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La mentira por costumbre. A Propósito del Brull

Esta semana ha vuelto a aparecer ese curioso “Guadiana” mediático que se llama “El centro docente del Brull”. Así llevamos ocho años. Allá por dos mil dieciocho, el Consejo de Ministros, por urgencia (sarcasmos propios de la política), habilitó urbanísticamente la parcela comprada por el Ayuntamiento (que ahora llaman Ciudad) al Ministerio de Defensa por el “módico” precio de once millones de euros, para la construcción de un centro de primaria, secundaria y formación profesional. Desde aquel ya lejano entonces, no se ha movido ni un solo ladrillo. Inicialmente porque faltaba dinero, después porque el Ministerio priorizó la construcción de un centro en Marruecos (decían que se perdían los fondos), la siguiente excusa es que la licitación quedo desierta (algo que suele suceder cuando el precio de licitación es inferior al coste real de la obras; lo penúltimo fue que iban a cambiar el proyecto, luego lo iban a hacer por partes… y así, cada vez que un periodista pregunta, los responsables políticos se inventan un cuento con la única condición de que tenga alguna apariencia de veracidad.

 

Porque lo único cierto es que ese centro no se va a construir jamás. Por una razón muy obvia: porque no hace falta. Este es un hecho muy evidente que en “Madrid” tienen muy claro, aunque aquí, por motivos de imagen política, nadie se atreve a reconocer. En los últimos cinco años, la población escolar de primero de infantil se ha reducido a la mitad (de mil doscientos alumnos matriculados, hemos pasado a seiscientos). Esta drástica disminución se va poniendo de manifiesto paulatinamente escalando niveles (ya alcanza a segundo de primaria), hasta que, dentro de diez años, afectará a la totalidad del sistema. No hacen falta más centros. Si se construyera uno nuevo, habría que empezar a rescindir los conciertos con los tres colegios privados ubicados en el centro (dos de ellos religiosos), ya que su razón de ser, según la ley, es atender a la demanda que los centros públicos no pueden cubrir. Pero esto no va a suceder de ninguna manera, porque en la práctica, la privada actúa como un mecanismo de segregación que blinda a los sectores más influyentes de la sociedad (sin distinción ideológica) de un alumnado supuestamente conflictivo, inadaptado o disruptivo. Y este es un privilegio perverso al que nadie está dispuesto a renunciar. 

 

Esta reducción de la población escolar no es un fenómeno coyuntural, sino la consecuencia de una decisión política de mucho calado, fruto de consensos políticos diversos, que han terminado por definir el modelo de Ciudad del futuro. El consenso entre España y Marruecos, suscrito fielmente por PP y PSOE, y avalado por una gran mayoría de ceutíes, se basa en “encapsular” Ceuta, de forma que quede suspendida en una especie de burbuja políticamente indefinida, sostenida con fondos públicos, a la espera… siempre a la espera. Esto es lo que se ha resumido en el eslogan “Más España, mas Europa” (muy inquietante, porque de ahí se concluye que antes éramos “menos España” y “menos Europa”). Esta elección puede que proporcione, a corto plazo, una gratificante sensación de calma y tranquilidad; pero al mismo tiempo, implica descenso de población, contracción de la actividad económica y, sobre todo, un progresivo proceso de desarraigo (la claustrofobia genera una tendencia a la deserción).

 

La mentira es una pieza clave de este nuevo contexto político. Para que el sistema funcione es primordial que la opinión asuma el engaño. De esta forma, todos los hechos tienen una explicación real diferente a la que ofrece un discurso político elaborado a conciencia para no “alarmar” a la población. Es mucho más fácil y cómodo decir que el centro del Brull está atascado por “problemas técnicos”, que contar una verdad que infunde desasosiego. Hemos decidido hacer de la mentira nuestra forma natural de vida pública. Visto lo visto, diríamos que nos resulta confortable.

 

CCOO Enseñanza

 

 

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