Pérez Triano llega con buenas palabras, pero el CETI tiene 1.000 personas y una sola enfermera de guardia
El nuevo delegado del Gobierno estrena cargo con el lema "trabajo, responsabilidad y coordinación" mientras 220 migrantes duermen hacinados en un garaje sin ventilación. La realidad le exige mucho más que retórica institucional.
Miguel Ángel Pérez Triano lleva días como delegado del Gobierno en Ceuta. Suficiente para su primera rueda de prensa, insuficiente para cambiar nada. En la mañana de este miércoles, compareció ante los medios con el tono correcto, la frase bien construida y el semblante institucional que el cargo exige. "Trabajo, responsabilidad y coordinación", resumió. Nadie puede estar en contra de eso. El problema es que esas palabras llegaron el mismo día en que el sindicato SATSE denunciaba que una sola enfermera atiende de noche a cerca de mil personas en el CETI, y que 220 de ellas siguen durmiendo en un garaje sobre colchones compartidos, entre colillas y restos de comida, sin ventilación y sin garantías sanitarias de ningún tipo.
Le damos los cien días. Es lo justo. Pero los problemas que hereda no admiten espera.
Lo que dijo y lo que hay detrás
Pérez Triano describió la situación migratoria como "prioritaria desde el minuto uno". Elogió el "extraordinario trabajo" del personal del CETI y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Anunció que se trabaja para "agilizar las salidas hacia la Península" y para habilitar espacios más dignos dentro del centro. Dijo que no podía permitir que la gente estuviese en garajes ni en salones de actos. Añadió que "nuestro compromiso es lograr soluciones rápidas y eficientes".
Todo correcto. Nada concreto.
El CETI de Ceuta alberga actualmente cerca de 1.000 personas cuando su capacidad oficial es de 512 plazas , más del doble. Eso ha obligado al centro a alojar a unas 220 personas en el garaje de las instalaciones, donde permanecen hacinadas y sin ventilación suficiente, según han denunciado sindicatos y organizaciones de derechos humanos. Una sola enfermera se encarga de atender a cerca de 1.000 residentes durante los turnos nocturnos, los fines de semana y los festivos, acompañada únicamente de un vigilante de seguridad.
Esta no es una crisis de esta semana. Es una crisis de años, que el Estado lleva ignorando sistemáticamente.
El CETI: un problema estructural, no una emergencia puntual
La situación del CETI ya en septiembre fue similar: decenas de migrantes estuvieron durante semanas viviendo en rudimentarias tiendas de campaña en las inmediaciones del centro. Partidos y organizaciones enviaron cartas a Delegación y presentaron interpelaciones en el Pleno. No se hizo nada.
CCOO sostiene que la situación responde a un problema estructural y rechaza que la carga recaiga exclusivamente sobre el personal del CETI o sobre la propia ciudad de Ceuta. Es una apreciación acertada que el nuevo delegado haría bien en asumir desde el principio, no solo en público, sino en cada conversación que tenga con Madrid.
La cuestión no es únicamente cuántos traslados se organizan esta semana a la Península de hecho, solo 53 personas salieron el pasado miércoles, una cifra que apenas roza el problema, sino por qué el sistema de acogida nacional sigue siendo incapaz de absorber la presión que concentra Ceuta de forma desproporcionada. Las entradas de inmigrantes en Ceuta entre el 1 de enero y el 15 de febrero de 2026 rozaron el millar de personas, lo que supone el 30% de todas las llegadas irregulares al territorio nacional en ese mismo período.
Una ciudad de 80.000 habitantes absorbiendo casi un tercio de la inmigración irregular del país. Eso no es una crisis local; es un fallo de Estado.
Los datos que no cuadran
Las entradas de inmigrantes en Ceuta se han disparado en más de un 600% en los últimos doce meses respecto al mismo período del año anterior. Pese a ello, el delegado no pudo confirmar actuaciones específicas en los espigones deteriorados por los últimos temporales y se limitó a señalar que Interior está "al tanto desde el minuto uno". Una frase que podría haberse pronunciado en cualquier momento de los últimos cinco años.
La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) va más lejos y pone en cuestión incluso esas estadísticas. Según AUGC, los intentos de entrada irregular incluyendo interceptaciones de las autoridades marroquíes, actuaciones en el vallado y accesos bordeando los espigones de Benzú y El Tarajal no se hacen públicos en su totalidad, y la presión migratoria real es muy superior a la que reflejan las estadísticas oficiales.
La frontera que se deteriora
El último temporal ha dejado una acumulación de sedimentos junto al espigón del Tarajal que, según los periodistas que preguntaron al delegado, está formando una especie de playa que facilita los accesos irregulares. Pérez Triano reconoció el impacto de las borrascas en el perímetro fronterizo pero no pudo confirmar actuaciones específicas. Recordó que en los últimos años se han invertido unos 18 millones de euros en el vallado, incluyendo sensores y reparaciones. Lo que no dijo es que ese vallado sigue siendo insuficiente ante una presión que no para de crecer.
El director del CETI: la sombra que nadie quiere ver
Hay un asunto que el delegado evitó nombrar en su comparecencia, pero que está en la base de muchos de los problemas del centro: la gestión de su director, Antonio Bautista. El director del CETI ha sido acusado en reiteradas ocasiones de amenazar al personal de enfermería para que atienda en el garaje, de presiones sobre trabajadores que se niegan a asumir condiciones de trabajo ilegales, e incluso de no cumplir protocolos tras la agresión sexual de un residente a una enfermera. (El Ministerio de Migraciones ha archivado en todas las ocasiones las quejas presentadas, con escuetas explicaciones.
Si Pérez Triano quiere demostrar que su gestión será diferente a la de sus predecesores, ese expediente archivado en Madrid es un buen sitio por donde empezar a rascar.
El Brull: la metáfora perfecta de la desidia acumulada
Ajeno al debate migratorio pero igual de revelador de cómo funciona la administración en Ceuta, el nuevo delegado se encontró también con otra mala noticia heredada: el proyecto del Centro Integrado del Brull, un equipamiento educativo para el barrio, tendrá que salir de nuevo a licitación pública porque el proceso anterior ha quedado sin efecto. Otro retraso. Otro año perdido. Otra promesa que se alarga en el tiempo y que los vecinos del barrio llevan esperando demasiado.
No es un asunto menor. Es el síntoma de una administración que anuncia, lícita y vuelve a anunciar, sin que las cosas lleguen a construirse.
El conflicto de roles que nadie menciona
Hay algo que conviene no perder de vista mientras se evalúa la gestión de Pérez Triano: es, al mismo tiempo, delegado del Gobierno y secretario general del PSOE de Ceuta. El mismo esquema que Sánchez ha replicado en Melilla con Sabrina Moh. Una persona, dos sombreros. La pregunta que merece hacerse es si esa dualidad le permite actuar con la independencia institucional que el cargo de delegado exige, o si sus movimientos estarán siempre filtrados por el cálculo electoral de cara a las elecciones autonómicas de 2027, para las que, significativamente, deberá renunciar al cargo con antelación si quiere concurrir como candidato.
Dicho de otro modo: su mandato real es de poco más de un año. No es mucho tiempo para resolver décadas de parches.
Lo que se le exige
Pérez Triano tiene a su favor algo que sus predecesoras no tuvieron: conoce el CETI desde dentro. Entre 2010 y 2013 impartió clases de español como lengua extranjera a los residentes del centro a través de Cruz Roja. También fue jefe de la Oficina Única de Extranjería de Ceuta entre 2019 y 2021. No llega al cargo desde la ignorancia. Llega desde un conocimiento directo del problema que le obligará a ser más exigente consigo mismo y con Madrid que cualquiera de sus antecesores.
Lo que Ceuta necesita no son gestores que administren el colapso con discreción. Necesita un delegado que diga en público y en privado, y en cada reunión ministerial que el modelo actual no funciona. Que el CETI no puede seguir siendo el único colchón de una política migratoria europea sin soluciones estructurales. Que una enfermera para mil personas no es coordinación: es abandono.
Le damos los cien días. Con la condición de que, al final de ellos, haya algo más que frases para responder.
Miguel Ángel Pérez Triano lleva días como delegado del Gobierno en Ceuta. Suficiente para su primera rueda de prensa, insuficiente para cambiar nada. En la mañana de este miércoles, compareció ante los medios con el tono correcto, la frase bien construida y el semblante institucional que el cargo exige. "Trabajo, responsabilidad y coordinación", resumió. Nadie puede estar en contra de eso. El problema es que esas palabras llegaron el mismo día en que el sindicato SATSE denunciaba que una sola enfermera atiende de noche a cerca de mil personas en el CETI, y que 220 de ellas siguen durmiendo en un garaje sobre colchones compartidos, entre colillas y restos de comida, sin ventilación y sin garantías sanitarias de ningún tipo.
Le damos los cien días. Es lo justo. Pero los problemas que hereda no admiten espera.
Lo que dijo y lo que hay detrás
Pérez Triano describió la situación migratoria como "prioritaria desde el minuto uno". Elogió el "extraordinario trabajo" del personal del CETI y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Anunció que se trabaja para "agilizar las salidas hacia la Península" y para habilitar espacios más dignos dentro del centro. Dijo que no podía permitir que la gente estuviese en garajes ni en salones de actos. Añadió que "nuestro compromiso es lograr soluciones rápidas y eficientes".
Todo correcto. Nada concreto.
El CETI de Ceuta alberga actualmente cerca de 1.000 personas cuando su capacidad oficial es de 512 plazas , más del doble. Eso ha obligado al centro a alojar a unas 220 personas en el garaje de las instalaciones, donde permanecen hacinadas y sin ventilación suficiente, según han denunciado sindicatos y organizaciones de derechos humanos. Una sola enfermera se encarga de atender a cerca de 1.000 residentes durante los turnos nocturnos, los fines de semana y los festivos, acompañada únicamente de un vigilante de seguridad.
Esta no es una crisis de esta semana. Es una crisis de años, que el Estado lleva ignorando sistemáticamente.
El CETI: un problema estructural, no una emergencia puntual
La situación del CETI ya en septiembre fue similar: decenas de migrantes estuvieron durante semanas viviendo en rudimentarias tiendas de campaña en las inmediaciones del centro. Partidos y organizaciones enviaron cartas a Delegación y presentaron interpelaciones en el Pleno. No se hizo nada.
CCOO sostiene que la situación responde a un problema estructural y rechaza que la carga recaiga exclusivamente sobre el personal del CETI o sobre la propia ciudad de Ceuta. Es una apreciación acertada que el nuevo delegado haría bien en asumir desde el principio, no solo en público, sino en cada conversación que tenga con Madrid.
La cuestión no es únicamente cuántos traslados se organizan esta semana a la Península de hecho, solo 53 personas salieron el pasado miércoles, una cifra que apenas roza el problema, sino por qué el sistema de acogida nacional sigue siendo incapaz de absorber la presión que concentra Ceuta de forma desproporcionada. Las entradas de inmigrantes en Ceuta entre el 1 de enero y el 15 de febrero de 2026 rozaron el millar de personas, lo que supone el 30% de todas las llegadas irregulares al territorio nacional en ese mismo período.
Una ciudad de 80.000 habitantes absorbiendo casi un tercio de la inmigración irregular del país. Eso no es una crisis local; es un fallo de Estado.
Los datos que no cuadran
Las entradas de inmigrantes en Ceuta se han disparado en más de un 600% en los últimos doce meses respecto al mismo período del año anterior. Pese a ello, el delegado no pudo confirmar actuaciones específicas en los espigones deteriorados por los últimos temporales y se limitó a señalar que Interior está "al tanto desde el minuto uno". Una frase que podría haberse pronunciado en cualquier momento de los últimos cinco años.
La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) va más lejos y pone en cuestión incluso esas estadísticas. Según AUGC, los intentos de entrada irregular incluyendo interceptaciones de las autoridades marroquíes, actuaciones en el vallado y accesos bordeando los espigones de Benzú y El Tarajal no se hacen públicos en su totalidad, y la presión migratoria real es muy superior a la que reflejan las estadísticas oficiales.
La frontera que se deteriora
El último temporal ha dejado una acumulación de sedimentos junto al espigón del Tarajal que, según los periodistas que preguntaron al delegado, está formando una especie de playa que facilita los accesos irregulares. Pérez Triano reconoció el impacto de las borrascas en el perímetro fronterizo pero no pudo confirmar actuaciones específicas. Recordó que en los últimos años se han invertido unos 18 millones de euros en el vallado, incluyendo sensores y reparaciones. Lo que no dijo es que ese vallado sigue siendo insuficiente ante una presión que no para de crecer.
El director del CETI: la sombra que nadie quiere ver
Hay un asunto que el delegado evitó nombrar en su comparecencia, pero que está en la base de muchos de los problemas del centro: la gestión de su director, Antonio Bautista. El director del CETI ha sido acusado en reiteradas ocasiones de amenazar al personal de enfermería para que atienda en el garaje, de presiones sobre trabajadores que se niegan a asumir condiciones de trabajo ilegales, e incluso de no cumplir protocolos tras la agresión sexual de un residente a una enfermera. (El Ministerio de Migraciones ha archivado en todas las ocasiones las quejas presentadas, con escuetas explicaciones.
Si Pérez Triano quiere demostrar que su gestión será diferente a la de sus predecesores, ese expediente archivado en Madrid es un buen sitio por donde empezar a rascar.
El Brull: la metáfora perfecta de la desidia acumulada
Ajeno al debate migratorio pero igual de revelador de cómo funciona la administración en Ceuta, el nuevo delegado se encontró también con otra mala noticia heredada: el proyecto del Centro Integrado del Brull, un equipamiento educativo para el barrio, tendrá que salir de nuevo a licitación pública porque el proceso anterior ha quedado sin efecto. Otro retraso. Otro año perdido. Otra promesa que se alarga en el tiempo y que los vecinos del barrio llevan esperando demasiado.
No es un asunto menor. Es el síntoma de una administración que anuncia, lícita y vuelve a anunciar, sin que las cosas lleguen a construirse.
El conflicto de roles que nadie menciona
Hay algo que conviene no perder de vista mientras se evalúa la gestión de Pérez Triano: es, al mismo tiempo, delegado del Gobierno y secretario general del PSOE de Ceuta. El mismo esquema que Sánchez ha replicado en Melilla con Sabrina Moh. Una persona, dos sombreros. La pregunta que merece hacerse es si esa dualidad le permite actuar con la independencia institucional que el cargo de delegado exige, o si sus movimientos estarán siempre filtrados por el cálculo electoral de cara a las elecciones autonómicas de 2027, para las que, significativamente, deberá renunciar al cargo con antelación si quiere concurrir como candidato.
Dicho de otro modo: su mandato real es de poco más de un año. No es mucho tiempo para resolver décadas de parches.
Lo que se le exige
Pérez Triano tiene a su favor algo que sus predecesoras no tuvieron: conoce el CETI desde dentro. Entre 2010 y 2013 impartió clases de español como lengua extranjera a los residentes del centro a través de Cruz Roja. También fue jefe de la Oficina Única de Extranjería de Ceuta entre 2019 y 2021. No llega al cargo desde la ignorancia. Llega desde un conocimiento directo del problema que le obligará a ser más exigente consigo mismo y con Madrid que cualquiera de sus antecesores.
Lo que Ceuta necesita no son gestores que administren el colapso con discreción. Necesita un delegado que diga en público y en privado, y en cada reunión ministerial que el modelo actual no funciona. Que el CETI no puede seguir siendo el único colchón de una política migratoria europea sin soluciones estructurales. Que una enfermera para mil personas no es coordinación: es abandono.
Le damos los cien días. Con la condición de que, al final de ellos, haya algo más que frases para responder.
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