Informe- Geopolítica
Marruecos: desigualdad estructural, exclusión social y una juventud sin horizonte
España se mantiene condicionada por Marruecos: Su posición geográfica, la inmigración y la falta de una estrategia firme y sostenida, causas
Bajo la imagen de estabilidad y modernización que proyecta el país, persiste una profunda brecha entre élites económicas y la mayoría de la población, especialmente entre los jóvenes, quienes sufren altas tasas de desempleo, precariedad laboral y falta de oportunidades reales. El desempleo juvenil supera el 36 %, situando a Marruecos entre los países con mayor paro juvenil del Mediterráneo, mientras la emigración y la protesta social se convierten en respuestas habituales ante un futuro bloqueado. La ausencia de un Estado de bienestar sólido, la represión de la disidencia y las restricciones a la libertad de prensa agravan el descontento generacional, consolidando un modelo de desarrollo dual que prioriza grandes proyectos sobre el bienestar social.
Marruecos: Un país de contrastes extremos
Marruecos proyecta al exterior una imagen de estabilidad política, modernización económica y apertura internacional. Sin embargo, bajo esa narrativa oficial convive una fractura social profunda entre una minoría de élites económicas —vinculadas al poder político y a la monarquía— y una mayoría de población que enfrenta precariedad, exclusión y ausencia de un verdadero Estado de bienestar.
El país combina megaproyectos de infraestructura, turismo de lujo y concentración de capital, con barrios marginales, zonas rurales empobrecidas y servicios públicos deficientes. Esta dualidad no es accidental: responde a un modelo económico altamente centralizado, clientelar y desigual.
![[Img #25848]](https://ceutaahora.com/upload/images/01_2026/8432_fomracion-jovenes-marruecos-salir-de-la-pobreza.jpg)
Pobreza y vulnerabilidad social
Aunque las cifras oficiales tienden a minimizar el problema, amplios sectores de la población viven en condiciones de pobreza estructural o vulnerabilidad permanente:
- En zonas rurales, el acceso a agua potable, sanidad y educación sigue siendo limitado.
- La economía informal absorbe a millones de personas sin derechos laborales ni protección social.
- La inflación y el encarecimiento de alimentos y vivienda han deteriorado aún más el poder adquisitivo.
El sistema de ayudas sociales es fragmentario, insuficiente y selectivo, sin un modelo universal de protección. Enfermar, perder el empleo o envejecer suele significar caer en la exclusión.
Analfabetismo y desigualdad educativa
El analfabetismo sigue siendo un problema estructural, especialmente:
- Entre mujeres.
- En el medio rural.
- En generaciones adultas que nunca accedieron a la escolarización.
Aunque la escolarización ha aumentado, la calidad educativa es profundamente desigual. El sistema reproduce la jerarquía social:
- Escuelas públicas saturadas, con escasos recursos.
- Centros privados y educación internacional reservados a las élites.
- Universidades públicas masificadas que no garantizan empleabilidad.
El resultado es una juventud titulada pero desempleada o subempleada, atrapada en un sistema que no recompensa el mérito sino la cercanía al poder.
![[Img #25849]](https://ceutaahora.com/upload/images/01_2026/8043_2023053116011135971.jpg)
Inexistencia real de un Estado de bienestar
Marruecos carece de los pilares básicos de un Estado social sólido:
- La sanidad pública es insuficiente y empuja a quien puede permitírselo al sector privado.
- No existe un sistema de pensiones universal efectivo.
- La cobertura por desempleo es mínima.
- La vivienda digna es inaccesible para gran parte de la población urbana.
La protección social depende, en muchos casos, de redes familiares, caridad religiosa o clientelismo político, no de derechos garantizados por el Estado.
Las élites: una realidad paralela
Mientras la mayoría enfrenta precariedad, una élite económica estrechamente vinculada al poder político y a la monarquía concentra enormes riquezas:
- Control de sectores estratégicos: banca, energía, telecomunicaciones, inmobiliario, agricultura intensiva.
- Acceso privilegiado a contratos públicos y beneficios fiscales.
- Estilo de vida comparable al de las élites europeas o del Golfo.
Esta élite vive desconectada de la realidad social del país, protegida por un sistema que limita la fiscalización, la transparencia y la crítica.
![[Img #25854]](https://ceutaahora.com/upload/images/01_2026/6014_gran-teatro-de-rabat.jpg)
Juventud: frustración, protesta y huida
La juventud marroquí es uno de los sectores más golpeados y, al mismo tiempo, más vigilados.
Desempleo y desesperanza
Miles de jóvenes, incluso con estudios superiores, no encuentran empleo estable. La percepción generalizada es que el futuro está bloqueado y que el esfuerzo personal no garantiza ascenso social.
Protesta social
En la última década han surgido movimientos de protesta:
- Movilizaciones locales por empleo, agua, sanidad o educación.
- Protestas pacíficas reprimidas o judicializadas.
- Criminalización del activismo y de la disidencia.
El mensaje implícito del sistema es claro: la estabilidad prima sobre la justicia social.
Migración como única salida
Ante la falta de perspectivas, muchos jóvenes optan por:
- La emigración regular (cuando es posible).
- La migración irregular hacia Europa, arriesgando la vida en el mar.
- El deseo de “irse” se ha convertido en un fenómeno cultural y generacional.
Desafección política
La mayoría de jóvenes muestra desconfianza total hacia partidos, instituciones y procesos electorales, percibidos como irrelevantes o manipulados.
![[Img #25853]](https://ceutaahora.com/upload/images/01_2026/3852_captura-de-pantalla-2026-01-17-a-las-112746.png)
Un modelo en tensión
El modelo marroquí se sostiene sobre:
- Crecimiento económico desigual.
- Control político fuerte.
- Ausencia de mecanismos efectivos de redistribución.
- Silenciamiento de la crítica estructural.
Esta combinación genera estabilidad aparente, pero también una tensión social latente. La frustración acumulada, especialmente entre la juventud, representa uno de los mayores desafíos futuros del país.
Marruecos no enfrenta solo un problema económico, sino una crisis de justicia social y de contrato social. La distancia entre élites multimillonarias y una población mayoritariamente precarizada erosiona la legitimidad del sistema.
La juventud, privada de oportunidades reales y de canales de participación efectiva, responde con protesta, resignación o huida. Mientras no se aborden las desigualdades estructurales, el analfabetismo persistente y la inexistencia de un Estado de bienestar sólido, el país seguirá avanzando con una parte de su población… dejando atrás a la mayoría.
![[Img #25851]](https://ceutaahora.com/upload/images/01_2026/3081_01759521176292.jpg)
España condicionada
España actúa con cautela extrema por una combinación de dependencias estratégicas y presiones constantes: Analistas circunscriben este condicionamiento en estos cinco puntos:
-
Control migratorio: Marruecos usa la migración como palanca de presión. España depende de su cooperación para evitar crisis en Ceuta, Melilla y Canarias.
-
Seguridad y terrorismo: La colaboración policial y de inteligencia es clave; España evita tensiones para no perderla.
-
Intereses económicos y geopolíticos: Marruecos es un socio estratégico para la UE y EE. UU.; España se alinea para no quedar aislada.
-
Sáhara Occidental: Marruecos marca líneas rojas y España cede para mantener estabilidad diplomática.
-
Debilidad política española: Un Gobierno frágil como el actual en España prioriza evitar crisis inmediatas frente a defender posiciones a largo plazo.

Bajo la imagen de estabilidad y modernización que proyecta el país, persiste una profunda brecha entre élites económicas y la mayoría de la población, especialmente entre los jóvenes, quienes sufren altas tasas de desempleo, precariedad laboral y falta de oportunidades reales. El desempleo juvenil supera el 36 %, situando a Marruecos entre los países con mayor paro juvenil del Mediterráneo, mientras la emigración y la protesta social se convierten en respuestas habituales ante un futuro bloqueado. La ausencia de un Estado de bienestar sólido, la represión de la disidencia y las restricciones a la libertad de prensa agravan el descontento generacional, consolidando un modelo de desarrollo dual que prioriza grandes proyectos sobre el bienestar social.
Marruecos: Un país de contrastes extremos
Marruecos proyecta al exterior una imagen de estabilidad política, modernización económica y apertura internacional. Sin embargo, bajo esa narrativa oficial convive una fractura social profunda entre una minoría de élites económicas —vinculadas al poder político y a la monarquía— y una mayoría de población que enfrenta precariedad, exclusión y ausencia de un verdadero Estado de bienestar.
El país combina megaproyectos de infraestructura, turismo de lujo y concentración de capital, con barrios marginales, zonas rurales empobrecidas y servicios públicos deficientes. Esta dualidad no es accidental: responde a un modelo económico altamente centralizado, clientelar y desigual.
![[Img #25848]](https://ceutaahora.com/upload/images/01_2026/8432_fomracion-jovenes-marruecos-salir-de-la-pobreza.jpg)
Pobreza y vulnerabilidad social
Aunque las cifras oficiales tienden a minimizar el problema, amplios sectores de la población viven en condiciones de pobreza estructural o vulnerabilidad permanente:
- En zonas rurales, el acceso a agua potable, sanidad y educación sigue siendo limitado.
- La economía informal absorbe a millones de personas sin derechos laborales ni protección social.
- La inflación y el encarecimiento de alimentos y vivienda han deteriorado aún más el poder adquisitivo.
El sistema de ayudas sociales es fragmentario, insuficiente y selectivo, sin un modelo universal de protección. Enfermar, perder el empleo o envejecer suele significar caer en la exclusión.
Analfabetismo y desigualdad educativa
El analfabetismo sigue siendo un problema estructural, especialmente:
- Entre mujeres.
- En el medio rural.
- En generaciones adultas que nunca accedieron a la escolarización.
Aunque la escolarización ha aumentado, la calidad educativa es profundamente desigual. El sistema reproduce la jerarquía social:
- Escuelas públicas saturadas, con escasos recursos.
- Centros privados y educación internacional reservados a las élites.
- Universidades públicas masificadas que no garantizan empleabilidad.
El resultado es una juventud titulada pero desempleada o subempleada, atrapada en un sistema que no recompensa el mérito sino la cercanía al poder.
Inexistencia real de un Estado de bienestar
Marruecos carece de los pilares básicos de un Estado social sólido:
- La sanidad pública es insuficiente y empuja a quien puede permitírselo al sector privado.
- No existe un sistema de pensiones universal efectivo.
- La cobertura por desempleo es mínima.
- La vivienda digna es inaccesible para gran parte de la población urbana.
La protección social depende, en muchos casos, de redes familiares, caridad religiosa o clientelismo político, no de derechos garantizados por el Estado.
Las élites: una realidad paralela
Mientras la mayoría enfrenta precariedad, una élite económica estrechamente vinculada al poder político y a la monarquía concentra enormes riquezas:
- Control de sectores estratégicos: banca, energía, telecomunicaciones, inmobiliario, agricultura intensiva.
- Acceso privilegiado a contratos públicos y beneficios fiscales.
- Estilo de vida comparable al de las élites europeas o del Golfo.
Esta élite vive desconectada de la realidad social del país, protegida por un sistema que limita la fiscalización, la transparencia y la crítica.
![[Img #25854]](https://ceutaahora.com/upload/images/01_2026/6014_gran-teatro-de-rabat.jpg)
Juventud: frustración, protesta y huida
La juventud marroquí es uno de los sectores más golpeados y, al mismo tiempo, más vigilados.
Desempleo y desesperanza
Miles de jóvenes, incluso con estudios superiores, no encuentran empleo estable. La percepción generalizada es que el futuro está bloqueado y que el esfuerzo personal no garantiza ascenso social.
Protesta social
En la última década han surgido movimientos de protesta:
- Movilizaciones locales por empleo, agua, sanidad o educación.
- Protestas pacíficas reprimidas o judicializadas.
- Criminalización del activismo y de la disidencia.
El mensaje implícito del sistema es claro: la estabilidad prima sobre la justicia social.
Migración como única salida
Ante la falta de perspectivas, muchos jóvenes optan por:
- La emigración regular (cuando es posible).
- La migración irregular hacia Europa, arriesgando la vida en el mar.
- El deseo de “irse” se ha convertido en un fenómeno cultural y generacional.
Desafección política
La mayoría de jóvenes muestra desconfianza total hacia partidos, instituciones y procesos electorales, percibidos como irrelevantes o manipulados.
![[Img #25853]](https://ceutaahora.com/upload/images/01_2026/3852_captura-de-pantalla-2026-01-17-a-las-112746.png)
Un modelo en tensión
El modelo marroquí se sostiene sobre:
- Crecimiento económico desigual.
- Control político fuerte.
- Ausencia de mecanismos efectivos de redistribución.
- Silenciamiento de la crítica estructural.
Esta combinación genera estabilidad aparente, pero también una tensión social latente. La frustración acumulada, especialmente entre la juventud, representa uno de los mayores desafíos futuros del país.
Marruecos no enfrenta solo un problema económico, sino una crisis de justicia social y de contrato social. La distancia entre élites multimillonarias y una población mayoritariamente precarizada erosiona la legitimidad del sistema.
La juventud, privada de oportunidades reales y de canales de participación efectiva, responde con protesta, resignación o huida. Mientras no se aborden las desigualdades estructurales, el analfabetismo persistente y la inexistencia de un Estado de bienestar sólido, el país seguirá avanzando con una parte de su población… dejando atrás a la mayoría.
![[Img #25851]](https://ceutaahora.com/upload/images/01_2026/3081_01759521176292.jpg)
España condicionada
España actúa con cautela extrema por una combinación de dependencias estratégicas y presiones constantes: Analistas circunscriben este condicionamiento en estos cinco puntos:
-
Control migratorio: Marruecos usa la migración como palanca de presión. España depende de su cooperación para evitar crisis en Ceuta, Melilla y Canarias.
-
Seguridad y terrorismo: La colaboración policial y de inteligencia es clave; España evita tensiones para no perderla.
-
Intereses económicos y geopolíticos: Marruecos es un socio estratégico para la UE y EE. UU.; España se alinea para no quedar aislada.
-
Sáhara Occidental: Marruecos marca líneas rojas y España cede para mantener estabilidad diplomática.
-
Debilidad política española: Un Gobierno frágil como el actual en España prioriza evitar crisis inmediatas frente a defender posiciones a largo plazo.























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