Miércoles, 28 de Enero de 2026

Actualizada Miércoles, 28 de Enero de 2026 a las 19:50:38 horas

Antonio Palomar García
Miércoles, 28 de Enero de 2026

Bipartidismo, ¡qué bipartidismo!

Lejos de plantear cierta discrepancia con Santiago Abascal, sirva este humilde artículo como mera aclaración acerca de mi visión del falso bipartidismo que vivimos en España.

 

Si por bipartidismo entendemos el sistema de alternancia en el poder de dos organizaciones políticas de distinto signo, tal vez sí pudiéramos observar ese cambio cualitativo en algunos periodos durante las legislaturas que PSOE y PP, elecciones mediante, colocaron a sus líderes en La Moncloa.

 

Pero llegó un momento en que esta forma de bipartidismo, semejante en el resultado final al sistema estadounidense, se diluyó, perdiéndose la dualidad izquierda-derecha y disipándose las diferencias que nos traían esas percepciones de la realidad, las que nos permiten elegir entre uno u otro partido en función de su oferta programática.

 

Hoy, como decía, esa dualidad desapareció. La esencia ideológica se difuminó progresivamente. A medida que las grandes órdenes llegaban de Europa, obligaban a ambos partidos a someterse a semejantes preceptos. La población no podía seguir decidiendo; era preferible establecer el camino a seguir desde una entidad superior que controlase las opciones de decisión y, a ser posible, cualquier voluntad de elección.

 

De ahí esa sensación, fácilmente comprobable, de inmovilismo con respecto a todo aquello aprobado que coincidiera con lo que la Agenda en sus distintos formatos -21, 30, 50- viniese a recoger en sus disposiciones. 

 

Y, claro, cuando se acepta y firma el sometimiento a un programa que han redactado otros, terminas hocicando en lo que otros quieran y convirtiéndote en lo que ellos decidan, obteniendo sólo ese derecho al pataleo que consiste en seguir presentándote (falsamente) como el antónimo necesario, para insistir en el mantenimiento del sistema de pensamiento único de doble cara (PP-PSOE) que venimos padeciendo desde que nos privaron de la elección entre ideologías.

 

Así, se consiente que el PP diga todo eso que va hacer y nunca hace (ahora Feijóo vuelve a la carga), porque no se puede derruir aquello que está contribuyendo a la levantar ese constructo que, sin prisa ni pausa, nos conduce al pensamiento único aludido, contra el que algunos claman en un desierto cada vez menos desierto.

 

Mientras, el PP a lo suyo, que viene a ser lo de los otros, que consiste en meternos, entre otros asuntos, las pamplinas del cambio climático, el criminal Pacto Verde europeo y la puntilla del Acuerdo Mercosur hasta debajo de las sábanas (en todo ello PP y PSOE son uno y trino en Bruselas), para que no decaiga su contribución mutua al desalojo del sentido común de nuestra Nación (en las demás del orbe europeo, la reacción está paralizando la sinrazón que asola, de diversas formas ya, distintos países de nuestro entorno. El desierto que deja de serlo, en España también).

 

Definitivamente, nos desafía la posibilidad de dar un vuelco al proyecto que nos reta y amenaza con la involución hacia un modelo sobrevenido de feudalismo supranacional, que aspira a contenernos con el control y unificación de ideas, genuflexas a la voz del nuevo mandamás, ese que un día surgió con la sencilla función de eliminar las fronteras internas a los mercados europeos y, a día de hoy, mercadea con las mismas voluntades que entonces creyeron ver ampliado su marco de libertades. Todo lo ingirió, con todo acabó. El bipartidismo, al menos en España, se ofreció libremente y ofreció cuanto de él dependía a tal holocausto.

 

 

P.D.- Algunos, para sentirnos traicionados, ya tenemos suficiente con nuestra propia ingenuidad.

 

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