Domingo, 22 de Febrero de 2026

Actualizada Domingo, 22 de Febrero de 2026 a las 20:06:46 horas

José Antonio Carbonell Buzzian
Domingo, 22 de Febrero de 2026

Madrid no cede ante la razón. Cede ante la unidad

Las ciudades que han conseguido arrancarle compromisos reales al Estado no son las que llegaron con más razón. Son las que llegaron sin fisuras. Porque cuando hay división en el territorio, el Gobierno central tiene la excusa más cómoda del mundo: "hay distintas posiciones, hay que esperar al consenso local". Y espera. Y espera. Y mientras espera, no hace nada.

 

Cuando no hay división, esa excusa desaparece. Y Madrid tiene que responder.

 

Ceuta tiene argumentos sólidos para exigir mucho más: una posición geoestratégica que beneficia a toda Europa, una carga que el Estado le impone y no le financia, una frontera que es responsabilidad nacional y no local, una economía lastrada por condiciones que no eligió. Esos argumentos, presentados con unidad, son difíciles de ignorar. Presentados de manera fragmentada y contradictoria, son muy fáciles de aparcar.

 

No hace falta que los partidos se pongan de acuerdo en todo. No hace falta que gobiernen juntos. Hace falta algo mucho más pequeño y mucho más poderoso: identificar los asuntos en que el interés de Ceuta es objetivo y compartido, y en esos asuntos ir a Madrid con una sola voz. Una propuesta. Todos firmando. Sin fisuras.

 

Eso no es utopía. Es lo mínimo que esta ciudad merece de sus representantes.

 

Un espejo para los que cobran de esta ciudad

 

Tienen sueldos pagados por los ciudadanos de Ceuta. Tienen coches oficiales pagados por los ciudadanos de Ceuta. Tienen asesores, dietas, viajes y gastos de representación pagados por los ciudadanos de Ceuta. Y muchos de ellos llevan años, algunos décadas, viviendo de esa nómina mientras la ciudad que se supone que representan lleva el mismo camino: sin crecer, sin retener a sus jóvenes, sin resolver los mismos problemas que había cuando llegaron al cargo.

 

Eso no es dedicación pública. Es comodidad instalada.

 

Porque lo más fácil en política no es gobernar bien. Es gobernar lo suficientemente mal como para que nadie te pueda culpar de nada concreto, atacar al adversario cuando las cosas van mal, atribuirte los méritos cuando van bien por casualidad, y renovar el escaño cada cuatro años convenciendo a los tuyos de que los otros son peores. Ese juego lo dominan todos. De izquierda a derecha, del que lleva treinta años en la Asamblea al que acaba de llegar prometiendo que él sí va a cambiar las cosas.

 

Y mientras tanto, Ceuta espera.

 

Que quede claro: esto no va de un partido concreto. Va de todos. El que gobierna, que lleva años administrando lo urgente y aplazando lo importante. El que hace oposición, que encuentra más rentable el escándalo que la propuesta. El que se fue a Madrid a representar a Ceuta en el Congreso y vota lo que le dice su partido nacional aunque contradiga directamente el interés de la ciudad que le puso allí. Y el que cada cuatro años aparece con un programa lleno de promesas que sabe, mientras las firma, que no va a cumplir.

 

Si alguno de ellos lee esto y su primer instinto es pensar "esto va por los otros", acaba de confirmar exactamente el problema.

 

A quién le beneficia esta división

 

Hay una pregunta que cada político de Ceuta debería hacerse antes de cada rueda de prensa en la que ataca a su adversario local: ¿a quién le beneficia esta pelea?

 

No a los ciudadanos. No al comercio. No a los jóvenes que se van. No a las familias que llevan años esperando que alguien resuelva lo que lleva años sin resolverse.

 

La división beneficia a Madrid, que puede seguir ignorando a Ceuta sin coste político. Beneficia a Marruecos, que sabe perfectamente que un interlocutor roto es un interlocutor débil. Y beneficia, a corto plazo, a los propios partidos, que encuentran en el adversario local un enemigo más fácil de atacar que los problemas reales.

 

Pero a medio plazo, el camino que llevan tiene un destino muy concreto: una ciudad que no crece, que no atrae inversión, que no retiene a sus jóvenes y que depende cada vez más de una transferencia estatal que llegará tarde, insuficiente y condicionada, porque nadie en Madrid tiene incentivo para que sea de otra manera.

 

Eso no es un pronóstico catastrofista. Es la trayectoria que se ve desde fuera cuando se mira sin anteojeras electorales.

 

Y ahora, una palabra para los ciudadanos

 

Porque este artículo no está escrito solo para los políticos. Está escrito para quienes viven aquí, trabajan aquí, crían a sus hijos aquí y llevan años esperando que algo cambie.

 

La inacción política no se sostiene sola. Se sostiene porque se lo permitimos. Porque votamos, nos quejamos en el bar, publicamos en redes sociales y luego nos resignamos hasta las siguientes elecciones. Porque asumimos que "así son los políticos" como si fuera una ley natural y no una elección que hacemos colectivamente cada vez que miramos para otro lado.

 

Ceuta no necesita un salvador que llegue de Madrid. No necesita que Marruecos se ponga generoso. No necesita que Europa descubra de repente que existe una ciudad española en el norte de África con necesidades específicas.

 

Ceuta necesita que sus propios ciudadanos decidan que ya es suficiente. Que empiecen a exigir, con nombre y apellidos, que sus representantes se comporten como lo que son: mandatarios al servicio de la ciudad, no gestores de sus propias carreras políticas. Que cuando un representante bloquea una propuesta útil por razones de partido, lo sepa todo el mundo. Que cuando alguien en la Asamblea antepone Madrid a Ceuta, también.

 

La presión ciudadana sostenida y organizada es lo único que ha movido cosas en esta ciudad cuando las instituciones se han quedado quietas. No la queja suelta. La presión documentada, pública, constante y transversal.

 

Lo que está en juego

 

Dentro de diez años, Ceuta puede ser una ciudad que aprovechó su posición única para crecer, para construir una economía sólida, para quedarse con sus jóvenes y para ser un ejemplo de cómo se gestiona un territorio fronterizo con inteligencia y dignidad.

 

O puede ser una ciudad que siguió el mismo camino de siempre: dependiente, dividida, esperando que Madrid actúe, que Marruecos coopere y que Europa se acuerde de que existe.

 

La diferencia entre esos dos futuros no la decide ningún partido. La deciden los ciudadanos de Ceuta. Ahora, antes de las próximas elecciones, en la plaza, en la prensa, en las asociaciones, en las conversaciones de a pie de calle.

 

Nadie va a defender esta ciudad mejor que quienes la quieren de verdad.

 

Y los que la quieren de verdad saben perfectamente quiénes son.

La opinión de Ceuta Ahora se refleja únicamente en sus editoriales. La libertad de expresión, la libertad en general, es una máxima de filosofía de este medio que puede compartir o no las opiniones de sus articulistas

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