La experiencia de predicar con el ejemplo
Hay pocas dudas al afirmar que el lenguaje se mueve, evoluciona, se adapta a las nuevas circunstancias..., hasta que muere : «para morir sólo hay que estar vivo», se dice a nivel popular. Hay expresiones orales o escritas que caen en el desuso y van a parar a las arcones antiguos, y a veces son tan frecuentes y numerosas, que solemos olvidarnos y prescindir de ellas, a no ser por una casualidad.
Estas vicisitudes nos suponen un rescate más afectivo que utilitario. El otro día, en el tren hacia el trabajo, escuché la expresión «hay que predicar con el ejemplo» y, sin pensarlo demasiado, me trasladé a mi adolescencia, porque recuerdo haberla oído de boca de mi profesor de Lengua Española y Latín en 3° BUP y COU, don Juan Muñoz, que en paz descanse.
Siempre se ha dicho que «hay que predicar con el ejemplo», y eso es lo que hacían hace décadas nuestros mayores y nuestros profesores : acercar los conocimientos con palabras sencillas y asequibles para una rápida asimilación. Pasa el tiempo y «predicar con el ejemplo» se ha convertido en un suponer, se ha transformado como en una parábola, y el vocablo «suposición» sabemos que tiene las patas muy cortas, con visos traicioneros, y hay que prestarle atención.
El acto de suponer parte de conjeturas, sospechas, consideraciones benévolas..., y es que al exponer la palabra suponer se da por sentado algo, aunque no haya sucedido, o no existan pruebas evidentes. Claro, y como mi cabeza da vueltas y vueltas a todo (defecto o virtud), se pregunta para qué las hipótesis de aquella adolescencia lejana. No obstante, llego a la conclusión de que es una estupidez renegar del clásico itinerario del transcurso del tiempo. Y tengo claro que «predicar con el ejemplo» ha supuesto para la humanidad «avanzar», con sus grandes descubrimientos, y personalmente, con la experiencia de haber seguido las enseñanzas de mi profesor don Juan Muñoz.
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