Lunes, 23 de Febrero de 2026

Actualizada Lunes, 23 de Febrero de 2026 a las 11:37:05 horas

Enrique Ávila
Lunes, 23 de Febrero de 2026

Sobre el burka y el niqab

Estamos asistiendo a un debate sobre unas prendas de vestir de las que hasta hace poco ni sabíamos bien su nombre. Esto sucede cuando desde los partidos políticos se generan problemas artificialmente, siempre con el horizonte electoral en perspectiva.

 

No pretendo exponer mi opinión sobre este asunto, sino reflexionar sobre él con mi experiencia de 25 años como profesor de estructura social, buscando objetividad y procurando huir del posicionamiento personal. Para ello comienzo con la afirmación de dos realidades:

 

• Las sociedades han dejado de ser homogéneas en su composición poblacional, y la complejidad abarca todos los ámbitos. La libertad de creencias, y la consiguiente libertad de culto, son derechos fundamentales

 

• El Estado tiene capacidad reguladora sobre nuestra actuación en los espacios públicos, y esto debe reconocerse necesario para la convivencia.

 

Llegados a este punto, se reconoce la necesidad de reducir los aspectos que nos diferencian y poner el acento en los que nos asemejan. Esto debe entenderse como una tendencia deseable, precisamente por la creciente complejidad de las sociedades occidentales, la española entre ellas. Esto se debería traducir en evitar en el día a día todos los elementos que nos hacen diferentes, que nos presentan en oposición al otro y dificultan que nos consideremos poseedores de una identidad común, de unos valores básicos, imprescindibles para la convivencia en armonía.

 

Esto no supone rechazar nuestra identidad, sino considerarla compatible con la del resto. Para esto, sería muy importante abrir las principales celebraciones a los no practicantes, en el caso de las religiosas. Esto supondría aceptar que, por ejemplo, el mes de Ramadán no es una festividad de mi confesión, pero sí lo es de mi comunidad. Asumirlo como propio en sentido de comunidad.

 

Esta necesidad se aplica a todas las confesiones y sus celebraciones. Establecido que deberíamos evitar en el día a día los signos externos de diferenciación y a la vez aceptar como propias de la comunidad todas las celebraciones de índole religiosa o cultural, sería lógico que precisamente en esas celebraciones se utilizasen esos signos externos de identidad peculiares, tanto en su función identitaria como muestra de diversidad cultural.

 

De lo anterior se deduce que utilizar signos externos para resaltar nuestra posición diferente, sean cuales sean, puede considerarse contrario a la deseable tendencia de compartir valores de la sociedad a la que pertenecemos; y no debería considerarse que atenta a la práctica religiosa prescindir de ellos, ya que, de ser así, dejaría fuera de la comunidad de creyentes a los o las que no los utilizan. Ahora bien, la Ley protege la libertad individual de elección de la imagen con la que nos presentamos ante los demás.

 

Qué sucede cuando tratamos del Burka y del Niqab? En este caso, el debate se centra principalmente en consideraciones sobre la religión, que lo defiende; la seguridad, que intenta prohibirlo, y, desde el feminismo, se defiende su uso como signo de libertad de la mujer que decide llevarlo, y se aboga por su prohibición por considerar que encierra a la mujer.

 

No vamos a detenernos en analizar estas posturas en profundidad, pero las comentaremos:

 

• Religión, desde el propio Islam encontramos quienes lo defienden en base a un supuesto símbolo de santidad a los que afirman que no hay ningún precepto que lo apoye. Desde la objetividad que nos hemos propuesto desde el principio, consideramos que su uso o prohibición no incide en la libertad de culto. De ser así, las mujeres musulmanas que no los usan, que son una amplia mayoría, estarían fuera de la ortodoxia del Islam.

 

• Seguridad, si este es el fundamento para su prohibición, bastaría con obligar a la identificación plena para acceder a determinados espacios.

 

• Feminismo, partiendo de la imposibilidad de constatar la voluntariedad de la mujer que porta un burka o niqab, no podemos obviar que ambas prendas invisibilizan a la mujer, precisamente por ser mujer.

 

Llevamos décadas de lucha por poner en valor el papel de la mujer en la sociedad, por dar visibilidad a su aportación en la ciencia, la política, la economía, etc; no parece admisible defender una prenda que la hace invisible.

 

Y los hechos muestran que la imposición de este tipo de prendas es en función de la feminidad y no de la religión: la obligación a mujeres occidentales a llevarlos en algunos países árabes, a sabiendas de que no practican el Islam. Es la condición femenina la que obliga. No tenemos en otros Estados y sociedades ninguna posibilidad de liberar a la mujer de imposiciones que no tienen una base real en la práctica religiosa, sino de invisibilizarlas, deshumanizarlas; pero tenemos el deber de prohibir que en nuestras sociedades se les prive de su imagen como persona en los espacios públicos. Evitemos las pugnas partidistas, y pensemos en el papel de la mujer en nuestra sociedad y evitemos que el burka y el niqab las deleguen a la inexistencia.

La opinión de Ceuta Ahora se refleja únicamente en sus editoriales. La libertad de expresión, la libertad en general, es una máxima de filosofía de este medio que puede compartir o no las opiniones de sus articulistas

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