¡Vivas, España!
Anda revuelto el panorama allá por la ¡Siempre Noble, Leal y Fidelísima Ciudad de Ceuta!
El socialismo azul con Vivas a la cabeza, ha escuchado tambores de encuestas que percuten resultados de derrota en sus baremos, y braman al aire el calor de sus socios rojos de Bruselas, para que el próximo gobierno ceutí no se les vaya de las manos en busca de los brazos de VOX.
Sí, el PP busca un pacto de gobierno de esos que antes hubiera sido a la griega, para que el bipartidismo no termine ejecutado víctima de sus propias políticas a las que seguir dándoles aplicación, aunque eso no sea lo que quiera la ciudadanía caballa a la vista de los cocientes demoscópicos que, como ya sabemos, los carga el diablo del cliente de turno.
Ocurre que esta vez esos cocientes han debido de ajustarse sobremanera para evitar que el susto espantase, incluso, a los inquiridos para que esas nupcias políticas no lleguen a celebrarse.
Es, al fin y a la postre, lo que tiene el agua para que la bendigan. Ese agua que allende el Estrecho capitanea, a golpe de defensa de la esencia española, Juan Sergio Redondo y su equipo de gente de VOX quienes, aguantando lo que trasciende los escritos, han erigido la mayor y más firme pica de España allí donde Vivas llegó para entregarse, hace demasiados lustros, a espurios intereses, ajenos todos al servicio y porvenir de la Patria española.
Intereses que denotan la expresión más evidente del mutualismo político, entendido como esa dañina forma de simbiosis en la que el bipartidismo manifiesta su parasitismo en la política. Esa necesaria y recíproca presencia de un socialismo hacia el otro, dentro del hemiciclo ceutí, para retroalimentarse y permitir la pervivencia de este atroz sistema que tiene y mantiene a la Ciudad de Vaz de Almeda pendiente de que llegue quien la quiera y la despabile.
Si nos vamos a lo que se deduce de las gráficas demoscópicas, hemos de considerar qué trabajo de cocina se habrá llegado a realizar, para que no lleguen a engolliparse los comensales a la hora de recibir la noticia, esa que dice que han tenido que recontar el muestreo hasta la extenuación, para eludir la realidad que esconde un posible triunfo de los de Abascal (si no en escaños, sí en votos), con la hiperventilación consiguiente de anfitriones e invitados varios.
Porque VOX se dirige, región a región, desde la Canarias del Ministro Torres a la Gerona de Puigdemont, atravesando la Ceuta de este desnaturalizador de lo español llamado Vivas, al mayor y mejor de sus resultados electorales, siempre y cuando, eso sí, se deje decir a las urnas en su apertura todo aquello que, desde el fondo al colmo, haya depositado en ellas todo aquel español llamado a decidir.
Ceuta se estaría moviendo en números de empate técnico entre las 3 principales fuerzas políticas del lugar, y el PP, ese que anda diciendo que la gente quiere más políticas de derechas, en palabras de su portavoza congresista, que no le asquea la idea de echarse en brazos de su arquetipo ideal (al parecer, para todo) en que se ha convertido el PSOE.
Así pues, o una cosa o la otra. O sí o no. Porque las cabinas electorales comienzan a desempolvarse, y me niego a creer que mis vecinos del sur presten su complicidad a la entrega definitiva de España de manos de los de siempre sin resistencia alguna.
Anda revuelto el panorama allá por la ¡Siempre Noble, Leal y Fidelísima Ciudad de Ceuta!
El socialismo azul con Vivas a la cabeza, ha escuchado tambores de encuestas que percuten resultados de derrota en sus baremos, y braman al aire el calor de sus socios rojos de Bruselas, para que el próximo gobierno ceutí no se les vaya de las manos en busca de los brazos de VOX.
Sí, el PP busca un pacto de gobierno de esos que antes hubiera sido a la griega, para que el bipartidismo no termine ejecutado víctima de sus propias políticas a las que seguir dándoles aplicación, aunque eso no sea lo que quiera la ciudadanía caballa a la vista de los cocientes demoscópicos que, como ya sabemos, los carga el diablo del cliente de turno.
Ocurre que esta vez esos cocientes han debido de ajustarse sobremanera para evitar que el susto espantase, incluso, a los inquiridos para que esas nupcias políticas no lleguen a celebrarse.
Es, al fin y a la postre, lo que tiene el agua para que la bendigan. Ese agua que allende el Estrecho capitanea, a golpe de defensa de la esencia española, Juan Sergio Redondo y su equipo de gente de VOX quienes, aguantando lo que trasciende los escritos, han erigido la mayor y más firme pica de España allí donde Vivas llegó para entregarse, hace demasiados lustros, a espurios intereses, ajenos todos al servicio y porvenir de la Patria española.
Intereses que denotan la expresión más evidente del mutualismo político, entendido como esa dañina forma de simbiosis en la que el bipartidismo manifiesta su parasitismo en la política. Esa necesaria y recíproca presencia de un socialismo hacia el otro, dentro del hemiciclo ceutí, para retroalimentarse y permitir la pervivencia de este atroz sistema que tiene y mantiene a la Ciudad de Vaz de Almeda pendiente de que llegue quien la quiera y la despabile.
Si nos vamos a lo que se deduce de las gráficas demoscópicas, hemos de considerar qué trabajo de cocina se habrá llegado a realizar, para que no lleguen a engolliparse los comensales a la hora de recibir la noticia, esa que dice que han tenido que recontar el muestreo hasta la extenuación, para eludir la realidad que esconde un posible triunfo de los de Abascal (si no en escaños, sí en votos), con la hiperventilación consiguiente de anfitriones e invitados varios.
Porque VOX se dirige, región a región, desde la Canarias del Ministro Torres a la Gerona de Puigdemont, atravesando la Ceuta de este desnaturalizador de lo español llamado Vivas, al mayor y mejor de sus resultados electorales, siempre y cuando, eso sí, se deje decir a las urnas en su apertura todo aquello que, desde el fondo al colmo, haya depositado en ellas todo aquel español llamado a decidir.
Ceuta se estaría moviendo en números de empate técnico entre las 3 principales fuerzas políticas del lugar, y el PP, ese que anda diciendo que la gente quiere más políticas de derechas, en palabras de su portavoza congresista, que no le asquea la idea de echarse en brazos de su arquetipo ideal (al parecer, para todo) en que se ha convertido el PSOE.
Así pues, o una cosa o la otra. O sí o no. Porque las cabinas electorales comienzan a desempolvarse, y me niego a creer que mis vecinos del sur presten su complicidad a la entrega definitiva de España de manos de los de siempre sin resistencia alguna.
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