del eje Madrid–Washington alteraría la ecuación estratégica en el Estrecho.
La geopolítica rara vez admite vacíos: cuando un actor reduce su implicación, otro ocupa espacio.
La clave, en última instancia, no sería militar, sino diplomática. Y su impacto se mediría especialmente en el flanco sur, donde Ceuta, Melilla y Canarias concentran la mayor sensibilidad estratégica española.






















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