¿Se cachondea el INGESA y el Ministerio de Sanidad de los ceutíes?
Hoy, tras la visita a Ceuta del secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla Bernáldez, ha proliferado en la ciudad un sentimiento de incredulidad y descontento que va mucho más allá del habitual desencanto. A ojos de muchos profesionales sanitarios, sindicatos y partidos políticos, lo que se vivió fue menos un diagnóstico honesto y más un intento de maquillar una realidad que hace tiempo dejó de ser satisfactoria para los ciudadanos ceutíes.
Mientras desde las instituciones se habla de avances, de ratios cubiertas y de imágenes de colaboración institucional, las quejas reales siguen siendo profundas y estructurales.
Sanidad sobre papel… y sanidad en la calle
El Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA) y el propio Ministerio de Sanidad han emitido comunicados resaltando supuestos “buenos momentos” en la atracción de profesionales o en la cobertura de plazas médicas en el Área Sanitaria de Ceuta. Según estos mensajes oficiales, todas las plazas “están cubiertas” y se han producido contrataciones que, en cifras netas, mostrarían cierta mejora.
Pero esa apariencia estadística contrasta violentamente con lo que denuncian los sindicatos y profesionales sobre el terreno:
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No se programó ni siquiera un encuentro con los profesionales médicos de Ceuta durante la visita del secretario de Estado, pese a que son ellos quienes sufren la carga real del sistema asistencial.
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El Sindicato Médico de Ceuta (SMC) calificó la visita como una “oportunidad perdida” para conocer de primera mano una crisis sanitaria que se arrastra desde hace años y que no ha mejorado de forma sustancial en servicios esenciales como Radioterapia, Hemodinámica, Salud Mental o atención diagnóstica básica.
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Más allá de la nefasta planificación de recursos humanos, el sindicato advierte que la respuesta del sistema ha sido derivar pacientes fuera de Ceuta o externalizar pruebas y prestaciones básicas, lo que, en la práctica, erosiona la sanidad pública y obliga a desplazamientos y gastos adicionales para los ciudadanos.
Más “buenas noticias” en el papel… menos calidad en la realidad
Los discursos oficiales de INGESA han llegado incluso a afirmar que Ceuta está “bien dotada” o que ciertas áreas sanitarias superan al resto de España en ratios por habitante, particularmente en Salud Mental.
Sin embargo, un análisis real de datos demuestra que estas afirmaciones se sostienen en comparaciones muy específicas y sin contexto: por ejemplo, contar psiquiatras por 100 000 habitantes puede dar cifras llamativas solo si se selecciona la comparación con áreas muy poco pobladas o si se omite que las necesidades reales de la población —esperanza de vida menor que la media nacional, mayor envejecimiento proyectado, menores recursos sociales complementarios— requieren servicios más amplios y especializados.
Planes que no llegan y promesas incumplidas
Otro punto de crítica es la promesa incumplida de declarar a Ceuta como Zona de Difícil Cobertura Sanitaria, algo que sindicatos como los profesionales, o como CCOO o CSIF han denunciado como una contradicción entre lo prometido y lo efectivamente ejecutado.
Este estatuto no es una cuestión menor: su reconocimiento implica incentivos reales para atraer y retener profesionales, particularmente en especialidades escasas. Pero por ejemplo, según CSIF, el Gobierno y el INGESA han pasado de prometerlo a negar su necesidad, incluso cuando los propios profesionales trabajan en condiciones de sobrecarga que a todas luces no pueden calificarse de “cobertura plena”.
¿Más batas… o más corbatas?
En sus declaraciones, los representantes institucionales han preferido centrarse en discursos de “consenso” y en cifras parciales que muestran lo que se quiere ver, no lo que de hecho viven miles de pacientes y decensas de profesionales.
Pero los críticos no se callan:
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El PP local y nacional o VOX han señalado la falta de médicos, la saturación asistencial y el aumento de derivaciones fuera de la ciudad como pruebas de que el sistema no funciona como se vende desde Madrid. Añádase aquí a la Plataforma por una Sanidad Digna ¿Qué le habrá dicho Vivas al secretario de Estado esta mañana al respecto?. Nada se sabe, pero el talante y la habitual 'lealtad' del presidente de Ceuta con el Gobierno del PSOE no favorece confianza en la defensa de los intereses de los ceutíes, deteriorados por la gestión de la Sanidad Pública, con más políticos y médicos con carné socialista al frente de su administración, que procurar la mejor de las gestiones para los usuarios. Entre otras cosas, porque el Ministerio sólo debe asistir a 180.000 españoles en Ceuta y Melilla.
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Los sindicatos profesionales y sectorizados exigen medidas concretas: planes de recursos humanos creíbles, refuerzos estructurales de Atención Primaria, cobertura de especialidades deficitarias y una política realista para disminuir listas de espera.
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La petición repetida de que en futuras visitas se priorice el contacto directo con profesionales y pacientes en lugar de encuentros exclusivamente protocolarios es, en sí misma, una condena silenciosa de cómo se está gestionando la sanidad en la ciudad.
La ciudadanía ceutí ya ha demostrado su paciencia. Pero la paciencia no es conformidad. Cuando las camas están llenas, cuando las especialidades médicas no están cubiertas, cuando derivar a pacientes a la península se convierte en la regla (millonaria de recursos por adjudicaciones de servicios y no de inversión y determinación de cubrir déficits de medios) y no en la excepción, hablar de “mejora” o de “buen momento” suena menos a un diagnóstico y más a una burla administrativa.
La verdadera prueba de la sanidad no está en notas de prensa ni en cifras selectivas: está en la atención que reciben los abuelos que esperan resonancias, los padres que buscan pediatría, los trabajadores que ven saturados sus centros y los profesionales que cargan con un sistema al borde del agotamiento. Y hasta ahora, muchas de esas voces sienten que no se les está escuchando de verdad.
Hoy, tras la visita a Ceuta del secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla Bernáldez, ha proliferado en la ciudad un sentimiento de incredulidad y descontento que va mucho más allá del habitual desencanto. A ojos de muchos profesionales sanitarios, sindicatos y partidos políticos, lo que se vivió fue menos un diagnóstico honesto y más un intento de maquillar una realidad que hace tiempo dejó de ser satisfactoria para los ciudadanos ceutíes.
Mientras desde las instituciones se habla de avances, de ratios cubiertas y de imágenes de colaboración institucional, las quejas reales siguen siendo profundas y estructurales.
Sanidad sobre papel… y sanidad en la calle
El Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA) y el propio Ministerio de Sanidad han emitido comunicados resaltando supuestos “buenos momentos” en la atracción de profesionales o en la cobertura de plazas médicas en el Área Sanitaria de Ceuta. Según estos mensajes oficiales, todas las plazas “están cubiertas” y se han producido contrataciones que, en cifras netas, mostrarían cierta mejora.
Pero esa apariencia estadística contrasta violentamente con lo que denuncian los sindicatos y profesionales sobre el terreno:
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No se programó ni siquiera un encuentro con los profesionales médicos de Ceuta durante la visita del secretario de Estado, pese a que son ellos quienes sufren la carga real del sistema asistencial.
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El Sindicato Médico de Ceuta (SMC) calificó la visita como una “oportunidad perdida” para conocer de primera mano una crisis sanitaria que se arrastra desde hace años y que no ha mejorado de forma sustancial en servicios esenciales como Radioterapia, Hemodinámica, Salud Mental o atención diagnóstica básica.
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Más allá de la nefasta planificación de recursos humanos, el sindicato advierte que la respuesta del sistema ha sido derivar pacientes fuera de Ceuta o externalizar pruebas y prestaciones básicas, lo que, en la práctica, erosiona la sanidad pública y obliga a desplazamientos y gastos adicionales para los ciudadanos.
Más “buenas noticias” en el papel… menos calidad en la realidad
Los discursos oficiales de INGESA han llegado incluso a afirmar que Ceuta está “bien dotada” o que ciertas áreas sanitarias superan al resto de España en ratios por habitante, particularmente en Salud Mental.
Sin embargo, un análisis real de datos demuestra que estas afirmaciones se sostienen en comparaciones muy específicas y sin contexto: por ejemplo, contar psiquiatras por 100 000 habitantes puede dar cifras llamativas solo si se selecciona la comparación con áreas muy poco pobladas o si se omite que las necesidades reales de la población —esperanza de vida menor que la media nacional, mayor envejecimiento proyectado, menores recursos sociales complementarios— requieren servicios más amplios y especializados.
Planes que no llegan y promesas incumplidas
Otro punto de crítica es la promesa incumplida de declarar a Ceuta como Zona de Difícil Cobertura Sanitaria, algo que sindicatos como los profesionales, o como CCOO o CSIF han denunciado como una contradicción entre lo prometido y lo efectivamente ejecutado.
Este estatuto no es una cuestión menor: su reconocimiento implica incentivos reales para atraer y retener profesionales, particularmente en especialidades escasas. Pero por ejemplo, según CSIF, el Gobierno y el INGESA han pasado de prometerlo a negar su necesidad, incluso cuando los propios profesionales trabajan en condiciones de sobrecarga que a todas luces no pueden calificarse de “cobertura plena”.
¿Más batas… o más corbatas?
En sus declaraciones, los representantes institucionales han preferido centrarse en discursos de “consenso” y en cifras parciales que muestran lo que se quiere ver, no lo que de hecho viven miles de pacientes y decensas de profesionales.
Pero los críticos no se callan:
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El PP local y nacional o VOX han señalado la falta de médicos, la saturación asistencial y el aumento de derivaciones fuera de la ciudad como pruebas de que el sistema no funciona como se vende desde Madrid. Añádase aquí a la Plataforma por una Sanidad Digna ¿Qué le habrá dicho Vivas al secretario de Estado esta mañana al respecto?. Nada se sabe, pero el talante y la habitual 'lealtad' del presidente de Ceuta con el Gobierno del PSOE no favorece confianza en la defensa de los intereses de los ceutíes, deteriorados por la gestión de la Sanidad Pública, con más políticos y médicos con carné socialista al frente de su administración, que procurar la mejor de las gestiones para los usuarios. Entre otras cosas, porque el Ministerio sólo debe asistir a 180.000 españoles en Ceuta y Melilla.
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Los sindicatos profesionales y sectorizados exigen medidas concretas: planes de recursos humanos creíbles, refuerzos estructurales de Atención Primaria, cobertura de especialidades deficitarias y una política realista para disminuir listas de espera.
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La petición repetida de que en futuras visitas se priorice el contacto directo con profesionales y pacientes en lugar de encuentros exclusivamente protocolarios es, en sí misma, una condena silenciosa de cómo se está gestionando la sanidad en la ciudad.
La ciudadanía ceutí ya ha demostrado su paciencia. Pero la paciencia no es conformidad. Cuando las camas están llenas, cuando las especialidades médicas no están cubiertas, cuando derivar a pacientes a la península se convierte en la regla (millonaria de recursos por adjudicaciones de servicios y no de inversión y determinación de cubrir déficits de medios) y no en la excepción, hablar de “mejora” o de “buen momento” suena menos a un diagnóstico y más a una burla administrativa.
La verdadera prueba de la sanidad no está en notas de prensa ni en cifras selectivas: está en la atención que reciben los abuelos que esperan resonancias, los padres que buscan pediatría, los trabajadores que ven saturados sus centros y los profesionales que cargan con un sistema al borde del agotamiento. Y hasta ahora, muchas de esas voces sienten que no se les está escuchando de verdad.
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