Venezuela, o era así o no era
¿Es antes el derecho internacional o la libertad de un pueblo? Estamos ante una nueva ocasión de resolver el debate que todo el poder de una superpotencia pone sobre la mesa.
Los Delta Force han sacado de Venezuela a un Maduro al que Trump advirtió que dejase de enviar droga, precisamente, a EEUU. Y ya hemos podido ver, con todo el despliegue mediático del que los americanos son capaces, a Nicolás entrando a recibir el regalo de reyes que jamás (así sin H y con J) esperaba recibir de manos de su señoría, es decir, el listado de cargos a los que habrá de enfrentarse. Parece que en ese momento no se marcó ningún bailecito de esos con los que nos ha deleitado en tantos “partes” mediáticos a la hora del almuerzo o la cena.
Maduro ya está en la cárcel y su abogado, el mismo que defendió a Julián Assange, trabajando para que se le puedan otorgar al reo todas aquellas garantías legales que él no concedió a tantos como condenó en su país. De llegar a responder a todo el listado de motivos criminales a los que se enfrenta, gruesa labor espera a sus letrados.
Se podrá objetar que, de acuerdo, que tenía que ser juzgado, pero que “las formas” no han sido más deseables dentro del propio derecho. Que el derecho internacional ha sido violado, que se han superado indebidamente fronteras ajenas y que, incluso, todo ello podría derivar, en último término, en la petición, por lo mismo, de la anulación de todo el caso.
Sin embargo, ¿alguien cree que de otra forma hubiera sido posible? ¿Habría accedido a entregarse el caraqueño de nuestro asunto de otra forma? ¿Hay quien piense que la libertad podría llegar de otro modo menos sangriento de lo que lo fue a manos yankis? A Venezuela se la eximió, quizá, de un enfrentamiento fratricida que a saber cómo podría haber acabado y, a la vez, se la dota de un gobierno de transición encargado, entre otras cosas, de liberar a todos presos políticos (españoles entre ellos) acusados de… desconfianza, característica tan propia de este tipo de sátrapas. Trump debería también entender que el resultado de las urnas nombró a Edmundo González como presidente, y de llevarse a término su nombramiento como tal, la democracia, finalmente, habría triunfado.
La Libertad en Venezuela, pues, o era así o no era, y ya iba siendo hora de que fuera, de que un pueblo se despertara, aunque fuera a medianoche, sobresaltado esta vez por una explosión de Libertad, desde Maracaibo a Tucupita, desde Caracas hasta la Sierra de Tapirapecó. Jamás hubo un despertar más dulce para nuestra Nación hermana.
Ya iremos sabiendo qué se pueda deducir de la actuación de alguno de nuestros compatriotas. Demasiadas señales apuntan a una serie de nombres españoles que compartieron naguas de camilla con todos esos que ahora ahuecan el ala, y tratan de escapar al escrutinio que de ellos pueda hacer la Justicia. Si estamos por la labor, deberíamos facilitar la misma y ajustar las cuentas necesarias con todos esos españoles que se aprovecharon de un pueblo más pendiente de sobrevivir o de huir de su tierra, que de plantar cara a quienes se lo estaban llevando calentito en su propia cara.
En cualquier caso, hoy Venezuela respira aliviada porque sabe que vuelve a tener futuro como pueblo desde esas entrañas por las que tantos suspiran. Los españoles de bien, me sumo encantado, brindamos por vosotros.
(¡Que pase el siguiente…!).
¿Es antes el derecho internacional o la libertad de un pueblo? Estamos ante una nueva ocasión de resolver el debate que todo el poder de una superpotencia pone sobre la mesa.
Los Delta Force han sacado de Venezuela a un Maduro al que Trump advirtió que dejase de enviar droga, precisamente, a EEUU. Y ya hemos podido ver, con todo el despliegue mediático del que los americanos son capaces, a Nicolás entrando a recibir el regalo de reyes que jamás (así sin H y con J) esperaba recibir de manos de su señoría, es decir, el listado de cargos a los que habrá de enfrentarse. Parece que en ese momento no se marcó ningún bailecito de esos con los que nos ha deleitado en tantos “partes” mediáticos a la hora del almuerzo o la cena.
Maduro ya está en la cárcel y su abogado, el mismo que defendió a Julián Assange, trabajando para que se le puedan otorgar al reo todas aquellas garantías legales que él no concedió a tantos como condenó en su país. De llegar a responder a todo el listado de motivos criminales a los que se enfrenta, gruesa labor espera a sus letrados.
Se podrá objetar que, de acuerdo, que tenía que ser juzgado, pero que “las formas” no han sido más deseables dentro del propio derecho. Que el derecho internacional ha sido violado, que se han superado indebidamente fronteras ajenas y que, incluso, todo ello podría derivar, en último término, en la petición, por lo mismo, de la anulación de todo el caso.
Sin embargo, ¿alguien cree que de otra forma hubiera sido posible? ¿Habría accedido a entregarse el caraqueño de nuestro asunto de otra forma? ¿Hay quien piense que la libertad podría llegar de otro modo menos sangriento de lo que lo fue a manos yankis? A Venezuela se la eximió, quizá, de un enfrentamiento fratricida que a saber cómo podría haber acabado y, a la vez, se la dota de un gobierno de transición encargado, entre otras cosas, de liberar a todos presos políticos (españoles entre ellos) acusados de… desconfianza, característica tan propia de este tipo de sátrapas. Trump debería también entender que el resultado de las urnas nombró a Edmundo González como presidente, y de llevarse a término su nombramiento como tal, la democracia, finalmente, habría triunfado.
La Libertad en Venezuela, pues, o era así o no era, y ya iba siendo hora de que fuera, de que un pueblo se despertara, aunque fuera a medianoche, sobresaltado esta vez por una explosión de Libertad, desde Maracaibo a Tucupita, desde Caracas hasta la Sierra de Tapirapecó. Jamás hubo un despertar más dulce para nuestra Nación hermana.
Ya iremos sabiendo qué se pueda deducir de la actuación de alguno de nuestros compatriotas. Demasiadas señales apuntan a una serie de nombres españoles que compartieron naguas de camilla con todos esos que ahora ahuecan el ala, y tratan de escapar al escrutinio que de ellos pueda hacer la Justicia. Si estamos por la labor, deberíamos facilitar la misma y ajustar las cuentas necesarias con todos esos españoles que se aprovecharon de un pueblo más pendiente de sobrevivir o de huir de su tierra, que de plantar cara a quienes se lo estaban llevando calentito en su propia cara.
En cualquier caso, hoy Venezuela respira aliviada porque sabe que vuelve a tener futuro como pueblo desde esas entrañas por las que tantos suspiran. Los españoles de bien, me sumo encantado, brindamos por vosotros.
(¡Que pase el siguiente…!).
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