Inmigración
El 'efecto llamada' de la inmigración ilegal provoca el caos en la frontera y deja al CETI al borde del colapso
La AUGC ha denunciado el estado de deterioro que presentan los sistemas de contención de la ciudad
Los rostros sonrientes de aquellos inmigrantes ilegales que abandonan Ceuta rumbo a la península han dibujado una sensación de éxito en sus compatriotas que ha provocado la llamada de aquellos que buscan un futuro mejor más allá de sus fronteras, un deseo para el que la ciudad autónoma sirve como plataforma de lanzamiento.
Solo el 30 de enero salieron del territorio ceutí 80 residentes del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), principalmente argelinos y magrebíes. Si la cuenta engloba a todo el mes, la cifra de traslados se incrementa a las 150 personas. Un escenario que llena de optimismo a aquel que planea saltar la valla o bordear los espigones.
De una u otra forma, en tres días de la última semana, accedieron a Ceuta 180 inmigrantes, la mayoría subsaharianos y magrebíes. En lo que va de año, la estadística crece por encima de los 400. Este aluvión de llegadas irregulares ha desembocado en que el CETI esté al borde del colapso. Con una capacidad límite para 512 personas, en estos momentos supera las 700 plazas ocupadas.
Esta situación ha llevado a sus dirigentes a articular espacios improvisados, como garajes u otras áreas no aptas, para poder alojar, al menos, a 80 individuos. La presión es tan intensa que las unidades de emergencia no dan abasto, evidenciando una falta de recursos humanos y materiales que desoye el Gobierno de España.
La demanda de los guardias civiles alcanza ahora a los medios de contención, como es el caso del vallado. La estructura se encuentra "agotada, obsoleta y deteriorada", por lo que la asociación unificada de los agentes (AUGC) reclama una reforma integral del perímetro. "Consiguen trepar ambas vallas en menos de 30 segundos".
Ni las mallas anti-trepa ni los peines invertidos han sido efectivos para evitar los intentos. Las vigas metálicas funcionan como escaleras y los sensores no hacen su función. Los espigones requieren una ampliación urgente. El resultado: centenares de inmigrantes burlando los controles y guardias civiles soportando un alto estrés físico y psicológico.

Los rostros sonrientes de aquellos inmigrantes ilegales que abandonan Ceuta rumbo a la península han dibujado una sensación de éxito en sus compatriotas que ha provocado la llamada de aquellos que buscan un futuro mejor más allá de sus fronteras, un deseo para el que la ciudad autónoma sirve como plataforma de lanzamiento.
Solo el 30 de enero salieron del territorio ceutí 80 residentes del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), principalmente argelinos y magrebíes. Si la cuenta engloba a todo el mes, la cifra de traslados se incrementa a las 150 personas. Un escenario que llena de optimismo a aquel que planea saltar la valla o bordear los espigones.
De una u otra forma, en tres días de la última semana, accedieron a Ceuta 180 inmigrantes, la mayoría subsaharianos y magrebíes. En lo que va de año, la estadística crece por encima de los 400. Este aluvión de llegadas irregulares ha desembocado en que el CETI esté al borde del colapso. Con una capacidad límite para 512 personas, en estos momentos supera las 700 plazas ocupadas.
Esta situación ha llevado a sus dirigentes a articular espacios improvisados, como garajes u otras áreas no aptas, para poder alojar, al menos, a 80 individuos. La presión es tan intensa que las unidades de emergencia no dan abasto, evidenciando una falta de recursos humanos y materiales que desoye el Gobierno de España.
La demanda de los guardias civiles alcanza ahora a los medios de contención, como es el caso del vallado. La estructura se encuentra "agotada, obsoleta y deteriorada", por lo que la asociación unificada de los agentes (AUGC) reclama una reforma integral del perímetro. "Consiguen trepar ambas vallas en menos de 30 segundos".
Ni las mallas anti-trepa ni los peines invertidos han sido efectivos para evitar los intentos. Las vigas metálicas funcionan como escaleras y los sensores no hacen su función. Los espigones requieren una ampliación urgente. El resultado: centenares de inmigrantes burlando los controles y guardias civiles soportando un alto estrés físico y psicológico.






















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