Cuando la islamofobia se disfraza de falso feminismo
El debate promovido por Vox y respaldado por el Partido Popular de Feijóo sobre el uso del burka no tiene nada que ver con la defensa de los derechos de las mujeres. Tiene, en cambio, mucho que ver con una estrategia política basada en el señalamiento y la división social.
Resulta profundamente hipócrita que quienes han votado sistemáticamente contra la subida del Salario Mínimo Interprofesional, contra el Pacto de Estado contra la Violencia de Género o contra las políticas públicas de igualdad, pretendan ahora erigirse en defensores de la libertad femenina. No les preocupa la situación real de las mujeres; lo que buscan es alimentar un debate racista e islamófobo con fines electorales.
Si a Vox y al PP les importara realmente la libertad de las mujeres, no habrían recortado o eliminado servicios esenciales contra la violencia de género allí donde gobiernan, ni negarían la existencia misma de la violencia machista, como hace Vox de manera reiterada con el silencio cómplice del PP de Feijóo. Su negacionismo deja desprotegidas a miles de mujeres que sufren violencia cada día.
La realidad es clara: solo les importa la libertad de las mujeres cuando pueden utilizarla para atacar a la religión musulmana. Y eso tiene un nombre: islamofobia. Se genera un debate público desproporcionado en nuestro país, mientras se ignora deliberadamente la situación de miles de mujeres víctimas de violencia machista, precariedad laboral y desigualdad estructural.
España es hoy un referente internacional en la lucha contra la violencia de género y en la promoción de la igualdad, gracias a los avances impulsados por gobiernos socialistas. Contamos con una legislación sólida, moderna y garantista que protege los derechos de las mujeres y ofrece instrumentos suficientes para actuar ante cualquier situación que vulnere la igualdad, la libertad o la seguridad.
Desde el PSOE defendemos una posición clara: estamos en contra del burka y del niqab como símbolos que invisibilizan y limitan la libertad de las mujeres. Pero nuestra oposición se fundamenta en el feminismo, en los derechos humanos y en la igualdad, no en la islamofobia ni en el señalamiento colectivo.
No somos paternalistas. No queremos "salvar" a las mujeres imponiendo prohibiciones generales que cargan sobre ellas todo el peso de la prohibición, señalándolas, dejándolas indefensas entre la espada y pared. Defendemos algo mucho más profundo y transformador: la educación en el respeto a la libertad individual, a la libertad religiosa y al derecho de cada mujer a decidir sin presiones, sin imposiciones y sin miedo. Respetamos tanto a quienes no profesan ninguna religión como a quienes practican la que libremente elijan, sea cual sea, una libertad que debe ser parte esencial de nuestra realidad social y cultural.
Ceuta es un ejemplo de convivencia, diversidad y respeto, pero ello requiere un esfuerzo y un compromiso diario de todos y todas para mantener un equilibrio frágil. Nuestra ciudad no necesita debates artificiales que fracturen esa convivencia o la pongan en peligro. Necesita políticas públicas serias que fomenten la integración, la educación en igualdad, la coeducación, el diálogo intercultural y la cohesión social.
Los socialistas no vamos a permitir que en Ceuta se utilice la diversidad como herramienta de confrontación. Aquí la prioridad es proteger derechos reales, no fabricar polémicas que dividen y no solucionan nada. Ceuta no es terreno para experimentos de polarización y ese es el objetivo de la ultraderecha, que usa nuestra ciudad como su laboratorio. Los y las ceutíes hemos demostrado que la convivencia es posible cuando se actúa con responsabilidad y no vamos a tolerar el uso partidista de la religión y del cuerpo de las mujeres para obtener rédito electoral.
Además, la experiencia de otros países europeos demuestra que las prohibiciones generalizadas no solo no resuelven el problema, sino que en muchos casos han provocado el efecto contrario: más exclusión, más aislamiento y mayor invisibilidad de las mujeres afectadas, apartándolas del espacio público y dificultando su integración social.
La legislación española ya ofrece herramientas suficientes para garantizar la igualdad, la seguridad y la libertad sin recurrir a discursos alarmistas ni medidas discriminatorias. Lo que hace falta es aplicarlas con rigor, sensibilidad y compromiso social.
Frente al odio, el miedo y la manipulación, desde el PSOE de Ceuta apostamos por más derechos, más igualdad, más educación y más convivencia. Seguiremos defendiendo un modelo de sociedad basado en el respeto, la diversidad y la libertad, donde ninguna mujer sea utilizada como arma política y donde nadie sea señalado por su cultura, su origen o su religión.
Porque la igualdad real no se construye con prohibiciones ni con estigmatización, sino con derechos, justicia social y políticas públicas que protejan y empoderen a todas las mujeres.
El debate promovido por Vox y respaldado por el Partido Popular de Feijóo sobre el uso del burka no tiene nada que ver con la defensa de los derechos de las mujeres. Tiene, en cambio, mucho que ver con una estrategia política basada en el señalamiento y la división social.
Resulta profundamente hipócrita que quienes han votado sistemáticamente contra la subida del Salario Mínimo Interprofesional, contra el Pacto de Estado contra la Violencia de Género o contra las políticas públicas de igualdad, pretendan ahora erigirse en defensores de la libertad femenina. No les preocupa la situación real de las mujeres; lo que buscan es alimentar un debate racista e islamófobo con fines electorales.
Si a Vox y al PP les importara realmente la libertad de las mujeres, no habrían recortado o eliminado servicios esenciales contra la violencia de género allí donde gobiernan, ni negarían la existencia misma de la violencia machista, como hace Vox de manera reiterada con el silencio cómplice del PP de Feijóo. Su negacionismo deja desprotegidas a miles de mujeres que sufren violencia cada día.
La realidad es clara: solo les importa la libertad de las mujeres cuando pueden utilizarla para atacar a la religión musulmana. Y eso tiene un nombre: islamofobia. Se genera un debate público desproporcionado en nuestro país, mientras se ignora deliberadamente la situación de miles de mujeres víctimas de violencia machista, precariedad laboral y desigualdad estructural.
España es hoy un referente internacional en la lucha contra la violencia de género y en la promoción de la igualdad, gracias a los avances impulsados por gobiernos socialistas. Contamos con una legislación sólida, moderna y garantista que protege los derechos de las mujeres y ofrece instrumentos suficientes para actuar ante cualquier situación que vulnere la igualdad, la libertad o la seguridad.
Desde el PSOE defendemos una posición clara: estamos en contra del burka y del niqab como símbolos que invisibilizan y limitan la libertad de las mujeres. Pero nuestra oposición se fundamenta en el feminismo, en los derechos humanos y en la igualdad, no en la islamofobia ni en el señalamiento colectivo.
No somos paternalistas. No queremos "salvar" a las mujeres imponiendo prohibiciones generales que cargan sobre ellas todo el peso de la prohibición, señalándolas, dejándolas indefensas entre la espada y pared. Defendemos algo mucho más profundo y transformador: la educación en el respeto a la libertad individual, a la libertad religiosa y al derecho de cada mujer a decidir sin presiones, sin imposiciones y sin miedo. Respetamos tanto a quienes no profesan ninguna religión como a quienes practican la que libremente elijan, sea cual sea, una libertad que debe ser parte esencial de nuestra realidad social y cultural.
Ceuta es un ejemplo de convivencia, diversidad y respeto, pero ello requiere un esfuerzo y un compromiso diario de todos y todas para mantener un equilibrio frágil. Nuestra ciudad no necesita debates artificiales que fracturen esa convivencia o la pongan en peligro. Necesita políticas públicas serias que fomenten la integración, la educación en igualdad, la coeducación, el diálogo intercultural y la cohesión social.
Los socialistas no vamos a permitir que en Ceuta se utilice la diversidad como herramienta de confrontación. Aquí la prioridad es proteger derechos reales, no fabricar polémicas que dividen y no solucionan nada. Ceuta no es terreno para experimentos de polarización y ese es el objetivo de la ultraderecha, que usa nuestra ciudad como su laboratorio. Los y las ceutíes hemos demostrado que la convivencia es posible cuando se actúa con responsabilidad y no vamos a tolerar el uso partidista de la religión y del cuerpo de las mujeres para obtener rédito electoral.
Además, la experiencia de otros países europeos demuestra que las prohibiciones generalizadas no solo no resuelven el problema, sino que en muchos casos han provocado el efecto contrario: más exclusión, más aislamiento y mayor invisibilidad de las mujeres afectadas, apartándolas del espacio público y dificultando su integración social.
La legislación española ya ofrece herramientas suficientes para garantizar la igualdad, la seguridad y la libertad sin recurrir a discursos alarmistas ni medidas discriminatorias. Lo que hace falta es aplicarlas con rigor, sensibilidad y compromiso social.
Frente al odio, el miedo y la manipulación, desde el PSOE de Ceuta apostamos por más derechos, más igualdad, más educación y más convivencia. Seguiremos defendiendo un modelo de sociedad basado en el respeto, la diversidad y la libertad, donde ninguna mujer sea utilizada como arma política y donde nadie sea señalado por su cultura, su origen o su religión.
Porque la igualdad real no se construye con prohibiciones ni con estigmatización, sino con derechos, justicia social y políticas públicas que protejan y empoderen a todas las mujeres.
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