Burka y niqab: la controversia entre ninguna parte y el olvido
Semana intensa con el debate sobre la petición fallida en el Congreso de PP y Vox sobre la prohibición del burka y el niqab en espacios públicos. Una controversia que sirvió para retratar la absurda negativa de la izquierda inculta y manipuladora de una vestimenta sin sustento en el islam, así como el comportamiento surrealista de un Juan Vivas que recibió telefonazo de Génova para que depusiera su errática aptitud tan inverosímil confortando con la dirección nacional del partido en este asunto, donde quedó retratado tras el aislamiento al que le dejó Juan José Imbroda, líder "pepero" de Melilla. El longevo político local que, como dicen los ganadores del Carnaval ceutí lleva en política "desde que la Mujer Muerta estaba en tratamiento", no deja de meter la pata una y otra vez, desautorizando a su líder Núñez Feijóo con la responsabilidad política que conlleva su conducta.
Hay un dicho que señala "el tiempo pone a cada uno en su sitio: cada reina en su trono y cada payaso en su propio circo". La pérdida de libertades que la izquierda quiere imponernos, es el colmo, y lleva a Vox a calificarlos como "tarados mentales", con esa novedad de intentar prohibir la práctica del fútbol en el patio de los colegios. De tal manera que, los autodenominados "progresistas", intentan limitarnos la libertad hasta cotas inasumibles en un Estado de Derecho y en un país democrático. El querer imponernos lo que podemos o no hacer, no dejar de ser una fórmula dictatorial, ajena al régimen de libertades y un atisbo de "franquismo" moderno, ellos que tanto abominan de la dictadura y que hacen acopio de reiteradas menciones con intenciones de enfrentamiento guerra civilista.
Esta semana ha sido intensa con el burka y el niqab como elementos de discordia, desde el desconocimiento de una izquierda torticera, absurda en sus planteamientos e ignorante en su discurso manipulador. En el periódico digital El Debate hemos leído el testimonio de un ceutí, -cuando el PP critica la ignorancia supina de Yolanda Díaz por su apoyo al burka-, Abdelmalik Mohamed, el musulmán que quiere que se prohíba el burka: "Es una prenda ajena al islam", dice. Entiende que "nada tienen que ver con el Islam ni el burka ni el niqab y defender su uso -señala-, produce perjuicio al propio islam y a los musulmanes". De manera que el discurso de la izquierda, confusa con gente como Rufián que votó en contra de la propuesta de prohibición de PP y Vox en el Congreso y luego, dijo todo lo contrario en público, lleva a un galimatías esperpéntico y ridículo.
Hay un dicho muy elocuente: "Es más fácil engañar a la gente, que se den cuenta que están siendo engañados". Así se explica que Rufián diga fuera del Congreso lo contrario, tras votar oponiéndose a la propuesta de prohibición de PP y Vox, y diga fuera del Parlamento que aboga por prohibirlo "porque es una salvajada", como prueba de la incoherencia y estupidez de una izquierda que no es capaz de hacer autocrítica de las razones de la subida meteórica del creciente apoyo electoral a Vox. En esa línea de despropósitos, la izquierda dice defender a la mujer e importan el islam y apoya el uso del burka. Además, felicitan el Ramadán y no lo hacen con la Cuaresma. Están más por apoyar prácticas retrógradas a su antojo y convertir en normalidad conductas que son aberrantes, porque son incapaces de reconocer que la regulación de la inmigración va a abrir la puerta a la delincuencia descontrolada con el grave riesgo a la seguridad en nuestras calles.
El relato interesado de la izquierda, el tachar de "facha" a todo el que no participe de sus ideas, esa falta de sentido democrático, la intolerancia estructural de la que hacen gala, conlleva retroceso, carencia de libertades y sentido dictatorial camuflado de falsa democracia.
La controversia entre ninguna parte y el olvido, nos lleva a un callejón sin salida entre el despropósito, la intolerancia y el sentido absurdo de un relato tan irracional como incoherente. No cabe ya más confusionismo para derivar a situaciones interesadas, aspectos imposibles de retorcer, como la polémica del uso del burka y el niqab. El islam ha desarmado a quienes propugnaban su uso basándolo en erróneas justificaciones de religiosidad y derechos humanos. Un relato acomodado a intereses espurios y engaños a la carta de gentes sin criterio, carentes de cultura y conocimiento de la religión islámica que dicen defender con suma ignorancia. Quedan desautorizados por la realidad y anulados por su propia ignorancia. O sea, en el más profundo ridículo. El pronunciamiento del absurdo llevado hasta sus últimas consecuencias con planteamientos carentes de fundamento.
Semana intensa con el debate sobre la petición fallida en el Congreso de PP y Vox sobre la prohibición del burka y el niqab en espacios públicos. Una controversia que sirvió para retratar la absurda negativa de la izquierda inculta y manipuladora de una vestimenta sin sustento en el islam, así como el comportamiento surrealista de un Juan Vivas que recibió telefonazo de Génova para que depusiera su errática aptitud tan inverosímil confortando con la dirección nacional del partido en este asunto, donde quedó retratado tras el aislamiento al que le dejó Juan José Imbroda, líder "pepero" de Melilla. El longevo político local que, como dicen los ganadores del Carnaval ceutí lleva en política "desde que la Mujer Muerta estaba en tratamiento", no deja de meter la pata una y otra vez, desautorizando a su líder Núñez Feijóo con la responsabilidad política que conlleva su conducta.
Hay un dicho que señala "el tiempo pone a cada uno en su sitio: cada reina en su trono y cada payaso en su propio circo". La pérdida de libertades que la izquierda quiere imponernos, es el colmo, y lleva a Vox a calificarlos como "tarados mentales", con esa novedad de intentar prohibir la práctica del fútbol en el patio de los colegios. De tal manera que, los autodenominados "progresistas", intentan limitarnos la libertad hasta cotas inasumibles en un Estado de Derecho y en un país democrático. El querer imponernos lo que podemos o no hacer, no dejar de ser una fórmula dictatorial, ajena al régimen de libertades y un atisbo de "franquismo" moderno, ellos que tanto abominan de la dictadura y que hacen acopio de reiteradas menciones con intenciones de enfrentamiento guerra civilista.
Esta semana ha sido intensa con el burka y el niqab como elementos de discordia, desde el desconocimiento de una izquierda torticera, absurda en sus planteamientos e ignorante en su discurso manipulador. En el periódico digital El Debate hemos leído el testimonio de un ceutí, -cuando el PP critica la ignorancia supina de Yolanda Díaz por su apoyo al burka-, Abdelmalik Mohamed, el musulmán que quiere que se prohíba el burka: "Es una prenda ajena al islam", dice. Entiende que "nada tienen que ver con el Islam ni el burka ni el niqab y defender su uso -señala-, produce perjuicio al propio islam y a los musulmanes". De manera que el discurso de la izquierda, confusa con gente como Rufián que votó en contra de la propuesta de prohibición de PP y Vox en el Congreso y luego, dijo todo lo contrario en público, lleva a un galimatías esperpéntico y ridículo.
Hay un dicho muy elocuente: "Es más fácil engañar a la gente, que se den cuenta que están siendo engañados". Así se explica que Rufián diga fuera del Congreso lo contrario, tras votar oponiéndose a la propuesta de prohibición de PP y Vox, y diga fuera del Parlamento que aboga por prohibirlo "porque es una salvajada", como prueba de la incoherencia y estupidez de una izquierda que no es capaz de hacer autocrítica de las razones de la subida meteórica del creciente apoyo electoral a Vox. En esa línea de despropósitos, la izquierda dice defender a la mujer e importan el islam y apoya el uso del burka. Además, felicitan el Ramadán y no lo hacen con la Cuaresma. Están más por apoyar prácticas retrógradas a su antojo y convertir en normalidad conductas que son aberrantes, porque son incapaces de reconocer que la regulación de la inmigración va a abrir la puerta a la delincuencia descontrolada con el grave riesgo a la seguridad en nuestras calles.
El relato interesado de la izquierda, el tachar de "facha" a todo el que no participe de sus ideas, esa falta de sentido democrático, la intolerancia estructural de la que hacen gala, conlleva retroceso, carencia de libertades y sentido dictatorial camuflado de falsa democracia.
La controversia entre ninguna parte y el olvido, nos lleva a un callejón sin salida entre el despropósito, la intolerancia y el sentido absurdo de un relato tan irracional como incoherente. No cabe ya más confusionismo para derivar a situaciones interesadas, aspectos imposibles de retorcer, como la polémica del uso del burka y el niqab. El islam ha desarmado a quienes propugnaban su uso basándolo en erróneas justificaciones de religiosidad y derechos humanos. Un relato acomodado a intereses espurios y engaños a la carta de gentes sin criterio, carentes de cultura y conocimiento de la religión islámica que dicen defender con suma ignorancia. Quedan desautorizados por la realidad y anulados por su propia ignorancia. O sea, en el más profundo ridículo. El pronunciamiento del absurdo llevado hasta sus últimas consecuencias con planteamientos carentes de fundamento.
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