Educación
Los padres de una menor con autismo reclaman el cambio de centro ante el riesgo que supone para su integridad
La niña, de 10 años, puso en riesgo su vida intentando salir por la ventana de un segundo piso
Los padres de una menor autista de 10 años de Ceuta han relatado ante los medios de comunicación el calvario que está viviendo su hija desde hace años y para la que han solicitado ante la Dirección Provincial de Educación el traslado desde su colegio, el CEIP Lope de Vega, al Centro de Educación Especial San Antonio.
La madre, Milagros García, ha explicado que la situación "no es puntual ni reciente". La niña ha pasado por varios centros educativos debido a la falta de recursos y de una atención especializada para su condición. Hace tres años, regresó a su colegio de origen con la esperanza de que pudiese acceder en el aula especial, pero el acceso nunca se produjo.
La única medida fue asignarle dos horas semanales de apoyo por sus necesidades, una alternativa de la que este curso no se ha podido beneficiar. A esta carencia, hay que sumarle, según la progenitora, cambios constantes de tutoría, especialistas y de atención de pedagogía terapéutica. Todo ello, "ha tenido un impacto directo en su estabilidad emocional, generando desregulación, ansiedad e inseguridad".
Cambios constantes de tutoría, especialistas y atención pedagógica han tenido un impacto directo en su estabilidad emocional
La madre considera que no se cumple con su hija una inclusión real, ya que no puede participar en actividades del centro ni extraescolares si no va acompañada por sus padres, ya que no están adaptadas a su sensibilidad sensorial. Además, no permanece de forma continuada en su aula de referencia y pasa largos periodos fuera de ella, a veces sin supervisión educativa adecuada.
Por si fuera poco, la menor ha sufrido varios episodios de acoso escolar. Este curso, ha sido objeto de agresiones físicas, una especialmente grave durante el recreo, donde "varios alumnos realizaron un reto para decidir quién le pegaba antes, propinándole un golpe por detrás en la cabeza". "Estos hechos evidencian una falta de medidas de protección especialmente grave tratándose de una menor con discapacidad", asegura.
En una situación de bloqueo y sin contención, intentó salir por la ventana de un segundo piso, llegando a encontrarse fuera de ella parcialmente
La necesidad del cambio de centro tuvo un momento de inflexión cuando la menor puso en riesgo su vida. Según cuenta García, en ausencia de la figura de apoyo y en un contexto de ansiedad severa, se le impidió salir del aula, cerrándole la puerta. Ante esta situación de bloqueo y sin una contención adecuada, intentó salir por la ventana de un segundo piso, llegando a encontrarse parcialmente fuera de ella.
Este acontecimiento marcó un límite: "No hay margen para experimentos". El equipo directivo le ha mostrado su respaldo, pero no pude garantizar la integridad física ni emocional de su hija. La administración, por su parte, aboga por un cambio de modalidad, pero pretende mantener a la niña en el mismo centro, a lo que se oponen sus padres, que hoy han tenido una reunión en vano con la inspección.
"Mantener a nuestra hija en el mismo centro, aunque sea bajo otra fórmula, no elimina el riesgo ni vulnera el principio del interés superior del menor. Los derechos de los niños y de las niñas no pueden depender de ensayos, de reorganizaciones internas ni de plazos administrativos. No estamos pidiendo un privilegio, no estamos pidiendo nada extraordinario, estamos pidiendo seguridad, estamos pidiendo que se priorice la vida, la integridad y el bienestar de una niña", defienden sus padres.

Los padres de una menor autista de 10 años de Ceuta han relatado ante los medios de comunicación el calvario que está viviendo su hija desde hace años y para la que han solicitado ante la Dirección Provincial de Educación el traslado desde su colegio, el CEIP Lope de Vega, al Centro de Educación Especial San Antonio.
La madre, Milagros García, ha explicado que la situación "no es puntual ni reciente". La niña ha pasado por varios centros educativos debido a la falta de recursos y de una atención especializada para su condición. Hace tres años, regresó a su colegio de origen con la esperanza de que pudiese acceder en el aula especial, pero el acceso nunca se produjo.
La única medida fue asignarle dos horas semanales de apoyo por sus necesidades, una alternativa de la que este curso no se ha podido beneficiar. A esta carencia, hay que sumarle, según la progenitora, cambios constantes de tutoría, especialistas y de atención de pedagogía terapéutica. Todo ello, "ha tenido un impacto directo en su estabilidad emocional, generando desregulación, ansiedad e inseguridad".
Cambios constantes de tutoría, especialistas y atención pedagógica han tenido un impacto directo en su estabilidad emocional
La madre considera que no se cumple con su hija una inclusión real, ya que no puede participar en actividades del centro ni extraescolares si no va acompañada por sus padres, ya que no están adaptadas a su sensibilidad sensorial. Además, no permanece de forma continuada en su aula de referencia y pasa largos periodos fuera de ella, a veces sin supervisión educativa adecuada.
Por si fuera poco, la menor ha sufrido varios episodios de acoso escolar. Este curso, ha sido objeto de agresiones físicas, una especialmente grave durante el recreo, donde "varios alumnos realizaron un reto para decidir quién le pegaba antes, propinándole un golpe por detrás en la cabeza". "Estos hechos evidencian una falta de medidas de protección especialmente grave tratándose de una menor con discapacidad", asegura.
En una situación de bloqueo y sin contención, intentó salir por la ventana de un segundo piso, llegando a encontrarse fuera de ella parcialmente
La necesidad del cambio de centro tuvo un momento de inflexión cuando la menor puso en riesgo su vida. Según cuenta García, en ausencia de la figura de apoyo y en un contexto de ansiedad severa, se le impidió salir del aula, cerrándole la puerta. Ante esta situación de bloqueo y sin una contención adecuada, intentó salir por la ventana de un segundo piso, llegando a encontrarse parcialmente fuera de ella.
Este acontecimiento marcó un límite: "No hay margen para experimentos". El equipo directivo le ha mostrado su respaldo, pero no pude garantizar la integridad física ni emocional de su hija. La administración, por su parte, aboga por un cambio de modalidad, pero pretende mantener a la niña en el mismo centro, a lo que se oponen sus padres, que hoy han tenido una reunión en vano con la inspección.
"Mantener a nuestra hija en el mismo centro, aunque sea bajo otra fórmula, no elimina el riesgo ni vulnera el principio del interés superior del menor. Los derechos de los niños y de las niñas no pueden depender de ensayos, de reorganizaciones internas ni de plazos administrativos. No estamos pidiendo un privilegio, no estamos pidiendo nada extraordinario, estamos pidiendo seguridad, estamos pidiendo que se priorice la vida, la integridad y el bienestar de una niña", defienden sus padres.






















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